Viajes de un jubilado

Detalles de viajes que realiza el autor a lo largo y ancho del mundo.

Polop de la Marina

POLOP DE LA MARINA

 

Desde lo alto del castillo de Polop de la Marina se divisan las aguas azules del Mediterráneo.  En este lugar de antiguas murallas, fortaleza árabe durante las batallas de la reconquista cristiana, se estableció el cementerio,  donde Gabriel Miró se inspiró para describir personajes y lugares de su obra. El castillo fue construido por los árabes en los siglos XII-XIII cuando los cristianos comenzaban a internarse en territorio musulmán.

Cuando Jaime I conquistó Valencia en 1238 el declive del mundo musulmán y el avance de los cristianos es un hecho en territorio hispano. A partir de entonces, el castillo de Polop se convirtió en un castillo de frontera entre los reinos de Aragón y Castilla. La conquista cristiana trajo un nuevo orden social y económico.  Los territorios conquistados fueron pasando a manos de los distintos señores que los gobernaban, como ocurrió en Polop. Las rebeliones mudéjares ante el abuso de los cristianos generaron mucha inestabilidad. El castillo y su área de influencia permanecieron en manos árabes hasta el final del siglo XIII. La población era de mayoría musulmana. Después de la revuelta mozárabe de 1277, los colonos cristianos ocuparon el interior del castillo y los musulmanes se refugiaron en los arrabales.

El  castillo fue testigo de uno de los momentos más terribles en la historia de los mudéjares. El 18 de Agosto de 1521 tuvo lugar la matanza de los musulmanes que se habían refugiado en el castillo. Se cuenta que fueron masacrados más de ochocientos.

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Afortunadamente, hoy Polop es un oasis en la costa Blanca, comparado con la marabunta de los turistas de la cercana Benidorm. Aquí  el viajero jubilado encontrará el sosiego perdido en la última ciudad, cercada por los ruidos infernales de fiestas de despedida, de borrachera infinita, de locales estresantes. La brisa del mar y un microclima especial han permitido  que este pueblo, oloroso de azahares, en el centro de verdes al pie del monte Ponoig, sea el contrapunto del bullicio que se extiende por las calles y avenidas de Benidorm.

Es un pueblo agrícola que produce vino y pasas, nísperos, cítricos y almendros. Es un paraíso para los senderistas,  para los ornitólogos, pintores, fotógrafos y escritores.

El escritor alicantino Gabriel Miró puso a Polop de la Marina en el mapa al situar una de sus obras más importantes, la novela Años y Leguas, en este pueblo de la Marina Baja. Por eso, el pueblo le ha dedicado un museo, digno de una visita. Sus suelos de azulejos, techos pintados y barandillas talladas hacen del museo un excelente ejemplo de arquitectura modernista. Desde aquí podemos iniciar la visita al casco antiguo.

La plaza de los Chorros, con sus 221 caños de agua, está junto a la casa museo del escritor. Subiendo hacia el castillo nos encontramos con la la plaza de la Purísima, la casa del Pósito, antiguo almacén para las reservas de cereales, ahora Aula de Cultura.

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La familia Miró llegó a Polop en 1921. Una de las hijas del escritor, Clemencia, necesitaba un clima más apacible que el de Madrid. Eligieron el pueblo, aconsejados por el compositor

Oscar Esplá, y se instalaron en una casa de campo amplia en las afueras del pueblo, emplazada en el interior de una finca conocida como Les Fonts, por situarse cerca del cauce donde nacen las fuentes.

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

 

Las tres ciudades emblemáticas jienenses albergan conventos que no solo ofrecen paz y sosiego a sus moradores, también dulces típìcos que el visitante jubilado puede adquirir. Un ejemplo para abrir boca: en el convento de las Bernardas de Jaén hay delicias inimaginables, desde pestiños a torrijas o roscos de anís, que salen de los tornos del convento, ubicado al lado del parque de la Alameda. Su iglesia es una de las muestras del barroco más puro.

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El mejor aceite de oliva virgen extra del mundo se vende en la provincia. Al menos eso aseguran sus vendedores. Y no les falta razón. Hay catas del oro amarillo por estas ciudades, donde degustar los zumos de aceituna más exquisitos de estas tierras. Si el viajero tiene tiempo, puede visitar el Museo de la Cultura del Olivo, la Hacienda de la Laguna, muy cerca de Baeza. Aquí se explica de modo detallado la historia, la elaboración y las utilidades del zumo de la aceituna. La bodega cuenta con 10 bidones de piedra plomada con una capacidad total de un billón de kilolitros de aceite. Esta zona es también un paraje natural, zona de aves migratorias, a un paso de las orillas del Guadalquivir y de los pueblos de la Sierra de Mágina.

