libros de la experiencia

Benidorm, ¿un paraíso para los jubilados?

Benidorm, ¿paraíso para los jubilados?

 

Los árboles de jacaranda están florecidos en esta época del año. Sus flores moradas sobresalen en las avenidas y jardines de los hoteles de Benidorm. Son un contraste entre tanto bloque de hormigón. La Manhattan de la costa alicantina está orgullosa de sus altos edificios, pero desprecia los árboles. Si preguntas a los que habitualmente viven en la ciudad, pocos podrán decir el nombre de este árbol tan singular y de flores tan bellas. Lástima que solo duren unas semanas. Se quejarán de que las flores caen al suelo, ensucian las aceras y se pegan a las suelas de los turistas. Deberían quejarse, tal vez, de la imagen que producen los turistas borrachos, que llegan al aeropuerto, pasan el fin de semana bebiendo, orinando en las calles a la vista de todos, sin ningún pudor, comiendo  la basura que les ofrecen, bañándose en la playa de Levante, arrinconada por los bloques que la estrechan cada vez más.

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Si nos hubieran dicho hace cincuenta años que aquel pueblo de pescadores, de trabajadores de la tierra, se convertiría en lo que es ahora no lo hubiéramos creído. Pero empezaron a sembrar torres de cemento por todas partes, por aquí, por allá, cada una mirando a un punto diferente, que parece que estuvieran enfadadas, y el pequeño pueblo pesquero se convirtió en el centro turístico por excelencia. Así se expresan una pareja de jubilados octogenarios que viven en Benidorm desde hace unas cuantas décadas. Siguen con sus comentarios, que comparten muchos de los que habitan por allí: Que ya sabemos lo que ha pasado con los constructores y políticos por estos pagos. Lo sueltan como el que no quiere la cosa. Más claros que el agua del Mediterráneo. Es cierto que el plan de urbanización que se hizo no es el adecuado. Te encuentras con rotondas, isletas, inesperadas, que aparecen en calles y avenidas por doquier.

Si el turista jubilado busca paz, lo mejor es alojarse en la parte de la playa de Poniente o en la Cala de Finestrat, donde encontrará más espacio en la playa y más sosiego en las calles. Si quiere unas vistas preciosas de la bahía, se puede subir en el ascensor del hotel más alto de España. Pero hay que pagar una tarifa excesiva. Lo mejor, si el cuerpo aguanta, es subir hasta la torre Aguiló, desde donde se contemplan las mejores estampas de la ciudad y sus alrededores. Hay varias sendas que ascienden hasta lo alto, unas más escarpadas que otras. Preguntar a los locales es la solución para elegir la más adecuada. La torre es una de tantas edificadas en la línea costera para avisar de la llegada de corsarios. En la terraza se hacía fuego. El humo podía verse desde Villajoyosa hasta Benidorm.

 

Por Badajoz y provincia (II)

Por Badajoz y provincia (II)

 

Olivenza es un pueblo señorial. Una buena elección para comenzar un recorrido de una semana por la provincia de Badajoz. Olivenza está entre fronteras, entre países a veces enfrentados. Quedan vestigios de arte portugués en las fachadas, en las iglesias, en los mosaicos manuelinos. Hay que recordar que fue territorio portugués hasta 1801, cuando se delimitaron los reinos de España y Portugal de forma natural, utilizándose el cauce del Guadiana como frontera. Por los pueblos de la Raya cruzaron los que huían de la masacre de Badajoz en Agosto de 1936.

La Iglesia de la Magdalena, obra maestra del arte manuelino portugués, fue considerada el mejor rincón de España de 2012 por los internautas. Fue construida en 1510 a iniciativa del obispo de Ceuta, que está enterrado en su interior.

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La primitiva ciudadela medieval es de principios del siglo XIV y fue levantada sobre los restos de otra fortificación templaria. Contaba con 14 torres y cuatro puertas de entrada. Dentro de las murallas se halla el alcázar con la torre más alta de las que existen en la frontera, 37 metros de altura.

Otro monumentos a visitar por el viajero que busca el sosiego: los conventos de los Franciscanos y el de las Clarisas, los baluartes y, un poco más alejado, el puente de Ajuda, lugar de confrontaciones entre dos países hermanos.

