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La isla de La Graciosa

LA ISLA DE LA GRACIOSA 

 

En el barco que lleva al viajero desde el puerto lanzaroteño de Órzola, en el norte de la isla, hasta la cercana isla de La Graciosa, toda la tripulación es originaria de la llamada octava isla canaria. Uno de los tripulantes me comenta que este verano atípico de la pandemia ha sido un resurgir del turismo en este lugar.  Al desembarcar en el pequeño puerto de Caleta del Sebo los comentarios se hacen realidad. Cientos de turistas pueblan las pequeñas playas y calas.  Todo lo contrario de lo que ocurre en Lanzarote, donde el turismo extranjero está ausente y los hoteles están cerrados o con una ocupación mínima.  

El viaje en la guagua desde Arrecife a Órzola es en sí toda una experiencia. La guagua, con apenas una decena de viajeros, va parando en los pueblos antiguos como Teguise, Haría. También en complejos más modernos al borde del océano. El viajero puede observar el contraste entre la inmensidad azul del océano y el paisaje volcánico, salpicado de pequeñas montañas surgidas de las sucesivas erupciones. Los barcos parten cada hora desde el puerto hasta la Caleta del Sebo, nombre que hace alusión a la seba, el alga marina que abunda en las profundidades. El trayecto en el barco es de todo menos tranquilo. Las olas baten con fuerza el barco, a babor y a estribor. Solo cuando penetra en el Río, el estrecho que separa las dos islas, se recupera un cierto sosiego. Los veinte minutos de travesía dan para una sesión de fotografías inigualable.  Enfrente de la Caleta del Sebo lo que puede verse es un inmenso acantilado, que los lugareños llaman Risco, de unos cuantos kilómetros.  

La graciosa

Hay otro pequeño asentamiento al oeste de la Caleta, Pedro Barba, donde los habitantes censados no llegan a la media docena. La casi totalidad de la población de la isla de La Graciosa, unos ochocientos habitantes, vive en la Caleta del Sebo.  Lo que sorprende al viajero es la ausencia de asfalto o empedrado en las calles. La arena dorada las cubre. Predominan las casas adosadas, antes habitáculos para los pescadores y ahora convertidas en apartamentos turísticos. No hay carreteras, solo caminos polvorientos que surcan la isla entre montañas volcánicas. Lo mejor es iniciar el camino en una de las sendas y caminar hasta alcanzar el final: una cala pequeña y solitaria.  

Pero no solo hay maravillas. La población asentada durante todo el año se queja de los inconvenientes: la isla no produce nada, solo lo que pueda pescarse en el océano; todos los productos y alimentos tienen que llegar en barco desde Lanzarote; los adolescentes que inician el bachillerato tienen que ir al instituto de la localidad de Haría, donde estudian y viven durante la semana; solo si hay una emergencia sanitaria un helicóptero llevará al enfermo hasta la isla grande. Los niños pueden estudiar en La Graciosa hasta acabar la Secundaria. Hay dos médicos de familia, que se turnan cada dos semanas en el Centro de Salud. Es una información que amablemente me proporciona uno de los tripulantes del barco. 

Este amable marinero me cuenta también que el cementerio de la isla está lleno. No les dan permiso para ampliarlo. No lleva muchos años en uso. En realidad, el bisabuelo del marinero fue la primera persona enterrada en la isla. Hace menos de cuarenta años. Los isleños no quieren volver a llevar los ataúdes de sus difuntos hasta el cementerio de Haría en barco. Con una de sus pequeñas barcas de pescadores transportaban el ataúd desde el puerto de la Caleta, cruzaban el Río y llegaban a una pequeña playa enfrente. Les quedaba cargar con el féretro, subir una senda empinada del acantilado y depositarlo en el cementerio lanzaroteño. Era el mismo camino que seguía el pescado que los isleños de La Graciosa recogían y suponía el principal modo de supervivencia. No hace muchos años. Por eso, ahora ven como una bendición la llegada masiva de turistas. A pesar de la pandemia. 

