Badajoz: en la antesala de la guerra civil (1936)

 

Apéndice al libro DIARIOS DE LA REINA DEL OCÉANO

 

   Con el triunfo de la izquierda, llegaron las venganzas. Se asaltaron las cárceles y liberaron a los presos de las huelgas del 34, se quemaron iglesias y conventos. Los felices campesinos, ante la nueva situación, desfilaron por los pueblos ondeando sus pancartas y sus banderas rojas. La legislación agraria quedó restablecida. Los terratenientes abandonaron sus mansiones, como ocurrió en Puebla de Alcocer. El laboreo obligatorio de la tierra en barbecho volvió a imponerse. Los trabajadores fueron alojados en fincas, cuyos propietarios debían correr con los gastos. Los nuevos alcaldes prohibieron las procesiones religiosas.

  La madrugada del 25 de Marzo de 1936, la escalada de la violencia dio un salto significativo: más de 60.000 campesinos sin tierra de Badajoz ocuparon casi 2000 fincas. La FNTT había repartido las fincas entre las familias, con la intención de iniciar un cultivo colectivo. Para evitar problemas, el gobierno legalizó la ocupación. Cuando llegaron las columnas franquistas se cobraron la revancha contra estos campesinos.

 

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  Hubo sucesos que demuestran lo problemático de las situaciones vividas. En Mayo de 1936, el presidente de la Agrupación Socialista, Teófilo García, celebró una reunión para hablar del desempleo en Fuente de Cantos. En respuesta a la evidente indigencia de los presentes, los niños y las mujeres que formaban parte del auditorio, los animó a ocupar una finca de los mayores terratenientes de la zona, el conde de la Corte, destinada al pastoreo de cerdos y ovejas. Los hambrientos se abalanzaron sobre los animales y los mataron como pudieron. En Quintanar de la Serena, un grupo de jornaleros entraron en una finca y mataron ovejas para alimentar a sus familias.

  La derecha consideró la intervención militar una necesidad para volver a su status anterior. El odio entre campesinos y propietarios era lo cotidiano. Muchos de los grandes terratenientes, duques, marqueses, condes, vivían en Madrid, Biarritz, París y visitaban de vez en cuando sus tierras para ir de caza y recibir a sus amigos. Aprovechaban su estancia para despreciar a sus trabajadores y se aprovechaban de las mujeres, hermanas e hijas de los obreros. Con el triunfo del Frente Popular, los trabajadores de la tierra vieron la oportunidad para cambiar las tornas.

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