Miguel Hernández en Jaén, Abril de 1937

Miguel Hernández en Jaén, Abril de 1937

 

  El poeta murciano Miguel Hernández fue testigo del bombardeo que sufrió Jaén el primer día de Abril de 1937. Se hallaba en la ciudad andaluza destinado por el Gobierno de la República, en calidad de comisario de cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. Días antes se había casado en Orihuela con Josefina Manresa, nacida en el pueblo jienense de Quesada.

 En los artículos que escribió relata el drama sufrido por la ciudad de Jaén y sus gentes:

“...los familiares a los que cogió fuera lloraban desesperados en los escombros...un niño de unos diez años, muriendo entre una puerta y la pared...Todo el tiempo que duró el bombardeo lo pasamos en un patio que había allí, y yo hacía lo que veía hacer a los demás. Me ponía las manos en la cabeza.”

  Pasadas las cinco y cuarto de la tarde de aquel fatídico día, una escuadrilla de bombarderos Junkers y cazas alemanes surgió desde el sur para sembrar de cadáveres las calles y dejar un río de sangre en una ciudad en calma. Jaén se mantenía fiel a la República desde el inicio de la guerra. El gobernador civil, Luis Ríos, dio armas a los milicianos, que pudieron defenderse del ataque rebelde. El general Queipo de Llano ordenó el ataque aéreo como represalia por las bajas nacionales en Córdoba.

Miguel hernandez

  Fue el primer bombardeo contra la población civil. Después vendrían Durango, Gernika, Barcelona, y muchas otras ciudades europeas durante la Segunda Guerra Mundial. El poeta de Orihuela pudo observar en directo las consecuencias del ataque: más de ciento cincuenta muertos y cientos de heridos; mujeres y niños destrozados cuando hacían fila para comprar carbón en el barrio de la Fontanilla; el desfile de familiares al cementerio para reconocer a sus muertos; el desconcierto de los médicos y enfermeras en los hospitales, por no poder atender a todos los heridos; el abandono de la ciudad  por parte de muchos que huyeron a las huertas, a los caseríos o a los cortijos.

  Días después Miguel Hernández se queja en un artículo para su periódico de la pasividad de los hombres: “...yo veo que muchos de sus hombres se conforman con gritar y se previenen contra otro posible bombardeo, yéndose a vivir debajo de los olivos. Esta actitud estática, pasiva, fatalista y torpe exaspera al combatiente más templado ¿Por qué no se ocupan esos hombres en la construcción de refugios para sus hijos y esposas, o por qué  no colaboran con los que llevan nueve meses bajo la lluvia y las balas, conquistando la tierra que a todos no quieren arrebatar?”

  Durante los meses que estuvo en Jaén, Miguel Hernández escribió dos de los poemas que más le identifican, Vientos del Pueblo y Aceituneros. Este último es el himno oficial de la provincia de Jaén.

 

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