Datos del coronavirus en Soria: datos para la reflexión

DATOS PARA LA REFLEXIÓN

 

Datos de la pandemia -27/Abril

Provincia de Soria:

Casos positivos confirmados: 1.638

Fallecidos por coronavirus: 107

Habitantes en la provincia de Soria (datos de 2018): 89.752

Extensión: 10.306 Km2

Densidad de población: 8,7 habitantes/km2

Número de hospitales en la provincia: 1 (en la capital)

 

Provincia de Teruel:

Casos positivos confirmados: 557

Fallecidos por coronavirus: 71

Habitantes de la provincia de Teruel (datos de 2018): 134.572

Extensión: 14.804 Km2

Densidad de población: 9,01 habitantes/km2

Número de hospitales en la provincia: 4 (3 en la capital, 2 de los cuales son asistenciales, y 1 en Alcañiz)

 

Datos de dos provincias de la llamada España Vaciada, con una densidad de población parecida. Es una población envejecida en ambas provincias. Este dato puede ser determinante para la expansión de la pandemia. Si en Teruel parece que tienen un control razonable de la enfermedad, en la provincia de Soria el fracaso es total. No vale decir, por lo tanto, que en Soria hay muchos ancianos, como si los que trabajaron en la dura posguerra o los que lucharon en la transición democrática no fueran dignos de una atención sanitaria digna. No es digno que desde la Conserjería de Sanidad de la Junta de Castilla y León se diga que si en Soria hay tantos contagios es porque las calles están llenas de gente, como aseguró la consejera, Sra. Casado, el pasado día 8 de abril.

Las calles de Soria no están llenas. Solo se asoman a ellas a las 20:00 horas todos los sorianos para aplaudir la enorme labor de los sanitarios. Lo que está lleno es el único hospital de la provincia y su UCI. Y las ambulancias que trasladan a enfermos de Soria a otras provincias. De aquí partió el único paciente que ha sido acogido en otra comunidad. El día 8, miércoles, llegó al hospital San Pedro de Logroño.

La falta de previsión de la Conserjería de Sanidad de la Junta de Castilla y León es lamentable. En Soria, endémica.

Hay que tener memória histórica y deducir el abandono al que tienen acostumbradas las diversas administraciones a la provincia de Soria.

Pactos de la Moncloa de 1977

PACTOS DE LA MONCLOA DE 1977

Los que vivimos los últimos años del franquismo, la muerte del dictador, las luchas universitarias, la transición hacia la democracia con el referéndum de Reforma Política, las primeras elecciones democráticas recordamos la ilusión que supuso ver a políticos de todas las tendencias, incluidos los del viejo régimen de Alianza Popular, a empresarios y sindicatos reunirse en una mesa del palacio de la Moncloa para diseñar el futuro de la sociedad española. Sociedad inmersa en problemas sociales, políticos y económicos.  Era el mes de octubre de 1977. La democracia no estaba asentada como pudo comprobarse el 23 de febrero de 1981. De esa reunión surgieron los Pactos de la Moncloa.

Hay que recordar que la inflación llegaba al 30% anual, que los parados emigraban a Europa, que los empresarios estaban acostumbrados a un sistema intervencionista, que los sindicatos acababan de ser legalizados.

Adolfo Suárez, elegido presidente democrático después de las elecciones generales de junio, pilotó las conversaciones con todos los sectores de la sociedad, junto a su ministro de Economía y Hacienda, Enrique Fuentes Quintana. Recordamos que la disposición de Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista, fue fundamental. Como lo fue la actitud dialogante del presidente de los empresarios, CEOE, Ferrer Salat. Los sindicatos UGT y los anarquistas de la CNT se opusieron al principio. El sindicato comunista CCOO mostró siempre su conformidad. Al final, solo los anarquistas dejaron de firmar los pactos.

Lo que se acordó puede resumirse en tres párrafos:

  1. En materia económica: despido libre hasta un máximo del 5% de la plantilla, derecho de asociación sindical, incremento de un 22% en los salarios para el año siguiente, devaluación de la peseta, reforma de la administración tributaria, control de capitales para evitar fugas al exterior.
  2. En cuanto a lo social: despenalización del adulterio y el amancebamiento, despenalización de los anticonceptivos.
  3. En el ámbito político: libertad de prensa, prohibición de la censura previa, libertad de expresión y de asociación política, derogación del sistema de partido único, el antiguo Movimiento Nacional, muy activo en aquellos años difíciles.

Medidas que luego serían recogidas en la Constitución aprobada en referéndum democrático en diciembre de 1978. Medidas que pueden resultar chocantes para las generaciones más jóvenes, pero que fueron un hito y un logro en 1977, dos años después de la desaparición del dictador.

Todos los partidos firmaron los Pactos de la Moncloa. El partido Alianza Popular, que recogía antiguos diputados y ministros del franquismo, como el mismo Fraga Iribarne, su presidente, no suscribió el plan en el ámbito político. Era mucho pedir a los defensores de un régimen autoritario.