En Jerez de los Caballeros hay ermitas en las cuatro esquinas del casco viejo. Las torres de las iglesias se divisan a kilómetros antes de llegar al pueblo. Los templarios dejaron su huella como en Olivenza. La alcazaba fue testigo de la eliminación de los últimos rebeldes.La  torre asesina lo atestigua. En el camino hacia Jerez se traspasan pueblos de nombre inquietante, como Villa de Matamoros; se pueden observar a los cerdos ibéricos pastar en las dehesas. Cuando el autobús pasa por Barcarrota dan ganas de bajar y quedarse a mitad del viaje, tan bella estampa se aprecia.

La muralla, reforzada en los ángulos con sillares de granito, fue obra de los templarios. Se conservan dos puertas de entrada: la de la Villa y la de Burgos. La alcazaba es de origen musulmán. Desde aquí la panorámica de la ciudad es inmejorable.

Para saciar el hambre en el descanso del recorrido no hay nada que supere a una tostada con aceite, tomate y jamón ibérico.

El viajero se despide de estos lugares con la sensación de que los tiempos modernos no han logrado abolir los latifundios, los marquesados y ducados.

 

Continuará...

 

La quinta del biberón en la Batalla del Ebro

La quinta del biberón en la Batalla del Ebro

 

En Abril de 1938 las autoridades republicanas llamaron a filas a los jóvenes nacidos en el año 1920. Cuando se incorporaron al ejército, muchos de ellos apenas llegaban a los 17 años. El ejército nacional avanzaba por tierras de Lérida y Tarragona y su objetivo era la capital catalana. Azaña, Negrín, Líster, Rojo y los asesores militares comunistas soviéticos intentaron contener el avance, contraatacando en la orilla del Ebro.

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Del 25 de Julio al 13 de Noviembre de 1938 estos jóvenes imberbes combatieron con escasez de armas y munición, enfrentados a un enemigo provisto de las mejores armas, uniformados, organizados, apoyados  por la aviación alemana, que bombardeaba las líneas del ejército de lo que quedaba de República. Estas tierras de la orilla del Ebro, alrededor de Gandesa, sirvieron de escenario para la batalla más cruel de la guerra civil. Sus sierras poderosas, sus valles inundados de frutales, olivares, almendros y viñedos, fueron testigos de la desaparición de jóvenes apenas preparados para la lucha.

 

Antes del llegar al frente, una vez cruzado el Ebro, pudieron escuchar los consejos, experiencias y aventuras de los hombres del Campesino; las arengas del general Líster, que los anima a morir por la República; las consignas políticas de los comisarios soviéticos, que lo controlan todo. Cruzan el rio, junto a veteranos de las Brigadas Internacionales, por Ascó, Flix, Riba-roja d’Ebre, Mora la Nova, Mora d’Ebre, Benissanet. Les espera el infierno: trincheras, nidos de ametralladoras, bombas, granadas, hambre, miedo…Hay que resistir como les pide Negrín, el jefe de un gobierno cada vez más desperdigado, hay que luchar hasta que quede una gota de sangre, hasta que los aliados europeos se pongan de acuerdo y vengan a auxiliarles. Esperanzas vanas. La sierra de Pandols es una carnicería para los soldados de ambos ejércitos. Algunos soldados se arriesgan y desertan. Su destino será el pelotón de fusilamiento si son atrapados en la huída, como ocurrió con alguno de los jóvenes de la quinta del biberón.

 

Solo unos cientos de los miles de reclutados se salvaron al final de la batalla. Los que cayeron presos acabaron en los campos de trabajo franquistas. Los que marcharon al exilio se alistaron en el ejército francés y muchos fueron a parar a los campos de concentración nazis. Una pérdida de vidas inútil. Hubieran preferido vivir de rodillas que morir de pié. Por lo menos, hubieran tenido la oportunidad de cambiar su destino.

Los niños de la guerra

LOS NIÑOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

La cruel guerra que destruyó los pueblos y ciudades de España, que causó miles de víctimas, que generó una represión inhumana nunca vista hasta entonces, también provocó la huida de cientos de miles de hombres, mujeres y niños. Huían de una masacre segura, de la miseria más extrema o de la represión de los vencedores.

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Las primera víctimas de esta huída fueron los niños. Los bombardeos de Durango, el 31 de Marzo de 1937, y de Guernica, el 26 de Abril del mismo año, por la Legión Cóndor de los nazis, encendieron la alarma. El gobierno vasco hizo un llamamiento al mundo para que acudiera en auxilio de sus tierras y sus niños. Desde ese momento, salieron más de treinta mil niños. Muchos países acudieron a la llamada. Una tercera parte de los que se fueron jamás regresaron. Fueron las víctimas primeras e inocentes a los que hay que añadir los casi ciento veinte mil que murieron durante la guerra.

