Viajes de un jubilado

Detalles de viajes que realiza el autor a lo largo y ancho del mundo.

Alhama de Aragón: los baños termales

Alhama de Aragón: los baños termales

 

José Luis Sampedro, novelista, economista, aspirante a un mundo solidario, eligió Alhama de Aragón para pasar temporadas de su vida y disfrutó de este pueblo bello aragonés, en las cercanías de Calatayud. Le han dedicado una exposición permanente en el edificio que sirve de oficina de turismo y centro social para la tercera edad, al lado de la iglesia de la Natividad, divisando la torre del homenaje del castillo árabe. El mejor lugar para que los ancianos disfruten de un vecino insigne, él que tanto disfrutó de la paz, de la naturaleza, de los baños termales y de la tranquilidad de este lugar mágico.

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Alhama está impregnada de ambiente árabe: desde su nombre -alhama proviene del árabe al-hamman, que significa los baños-, hasta su trazado, con calles estrechas, que proyectan la sombra necesaria en los días soleados del verano. El Cid Campeador la conquistó y su nombre aparece en el Cantar del Mío Cid.

 

Los más viejos del lugar se quejan de la soledad en la que se sumerge el pueblo una vez se acaban las fiestas patronales de mediados de Agosto. Sin embargo, el viajero jubilado puede observar el ir y venir continuo de los turistas que se hospedan en alguno de los balnearios que aprovechan los manantiales de aguas termales para ofrecer tratamientos excelentes a sus huéspedes. Un destino recomendado para todos, en especial a los que necesitan un plus de relax por las propiedades terapéuticas de sus aguas.

Alhama de aragon 2000 zaragoza

 

Los paseos por las callejuelas de Alhama de Aragón traerán a la memoria del viajero jubilado sus días de infancia, correteando por sendas, subiendo a los árboles, trepando por las paredes rocosas de los desfiladeros, paseando por las orillas del río Jalón.

 

Intuimos la razón de la amabilidad, buen carácter, sonrisa perenne de José Luis Sampedro: sus estancias en Alhama le reportaron una paz interior, un sentido de la vida, alejado de la tragedia de escritores de generaciones anteriores, que se refleja en sus obras.

 

Cracovia: una ciudad impresionante

El Vístula fluye a los piés del Castillo Wawel, la colina que alberga el palacio real y la catedral de la ciudad polaca de Cracovial. Lo hace ajeno a los movimientos de turistas que suben y bajan la colina en la que se asienta las maravillas del palacio y la iglesia catedralicia. Aquí ejerció de arzobispo y cardenal el futuro Papa Juan Pablo II, ídolo de los cracovianos y de todos los polacos. El poder polítco y el eclesiástico conviven en esta colina de lujo e historias conmovedoras. Las tumbas de reyes y arzobispos compiten por ser las más admiradas. Les gusta estar juntos hasta despuñes de muertos.

Las riquezas de la basílica de Santa María en la Plaza medieval del Mercado, en el centro de la ciudad vieja, asombran al viajero. Aquí, como en todas las iglesias de Cracovia, el lujo brilla en foma de retablos con ricas maderas, cúpulas doradas y estatuas de mármol. Los turistas se mezclan con los que rezan, algunos de aquellos en actitud desagradable. Grupos de adolescentes esperan sentados en los bancos cerca de los confesionarios para confesar sus pecados. Recuerdos de la juventud perdida en nuestros pueblos, cada vez más alejados de la práctica religiosa. 

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En la plaza del mercado el bullico se acrecenta con los trotes de los coches de caballos que llevan a los turistas por todos los ángulos de esta plaza medieval, la más grande de toda Europa. La torre del antiguo ayuntamiento vigila mientras grupos de músicos lanzan sus notas musicales y los viajeros se arremolinan en torno a ellos. Hay una pequeña exposición de fotografías del Papa polaco en un rincón de la plaza. Su imagen podrá verse en fotos, carteles y estatuas en cualquier calle de la ciudad, en especial en los lugares donde estudió y vivió de jóven, y en el palacio episcipal que le sirvió de morada en su época cadenalicia. 