Ahora que tanto se habla de reeditar los Pactos de la Moncloa, en tiempos de confinamiento por un virus mortífero, sería bueno refrescar lo que ocurrió en 1977. Los políticos actuales deben tomar ejemplo de la capacidad de diálogo de Suárez, Carrillo, González, Ferrer Salat, Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y demás. No es bueno para la sociedad que los partidos conservadores de hoy se nieguen en banda a unos nuevos PACTOS DE LA MONCLOA. Por el bien de todos los ciudadanos, dialoguen y pacten.

 

 

El coronavirus entre los refugiados

Según la O.N.G. SAVE THE CHILDREN en este momento, 70 millones de personas en todo el mundo son desplazadas, refugiadas o solicitantes de asilo. De ellos, más de 12 millones son niños y niñas. Una gran parte vive en asentamientos o campamentos en condiciones de hacinamiento y con nula o poca atención médica. La falta de acceso a sistemas de salud, a una red de saneamiento y agua segura y tener un sistema inmunitario bastante debilitado les convierte en más vulnerables a enfermedades infecciosas. Las medidas que los Gobiernos están adoptando para frenar el contagio, como el aislamiento social, suponen  un desafío imposible​  de cumplir en los campos de personas desplazadas y refugiadas. La crisis del coronavirus es global y requiere una respuesta coordinada globalmente  para evitar una mayor propagación del virus. En los campos de refugiados y desplazados simplemente realizar las pruebas de detección de la enfermedad ya sería una medida prácticamente imposible de llevar a cabo. Además, los niños y niñas ya soportan la carga de muchas  enfermedades infecciosas, incluida la neumonía, la malaria y el cólera, y sus familias ya luchan por obtener una atención médica adecuada. En Idlib, en el norte de Siria, el aislamiento no es una medida viable por lo que un brote de coronavirus tendría consecuencias devastadoras para las familias. La guerra en Siria ha obligado en los últimos meses a cerca de un millón de personas a huir y asentarse en campamentos masificados, y ellos y ellas ya llevan a sus espaldas nueve años de conflicto armado.

En África subsahariana, que alberga a más de una cuarta parte de la población refugiada del mundo, se están confirmando casos en la mayoría de los países y el coronavirus es un grave riesgo tanto para las personas refugiadas como para las comunidades de acogida. Es la región del planeta con menor número de profesionales de la salud. África cuenta solo con dos médicos por cada 10.000 habitantes, frente a los 16 por cada 10.000 de Asia oriental y el Pacífico, donde se han producido la gran mayoría de los casos confirmados de Covid-19. Sus sistemas de salud no tienen capacidad para asumir esta nueva crisis y además seguir atendiendo el tratamiento de enfermedades mortales y problemas graves como la desnutrición.

Refugiados frontera grecia efe

Según EURONEWS el confinamiento supone una nueva barrera para los inmigrantes en Grecia. Algunos de ellos han llegado a la isla de Lesbos y han tenido que improvisar un campamento en el saturado enclave con la población obligada a permanecer en sus casas por el coronavirus. La Agencia de Refugiados de la ONU ha advertido de que los allí instalados "no viven en condiciones humanas". Tras la matanza de sesenta soldados turcos en Siria, Ankara rechazó a los refuiados en su territorio, incumpliendo así el pacto firmado con la UE en 2016. Grecia, su rival histórico en la región, respondió negando cualquier demanda de asilo a partir del uno de marzo. La situación amenaza con crear una nueva oleada de refugiados para la que la Unión Europea. al igual que ocurrió hace cinco años, podría no tener respuesta.

Según EL PAÍS mientras el mundo trata de frenar la pandemia, la vulnerabilidad de las poblaciones de refugiados y migrantes se ha agudizado. “Millones de personas afectadas por conflictos viven en campos atestados en unas condiciones de falta de higiene y sanidad desesperadas. Cuando el virus alcance los asentamientos en Irán, Bangladés, Afganistán y Grecia, las consecuencias serán devastadoras”,  dice Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados. La agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, está pidiendo que los asilados y migrantes sean incluidos en los planes nacionales de salud contra la Covid-19. “El virus no entiende de fronteras, de documentos ni de estatus migratorio”, afirma la portavoz de Acnur en España, María Jesús Vega. “Es importante no dejar a nadie atrás, ya que si se protege a los migrantes y refugiados, se protege también a toda la población”, explica.