La provincia de Jaén, por su situación y condiciones físicas, principalmente las proximidades a Sierra Morena, ha sido extraordinaria para la cría de reses bravas. Muchos ganaderos se trasladan en invierno a estas tierra buscando un clima más benigno. Hay infraestructuras y recursos relacionados con la cultura del toro bravo. Las plaza de Baeza y Úbeda son un claro ejemplo. La cría del toro bravo permite que subsista la dehesa como espacio natural pues ayuda al mantenimiento de la biodiversidad y previene la desertización, conservando la fauna y la flora autóctonas.

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Ha sido un placer poder contar mis impresiones sobre esta tierra. Acabo con el himno de la provincia, el poema de Miguel Hernández:

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién,

quién levantó los olivos?

 

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor.

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos.

 

Levántate, olivo cano,

dijeron al pie del viento.

Y el olivo alzó una mano

poderosa de cimiento.

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién

amamantó los olivos?

 

Vuestra sangre, vuestra vida,

no la del explotador

que se enriqueció en la herida

generosa del sudor.

 

No la del terrateniente

que os sepultó en la pobreza,

que os pisoteó la frente,

que os redujo la cabeza.

 

Árboles que vuestro afán

consagró al centro del día

eran principio de un pan

que sólo el otro comía.

 

¡Cuántos siglos de aceituna,

los pies y las manos presos,

sol a sol y luna a luna,

pesan sobre vuestros huesos!

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

pregunta mi alma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?

 

Jaén, levántate brava

sobre tus piedras lunares,

no vayas a ser esclava

con todos tus olivares.

 

Dentro de la claridad

del aceite y sus aromas,

indican tu libertad

la libertad de tus lomas.

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (III)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (III)

 

Es inevitable referirse a estas tres ciudades sin mencionar el arte que presentan a sus hechizados visitantes. El siglo XVI, el Renacimiento, fue la época de máximo esplendor en la historia de estas localidades de los campos de olivos infinitos.

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En  Úbeda, la presencia de personajes ilustres como San Juan de la Cruz, Siloé, Vandelvira, Berruguete, dejarán sus huellas por toda la ciudad. Los edificios más notables datan del siglo referido. Esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, verdadero paraíso interior jiennense, guarda uno de los mayores legados históricos y artísticos del Humanismo renacentista y constituye un paisaje natural único. Lo primero que el visitante jubilado se encuentra es el imponente Hospital de Santiago. En la plaza de Vázquez de Molina, centro histórico ubetense, se concentran nueve de sus monumentos nacionales: la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, monumento funerario de Francisco de los Cobos, impulsor del arte de la ciudad. En la parte posterior, adosado a la capilla, el Palacio de las Cadenas y la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares. Adentrándonos por la ciudad, entre serpenteantes calles de trazado medieval y recuerdos mozárabes, pasearemos junto a palacios de fachadas elegantes, casonas con blasones. En las afueras, el paseo amurallado rodea la parte sudeste, desde donde puede divisarse la bruma del Guadalquivir que sume a la ciudad en una estampa profunda, intimista y nostálgica.

En Baeza, lo mismo que en su vecina Úbeda, un extraordinario patrimonio renacentista puebla sus calles y plazas. La ciudad acogió una de las primeras universidades castellanas, después de la conquista por Fernando III en el siglo XIII. La parte primitiva de su catedral, consagrada por el rey conquistador, fue erigida sobre la mezquita que ocupaba lo que hoy es el claustro y parte del trascoro. No hay que perderse la custodia procesional del Corpus Christi, la capilla dorada y la reja del coro. El palacio de Jabalquinto es una de las contadas muestras del gótico flamígero en Andalucía. Su patio interior y la escalera barroca son dignos de mención. En la plaza del Pópulo, entrada a la ciudad medieval, está la fuente de los Leones, el edificio de las Antiguas Carnicerías y el de las Escribanías Públicas, hoy oficina de turismo. La puerta de Jaén y el arco de Villalar, cercanos a la plaza, fueron erigidos sobre los lienzos de la muralla árabe.