La historia de Cracovia, capital de Polonia en épocas fructíferas en lo artístico y cultural, es rica en invasiones, ocupaciones, raptos y atracos. Todos los países vecinos quisieron apropiarse de esta rica ciudad: lituanos, ucranianos, rusos, austriacos, alemanes, húngaros. La última fue la más funesta: Septiembre de 1939. Los nazis ocupan toda Polonia y establecen en Cracovia su capital adminstrativa. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el  ejército rojo se adueña de ella. Los soviéticos implantan su sistema. Con la caida del Telón de Acero, la democracia vuelve entre el entusiasmo de la gente. Sin embargo, hay razones para pensar que los ciudadanos están hartos de esta democracia fantasmal.

El viajero queda sorprendido al contemplar la manifestación de cientos de cracovianos que protestan en la plaza medieval. Aluden en sus gritos a la defunción de la democracia. Suena marchas fúnebres por los altavoces de la torre del Ayuntamiento. En todo el planeta podrían hacerse manifestaciones parecidas, tal como está el panorama democrático. 

Se han dado prisa en Cracovia para adaptarse a las costumbres occidentales. El consumismo impera. Las marcas de franquicias textiles y de comida rápida abundan por doquier. Pero Cracovia conserva un ambiente que la distingue de cualquier otra ciudad, que la hace única. Nadie debería perderse sus encantos. Una visita al barrio judío y al ghetto, donde los nazis recruyeron a los judios antes de su deportación a los campos de extermionio, es obligada para conocer el lado horroroso de esta Cracovia. La descripición de estos lugares es tema para la sección de memoria  histórica.

Benidorm, ¿un paraíso para los jubilados?

Benidorm, ¿paraíso para los jubilados?

 

Los árboles de jacaranda están florecidos en esta época del año. Sus flores moradas sobresalen en las avenidas y jardines de los hoteles de Benidorm. Son un contraste entre tanto bloque de hormigón. La Manhattan de la costa alicantina está orgullosa de sus altos edificios, pero desprecia los árboles. Si preguntas a los que habitualmente viven en la ciudad, pocos podrán decir el nombre de este árbol tan singular y de flores tan bellas. Lástima que solo duren unas semanas. Se quejarán de que las flores caen al suelo, ensucian las aceras y se pegan a las suelas de los turistas. Deberían quejarse, tal vez, de la imagen que producen los turistas borrachos, que llegan al aeropuerto, pasan el fin de semana bebiendo, orinando en las calles a la vista de todos, sin ningún pudor, comiendo  la basura que les ofrecen, bañándose en la playa de Levante, arrinconada por los bloques que la estrechan cada vez más.

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Si nos hubieran dicho hace cincuenta años que aquel pueblo de pescadores, de trabajadores de la tierra, se convertiría en lo que es ahora no lo hubiéramos creído. Pero empezaron a sembrar torres de cemento por todas partes, por aquí, por allá, cada una mirando a un punto diferente, que parece que estuvieran enfadadas, y el pequeño pueblo pesquero se convirtió en el centro turístico por excelencia. Así se expresan una pareja de jubilados octogenarios que viven en Benidorm desde hace unas cuantas décadas. Siguen con sus comentarios, que comparten muchos de los que habitan por allí: Que ya sabemos lo que ha pasado con los constructores y políticos por estos pagos. Lo sueltan como el que no quiere la cosa. Más claros que el agua del Mediterráneo. Es cierto que el plan de urbanización que se hizo no es el adecuado. Te encuentras con rotondas, isletas, inesperadas, que aparecen en calles y avenidas por doquier.

Si el turista jubilado busca paz, lo mejor es alojarse en la parte de la playa de Poniente o en la Cala de Finestrat, donde encontrará más espacio en la playa y más sosiego en las calles. Si quiere unas vistas preciosas de la bahía, se puede subir en el ascensor del hotel más alto de España. Pero hay que pagar una tarifa excesiva. Lo mejor, si el cuerpo aguanta, es subir hasta la torre Aguiló, desde donde se contemplan las mejores estampas de la ciudad y sus alrededores. Hay varias sendas que ascienden hasta lo alto, unas más escarpadas que otras. Preguntar a los locales es la solución para elegir la más adecuada. La torre es una de tantas edificadas en la línea costera para avisar de la llegada de corsarios. En la terraza se hacía fuego. El humo podía verse desde Villajoyosa hasta Benidorm.