Dentro de Europa, golpeada por la Covid-19 y donde hay más casos, el mayor riesgo para los solicitantes de asilo está en las cinco islas griegas del Egeo, donde 40.900 personas están sometidas a condiciones de vida terribles, atrapadas mientras se resuelven sus peticiones de refugio. En el campo de Moria, en Lesbos, la mayoría duerme en pequeñas tiendas de campaña entre los olivos apiñadas las unas junto a las otras. Familias de cinco o seis miembros en cuatro metros cuadrados. “La gente en el campo está preocupada, preguntan a los médicos qué deben hacer, están cosiendo sus propias mascarillas”, explica por teléfono George Makris, ayudante del coordinador médico para Grecia de Médicos Sin Fronteras. “Las recomendaciones son casi imposibles de seguir, falta agua y jabón, y es muy difícil aislarse si alguien presenta síntomas”. En algunas zonas del superpoblado campamento hay solo una ducha por cada 240 personas, un retrete por cada 170. En otras, donde viven unas 5.000 personas, no hay agua ni aseo ni electricidad, según cálculos de MSF.

Fuera de Europa, la llegada de la epidemia a los campos de desplazados en Siria, en la provincia de Idlib, último bastión rebelde al régimen de Bachar el Asad, lo hará en medio de una situación catastrófica. Allí habitan 3,5 millones de personas, de las cuales unos 2,5 millones ya habían huido de otras zonas del país. Viven hacinados en campos en la frontera con Turquía entre 500.000 y 800.000 habitantes, o en asentamientos informales a lo largo de las carreteras, sin agua corriente. “Debido a esas condiciones, hay muchas enfermedades digestivas, tipo diarreas, dermatológicas y respiratorias. En el caso del coronavirus no tenemos posibilidad de saberlo, porque no hay test. Nos estamos preparando para lo que pueda ocurrir”, explica Manuel López Iglesias, jefe de misión de MSF para Siria.

Medidas urgentes contra el cambio climático

MEDIDAS URGENTES MEDIOAMBIENTALES

Las peores consecuencias han llegado. Están aquí desde hace años. Pero los políticos y los medios apenas hablan. Una calma incomprensible e insensata se ha instalado entre los que tienen que tomar decisiones e informar de la urgencia. Se acaba el tiempo. La emergencia climática es la mayor amenaza que jamás se ha aproximado a la humanidad. Solo si se actúa desde ya el éxito tendrá su oportunidad. El aumento de la temperatura por la emisión de gases de efecto invernadero está afectando al agua de los océanos lo que provoca que se evapore más agua. Las tormentas y los huracanes son más intensos y el nivel del mar sube. Llueve de forma más torrencial y se producen fenómenos meteorológicos extremos. Pero también provoca que el agua se evapores y las sequías sena mucho peores y los incendios por las sequías sean mucho más agresivos. Todo está conectado. Lo que afecta a una parte del planeta acaba llegando a otra. 

El año 2019 fue el año de mayor calentamiento de las aguas de los océanos. En España estamos en la década más calurosa. Y los récords seguirán si no se pone remedio. Ya no hace el frío invernal de antes. Cuando lluve lo hace de forma torrencial.  A esto hay que añadir la contaminación de las aguas por los plásticos, consecuencia del consumismo atroz. Nuestra forma de vida está basada en la quema compulsiva de combustibles fósiles y en el consumo compulsivo. Como si el planeta Tierra no tuviera límites, como si fuera infinito. 

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Tenemos que detener este proceso generado por el hombre. La Naturaleza no sigue su curso. Lo hemos cambiado. Solo hay que mirar a los deshielos inconcebibles en la Antártida, en el Polo Norte o en Alaska. Los científicos hablan de un máximo de ocho o diez años para evitar una catástrofe mayor. Una de las soluciones que apuntan es la llamada economía circular. El término economía circular promueve la producción de bienes y servicios de manera sostenible, reduciendo el consumo, el tiempo, las fuentes de energía y los desperdicios. Usar las cuatro Rs: Reducir, reulitizar, reciclar y reparar. Todo en un ciclo continuado. Es una forma diferente de consumir. Es utilizar racionalmente los recursos. Que lo importante no sea poseer sino disfrutar. No por tener más riquezas se es más feliz. 

España es el país de Europa que necesita con más urgencia una política medioambiental porque es el más vulnerable al cambio climático. La degradación y desertificación de los suelos son ejemplos palpables. El 20% del suelo español está desertificado, según el CSIC. Esto conlleva disminución de lluvias en zonas áridas; degradación de la salud vegetal, animal y humana; aumento de inundaciones y corrimientos de tierra; aumento de la erosión; disminución de ingresos a los productores. La llamada agricultura industrial no ayuda. La regeneración de suelos es urgente. 

Uno de los objetivos de esta web y esta sección de ecología y educación es luchar porque en el curriculum de Secundaria se incluya la asignatura de Ecología, con referencias a las consecuencias del cambio climático y la metodología necesaria para que los jóvenes cambien los hábitos malsanos de los adultos.