Jaén significa en árabe encrucijada de caminos. La capital era conocida por mercaderes como parada y fonda entre las tierras de la Meseta y las de las ciudades de Andalucía interior. Un inmenso bosque de olivos rodea la ciudad. No hay que perderse: la catedral, el castillo de Santa Catalina, el Palacio de Villardompardo con los baños árabes o el museo de los Íberos.

El castillo era la fortaleza más inexpugnable de toda la península hace mil años. Erigido en tiempos del califatos, fue entregado por el rey Alhamar al monarca conquistador Fernando III.  La catedral se alza sobre los pilares de la vieja mezquita aljama. Es el más sublime ejemplo de la arquitectura renacentista en Andalucía. Su coro es una obra de corte barroco, con sillería tallada en maderas nobles.

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Si hay algún lugar que define a Jaén ese pudieran ser los baños árabes. Emplazados en el palacio de Villardompardo, cuya edificación en 1592 sepultó los amplios baños del moro Alí, que durante un tiempo sirvieron de bodega del palacio. Los baños pasan por ser los baños milenarios mejor conservados de Europa. Construidos en el siglo XI, tras la desaparición del Califato de Córdoba y la irrupción de los reinos de taifas, fueron restaurados un siglo después bajo el gobierno almohade. Su uso continuó después de la conquista de Jaén por Fernando III en 1246 y se mantuvo hasta el siglo XV cuando la población cristiana ubicó en ellos unas curtidurías. A finales del XVI, el conde de Villardompardo, virrey de Perú, edificó su palacio y los baños quedaron ocultos hasta principios del siglo pasado. Fueron declarados Monumento Nacional en 1931.

Son unos cuantos lugares que el viajero jubilado puede visitar y disfrutar. Pero hay más aspectos a considerar sobre estas tierras aceituneras.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

 

Baeza, ciudad de poetas, de edificios grandiosos, Patrimonio de la Humanidad. El paseo de las murallas, dedicado al poeta Antonio Machado, permite divisar los ríos Guadalquivir y Guadalimar y los campos de olivos infinitos. En los días claros, Jaén, la capital de la provincia, puede contemplarse en la lejanía, más allá de la Sierra Mágina. El poeta paseaba a diario por las murallas, quizás para inspirarse y recuperarse de la pena por la pérdida de su Leonor del alma. Hay una estatua del poeta sentado en un banco de la calle céntrica de San Pablo. Otro busto de Machado, obra de Pablo Serrano, está expuesto en los jardines del Palacio de Jabalquinto, sede de la Universidad Internacional de Andalucía, donde cientos de estudiantes de todas las procedencias acuden a realizar cursos y másters.

Hay un asunto oscuro entre la luminosidad y elegancia de esta ciudad: la orujera, como por aquí llaman a la fábrica que quema los desechos de la aceituna después de los trabajos de extracción del aceite. La orujera de Baeza lleva más de 20 años, durante las 24 horas de los 365 días del año, lanzando una continua humareda contaminante a los vientos limpios de los campos aceituneros. Los vecinos están hartos de que nadie ponga remedio. El humo puede verse por todo el valle que lleva al viajero jubilado desde Baeza a Úbeda y Jaén. Una situación que no merecen las gentes de una ciudad Patrimonio de toda la Humanidad.

En Baeza, como en Úbeda y Jaén, en los menús turísticos el viajero encontrará las migas. De ser un plato sencillo, tradicional, de los pastores, se ha transformado en un manjar para todos. Es el plato de las tierras de ganados de ovejas, de la trashumancia, que cocinaban los pastores, aprovenchando lo que tenían más a mano: pan, tocino, uvas pasas. Pueden encontrarse en Soria, donde se llaman migas pastoriles, en zonas de Aragón, en Extremadura, en Jaén. En tierras que no pueden desaprovechar ni una miga de pan.

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En Baeza celebran estos días la XII Semana Machadiana. Recuerdan la vida y obra del poeta que pasó parte de su vida en la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Se organiza un amplio programa en torno a la figura del poeta sevillano. La escritora María José Ramos presenta en la ciudad su libro Ya estamos solos mi corazón y el mar. La obra recoge once cuentos que relatan los tres últimos años de la vida de Machado. De la mano de los personajes que lo conocieron desde que en Noviembre de 1936 marcha de Madrid bombardeado hasta que llega a Colliure en Febrero de 1939, los lectores podemos sentir el viaje emocional y vital del poeta. En otro acto, el cantaor granadino Juan Pinilla pone en escena Yo voy soñando caminos de la tarde, un espectáculo con voz, guitarras, violín, percusión y coros. Como curiosidad, hay que añadir que en los pasos de peatones de la ciudad aparecerán los versos del poeta.