 

Por Badajoz y provincia: Mérida

Mérida: parada en la capital extremeña

 

El bullicio de las gentes de Mérida, acostumbrados a convivir con restos antiguos, muertos, señal de un pasado glorioso, es la seña de identidad de esta ciudad, capital de todos los extremeños.

Si el viajero pretende ver en un solo día todos los lugares que la ciudad romana ofrece acumulará cansancio para el resto de sus días. Lo mejor es comprar el billete integrado que incluye todos los monumentos y dedicar dos días a saborear los restos de Emérita Augusta. Para los jubilados hay una reducción del cincuenta por ciento. No está mal. En todos los pueblos y ciudades deberían copiar esta iniciativa.

No voy a hablar de las excelencias del teatro romano, de las maravillas de su anfiteatro, del puente romano que se puede observar desde las murallas de la alcazaba árabe, del circo o de los acueductos, prefiero comentar detalles que pueden escapar al viajero que solo ve lo antiguo.

Teatro de Mérida

Creo que esta ciudad extremeña mira demasiado a su pasado. Las comunicaciones con el resto de la península son un reducto del pasado también, desgraciadamente. Bien harían en luchar por un tren de alta velocidad entre las dos capitales ibéricas, Madrid y Lisboa. Mejor harían los gobernantes extremeños en invertir más en educación. He podido leer en un periódico local que el 27 por ciento de los alumnos que titulan en la Secundaria, lo hacen con alguna materia suspensa. La tasa más alta a nivel nacional. Ya sabemos que los ciudadanos bien formados no toleran las injusticias.

Desde el tren que me acerca a Badajoz puedo observar el fluir del Guadiana, paralelo a las vías. Luego vienen los campos de frutales y olivares. Las cigüeñas han puesto sus nidos en lo alto de los restos del acueducto de los Milagros. Nadie las molestará.

 

 

Por Badajoz y provincia (II)

Por Badajoz y provincia (II)

 

Olivenza es un pueblo señorial. Una buena elección para comenzar un recorrido de una semana por la provincia de Badajoz. Olivenza está entre fronteras, entre países a veces enfrentados. Quedan vestigios de arte portugués en las fachadas, en las iglesias, en los mosaicos manuelinos. Hay que recordar que fue territorio portugués hasta 1801, cuando se delimitaron los reinos de España y Portugal de forma natural, utilizándose el cauce del Guadiana como frontera. Por los pueblos de la Raya cruzaron los que huían de la masacre de Badajoz en Agosto de 1936.

La Iglesia de la Magdalena, obra maestra del arte manuelino portugués, fue considerada el mejor rincón de España de 2012 por los internautas. Fue construida en 1510 a iniciativa del obispo de Ceuta, que está enterrado en su interior.

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La primitiva ciudadela medieval es de principios del siglo XIV y fue levantada sobre los restos de otra fortificación templaria. Contaba con 14 torres y cuatro puertas de entrada. Dentro de las murallas se halla el alcázar con la torre más alta de las que existen en la frontera, 37 metros de altura.

Otro monumentos a visitar por el viajero que busca el sosiego: los conventos de los Franciscanos y el de las Clarisas, los baluartes y, un poco más alejado, el puente de Ajuda, lugar de confrontaciones entre dos países hermanos.

En Jerez de los Caballeros hay ermitas en las cuatro esquinas del casco viejo. Las torres de las iglesias se divisan a kilómetros antes de llegar al pueblo. Los templarios dejaron su huella como en Olivenza. La alcazaba fue testigo de la eliminación de los últimos rebeldes.La  torre asesina lo atestigua. En el camino hacia Jerez se traspasan pueblos de nombre inquietante, como Villa de Matamoros; se pueden observar a los cerdos ibéricos pastar en las dehesas. Cuando el autobús pasa por Barcarrota dan ganas de bajar y quedarse a mitad del viaje, tan bella estampa se aprecia.

La muralla, reforzada en los ángulos con sillares de granito, fue obra de los templarios. Se conservan dos puertas de entrada: la de la Villa y la de Burgos. La alcazaba es de origen musulmán. Desde aquí la panorámica de la ciudad es inmejorable.

Para saciar el hambre en el descanso del recorrido no hay nada que supere a una tostada con aceite, tomate y jamón ibérico.

El viajero se despide de estos lugares con la sensación de que los tiempos modernos no han logrado abolir los latifundios, los marquesados y ducados.

 

Continuará...