 

A Francia fueron a parar la mayoría de aquellos niños. Fueron repartidos en familias de acogida o en colonias, instalados en hoteles, casas de campo, palacetes y conventos. Al final de la guerra muchos regresaron. Los hijos de los vencidos se reunieron con sus padres en el exilio, si habían sobrevivido a la guerra.

 

Bélgica recibió el segundo grupo de niños exiliados. A Rusia llegaron más de tres mil en cuatro expediciones. La primera fue el 17 de Marzo de 1937. El buque Gran Canaria llegó a Odessa con hijos de políticos de la República y de oficiales del Partido Comunista, entre ellos Amaya, la hija de La Pasionaria.

 

El gobierno británico se negó a dejar entrar en el Reino Unido a refugiados españoles no combatientes. Después del bombardeo de Guernica, consintió la entrada de niños, a condición de que su cuidado y mantenimiento dependieran del National Joint Committee for Spanish Relief, sin que pudieran recibir subvención pública. Esta organización se encargó de todos los trámites del transporte en barcos y de la acogida de niños en suelo británico.

 

A diferencia de los británicos, el presidente mexicano Cárdenas acogió con entusiasmo a los niños refugiados. Su mujer, Amalia, presidió el Comité de Ayuda a los niños del pueblo español, que se encargó  de su traslado e instalación en Morelia, en el Estado de Michoacán. Aquí les recibieron miles de personas. Fueron alojados en el internado Escuela España-México, dos viejos caserones expropiados a la Iglesia, antiguos seminarios.

 

Hijos de estos niños de la guerra vuelven estos día a España para conocer el lugar de sus antepasados. Aquí se les mantiene en el olvido. La memória histórica es frágil.

 

Mohamed Chukri en Tanger, años 40

Mohamed Chukri en Tánger, años 40

Chucki

Un protagonista de Antes que la memoria nos abandone, Nazario, viaja a Tánger en los años 40 con unos compañeros de estudios de Madrid. Allí le suceden hechos extraordinarios en una ciudad enigmática, laberíntica y sorprendente. Es fácil que por sus calles se cruzaran con Mohamed Chukri, autor de novelas y relatos, en los que plasma sus vivencias descarnadas, realistas y crueles.

Chukri nació en 1935 en un pueblo del Rif, Beni Chiker, en la provincia de Nador del Protectorado español en Marruecos. No todos lo jóvenes conocen que desde 1912 hasta 1958 la zona norte marroquí, que incluía las regiones del Rif y de Yebala, estaba controlada por el ejército español. La capital del Protectorado era Tetuán. Es posible que desconozcan que Tánger, con estatuto de ciudad internacional, fue ocupada por el ejército franquista desde Noviembre de 1940 hasta Junio de 1945, con la aprobación de los jerarcas nazis, que controlaban el norte de África desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Para conocer el Tánger de aquella época hay que leer a Chukri. A esta ciudad llegó con once años desde su pueblo rifeño huyendo de la violencia de su padre y de la guerra. Vivió en las calles tangerinas rodeado de miseria, prostitución, drogas y crueldad. A los veinte años se marchó a Larache para aprender a leer y escribir. Regresó a Tánger donde comenzó a codearse con los bohemios e intelectuales que inundaban la ciudad. Trabó amistad con todos ellos: Paul Bowles, Jean Genet, Tennessee Williams.

Con su primera novela, El pan a secas, escrita en 1973, alcanzó el éxito internacional. Sin embargo, en su país, estuvo censurada hasta el año 2000. Es esta novela un relato de la realidad miserable, de la época del hambre en el Rif. Es la autobiografía del joven Mohamed que sufre la incomprensión, la injusticia, la violencia y el hambre en las calles de Tánger y Tetuán. Conocerá el dulzor del sexo y la amargura de la cárcel.

Otras dos novelas completan su Trilogía de su vida: Tiempo de errores y Rostros, amores, maldiciones.

En el libro de cuentos El loco de las rosas, con amargas experiencias y con un estilo espontáneo, libre de pedantería y preciosismo, abunda en los relatos sobre los marginados de la sociedad marroquí.