Desde que el tren me trajo desde Madrid a la Estación Linares-Baeza, solo he disfrutado  momentos positivos. El mismo viaje fue una experiencia única: paisajes únicos, molinos de viento, iglesias destacando en los pueblos, desgraciadas estaciones abandonadas, viajeros chillones que suben y bajan en Alcázar de San Juan, Manzanares, Valdepeñas, Vilches. Y la majestuosidad del paso de Despeñaperros en Sierra Morena. El mar de olivos ya es una realidad ante los ojos del viajero jubilado.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

A los piés de Baeza y Úbeda se divisan los campos de olivos más extensos de todo el planeta. La cosecha de la aceituna está en su auge durante estos días fríos de Febrero. Las almazaras están esperando para exprimir las aceitunas y transformarlas en el aceite más maravilloso que ningún otro lugar puede producir.

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Si la cercana Linares tiene un museo dedicado a su artista más famoso, Raphael, en Úbeda le dedican un bar a Sabina, el bar Calle Melancolía, cercano a la plaza renacentista más importante de la ciudad,  en Baeza al poeta Antonio Machado le dedican placas, estatuas y un paseo, y en la capital de la provincia, Jaén, el poeta Miguel Hernández, que por aquí pasó unos días durante la guerra civil, tiene un espacio dedicado a su vida y obra en el  palacio que alberga los baños árabe. Hay mucho arte en estas ciudades jienenses, de gentes sencillas y acogedoras, que se acuerdan de los que por aquí nacieron o pasaron. Gentes acostumbradas al trabajo en el campo y a las peonadas intermitentes.

Los amantes de la fiesta taurina tienen por estos pagos unas de las plazas de toros más antiguas del mapa taurino. Compiten en solera y elegancia con la de Ronda. Los toreros más afamados han lidiado los toros de las ganaderías que también pululan por estas tierras del norte andaluz.

La torre de la catedral de Baeza y la iglesia de Santa María de Úbeda fueron construidas, como muchas otras catedrales e iglesias en la península, sobre antiguas mezquitas. Los árabes construyeron en estas ciudades murallas defensivas, hoy apenas visibles. En su entorno se han habilitado paseos excelentes, que constituyen miradores privilegiados de los campos de olivos y del valle del Guadalquivir. El paseo de las murallas de Baeza está dedicado al poeta Antonio Machado, que llegó a esta ciudad en Octubre de 1912, intentado olvidar a su esposa Leonor, fallecida en Soria. Aquí, como en la ciudad soriana, impartió la docencia de francés en un instituto, que hoy le dedica un aula, en el barrio renacentista, cerca de la plaza de la catedral, rodeado de edificios que le han premiado, junto a la vecina Úbeda, con el título de ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Un paseo por las callejuelas del barrio de la catedral de Baeza, con neblina flotando en el aire, sin tráfico, te transporta a la época renacentista, a pleno siglo XVI. Úbeda es una ciudad con el doble de población. Sus monumentos, palacios, casonas, iglesias, conviven entre el marasmo de calles comerciales. Esto les quita encanto. Solo hay una excepción: la plaza del ayuntamiento y la cercana iglesia de Santa María, pero una comisaría de policía, en este espacio cultural, en un remanso de paz, no tiene sentido.

De Baeza y Úbeda esperas lo que encuentras, pues su sello de ciudades Patrimonio de la Humanidad así lo exige. Jaén sorprende. No te imaginas lo que te espera al iniciar la visita. Lo que la hace diferente son las callejuelas que suben hacia el castillo de Santa Catalina. Hay que caminar por las callejuelas de la judería y la morería, barrios que convivieron en paz con sus vecinos cristianos, antes o después de visitar en el palacio de Villardompardo los baños árabes y la exposición sobre Miguel Hernández, autor del himno de la provincia que habla de aceituneros altivos. Jaén es la capital de la provincia del mar de olivos. No tiene un mar azul, tiene un mar verde aceituna todo el año. En la provincia de Jaén hay plantados más de 60 millones de olivos. Desde Despeñaperros, Sierra Morena, a Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, pasando por el valle del Guadalquivir, todos los paisajes están inmersos en el verdor oscuro de los olivares.

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Baeza, Úbeda, Jaén: me quedo con las tres. Transmiten la tranquilidad de otra época y respetan tradiciones, arte y el trabajo de sus antepasados, los andaluces altivos, aceituneros jienenses.

 

Continuará...