Badajoz: Antes, durante y después de la Guerra Civil: 1933-1935

Apéndice a DIARIOS DE LA REINA DEL OCÉANO

Badajoz: Antes, durante y después de la guerra civil: 1933-1935

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El 23 de Abril de 1933, el día de las elecciones municipales, el alcalde de Zafra encabezaba una manifestación de socialistas y comunistas en Hornachos, ondeando banderas rojas y entonando cánticos revolucionarios. Los candidatos de la derecha acudieron al diputado provincial del Partido Radical, Rafael Salazar Alonso, quien telefoneó al ministro de la Gobernación. La Guardia Civil disparó contra los manifestantes, matando a 4 hombres y una mujer. Salazar Alonso llegó a ser él mismo ministro de la Gobernación y alcalde de Madrid en los dos años siguientes.

  Con Alejandro Lerroux, líder corrupto del Partido Radical, como Presidente del Gobierno, la reforma agraria quedó paralizada. A Extremadura llegó mano de obra barata desde Galicia, dejando sin trabajo a los campesinos locales. Las infracciones de la ley no se castigaron. Los nuevos gobernadores civiles nombrados por los radicales de Lerroux dejaban el orden público en manos de matones a sueldo de los terratenientes. En la provincia de Badajoz, donde la tasa de paro rondaba el 40 por ciento, casi se morían de hambre. La diputada socialista Margarita Nelken denunció con rotundidad las condiciones de los trabajadores del campo y sus familias. Sus discursos eran suspendidos por la autoridad. Su principal oponente, Salazar Alonso, insultaba a la diputada Nelken, mientras se servía de matones para apalear a sus enemigos políticos. En Zalamea, los derechistas abrieron fuego contra la casa del pueblo socialista al grito de ¡Viva el Fascio! y mataron a varios trabajadores. Nelken fue agredida a punta de pistola tras pronunciar un discurso en Aljucén. En los colegios electorales los guardias civiles obligaban a los trabajadores a cambiar sus papeletas de voto por otras previamente marcadas con el nombre de los candidatos de la derecha. El fraude fue masivo, con votos comprados, votos repetidos por simpatizantes de la derecha que llegaban en camiones abarrotados y extravío de urnas en las localidades favorables a la izquierda. El ministro de Justicia presentó su dimisión después de las elecciones en protesta por el fraude electoral, pero los terratenientes lograron restablecer las relaciones feudales que constituían la norma antes del comienzo de la República. Los terratenientes seguían contratando a los que habían votado a las derechas. En Almendralejo, a pesar del desempleo masivo, se trajeron de fuera dos mil trabajadores para la recogida de la uva y la aceituna. En Orellana y Olivenza los patronos empleaban a niños y mujeres a los que solo pagaban una parte del salario del que pagaban a los hombres.

  A los alcaldes socialistas de Zafra y Fuente de Cantos los sustituyeron por personas vinculadas a los intereses de los propietarios de tierras. El nuevo ministro de la Gobernación, Salazar Alonso, los expulsó de los ayuntamientos sin razón alguna. Ambos alcaldes eran personas queridas en sus localidades porque usaban fondos municipales para dar trabajo a los desempleados y para comprar comida con la que aliviar el hambre de las familias sin trabajo. Los dos fueron fusilados: Modesto Lorenzana, de Fuente de Cantos, en Septiembre de 1936; José González, de Zafra, en Abril de 1939.

  Los defensores de la derecha, bien vestidos, bien comidos, honraban a los gobernadores con almuerzos en su honor. La prensa estaba de su parte. Los recortes salariales y la discriminación de obra a los sindicados continuaron sin impunidad. Los jornaleros hambrientos se veían obligados a robar aceitunas y otras cosechas. Se agravaron los problemas y los odios se acrecentaron. Los campesinos mendigaban por las calles de los pueblos de Badajoz, y el raquitismo y la tuberculosis estaban a la orden del día.

  El sindicato FNTT llamó a la huelga en Junio. Sus objetivos tenían poco de revolucionarios: garantizar la mejora de las condiciones laborales en el campo; rotación en el empleo, con independencia de la afiliación política o sindical;acabar con los salarios de hambre; garantizar cuarenta días de trabajo por la limitación del uso de maquinaria; continuar con las expropiaciones previstas en la ley de Reforma Agraria...Pero Salazar Alonso declaró la huelga ilegal. Designó la cosecha como servicio público. De hecho militarizó a los jornaleros. Los que no acudieran al tajo se les consideraría culpables de rebelión. El conflicto se saldó con miles de detenciones. Las cosechas se recogieron con mano de obra barata llegada de Portugal y Galicia. La Guardia Civil impedía que las masas hambrientas robaran las cosechas. El 31 de Mayo se detuvo a los alcaldes de Olivenza y Llerena, junto a numerosos sindicalistas, maestros de escuela y abogados, que recibieron palizas.

  En la cárcel de Badajoz se hacinaron 600 presos, cuando su capacidad era para 80. Miles de campesinos fueron obligados a punta de pistola a subir en camiones para el ganado, deportados a cientos de kilómetros de sus hogares, abandonados a su suerte y obligados a regresar andando. El 4 de Julio, 200 campesinos de Badajoz que habían sido trasladados a la cárcel de Burgos llegaron a Madrid y se concentraron en la Puerta del Sol, donde fueron violentamente dispersados por la Policía. La FNTT les pagó el viaje de vuelta a casa, donde muchos fueron otra vez detenidos al llegar. Mientras tanto, las autoridades hacían oídos sordos a los ataques de cuadros falangistas a las casas del pueblo, las sedes de los sindicatos, a la adquisición de armas por parte de los grupos violentos de la derecha.

  En Julio de 1935 quedó aprobada la contrarreforma agraria. Los terratenientes podían evitar la expropiación de sus tierras usando testaferros. En Extremadura los terratenientes comenzaron a despedir a los yunteros. En Fregenal de la Sierra, un solo propietario desalojó a 20 familias. Los braceros cobraban los mismos jornales que a principios de siglo, si es que podían trabajar. El egoísmo ilimitado de los propietarios es una de las razones señaladas para el triunfo del Frente Popular en Febrero del 36 en Extremadura. A pesar de la compra del voto: los terratenientes ofrecían comida y mantas a los que votaran a la derecha; el partido derechista Acción Popular abrió comedores de beneficencia.

 

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