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BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

A los piés de Baeza y Úbeda se divisan los campos de olivos más extensos de todo el planeta. La cosecha de la aceituna está en su auge durante estos días fríos de Febrero. Las almazaras están esperando para exprimir las aceitunas y transformarlas en el aceite más maravilloso que ningún otro lugar puede producir.

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Si la cercana Linares tiene un museo dedicado a su artista más famoso, Raphael, en Úbeda le dedican un bar a Sabina, el bar Calle Melancolía, cercano a la plaza renacentista más importante de la ciudad,  en Baeza al poeta Antonio Machado le dedican placas, estatuas y un paseo, y en la capital de la provincia, Jaén, el poeta Miguel Hernández, que por aquí pasó unos días durante la guerra civil, tiene un espacio dedicado a su vida y obra en el  palacio que alberga los baños árabe. Hay mucho arte en estas ciudades jienenses, de gentes sencillas y acogedoras, que se acuerdan de los que por aquí nacieron o pasaron. Gentes acostumbradas al trabajo en el campo y a las peonadas intermitentes.

Los amantes de la fiesta taurina tienen por estos pagos unas de las plazas de toros más antiguas del mapa taurino. Compiten en solera y elegancia con la de Ronda. Los toreros más afamados han lidiado los toros de las ganaderías que también pululan por estas tierras del norte andaluz.

La torre de la catedral de Baeza y la iglesia de Santa María de Úbeda fueron construidas, como muchas otras catedrales e iglesias en la península, sobre antiguas mezquitas. Los árabes construyeron en estas ciudades murallas defensivas, hoy apenas visibles. En su entorno se han habilitado paseos excelentes, que constituyen miradores privilegiados de los campos de olivos y del valle del Guadalquivir. El paseo de las murallas de Baeza está dedicado al poeta Antonio Machado, que llegó a esta ciudad en Octubre de 1912, intentado olvidar a su esposa Leonor, fallecida en Soria. Aquí, como en la ciudad soriana, impartió la docencia de francés en un instituto, que hoy le dedica un aula, en el barrio renacentista, cerca de la plaza de la catedral, rodeado de edificios que le han premiado, junto a la vecina Úbeda, con el título de ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Un paseo por las callejuelas del barrio de la catedral de Baeza, con neblina flotando en el aire, sin tráfico, te transporta a la época renacentista, a pleno siglo XVI. Úbeda es una ciudad con el doble de población. Sus monumentos, palacios, casonas, iglesias, conviven entre el marasmo de calles comerciales. Esto les quita encanto. Solo hay una excepción: la plaza del ayuntamiento y la cercana iglesia de Santa María, pero una comisaría de policía, en este espacio cultural, en un remanso de paz, no tiene sentido.

De Baeza y Úbeda esperas lo que encuentras, pues su sello de ciudades Patrimonio de la Humanidad así lo exige. Jaén sorprende. No te imaginas lo que te espera al iniciar la visita. Lo que la hace diferente son las callejuelas que suben hacia el castillo de Santa Catalina. Hay que caminar por las callejuelas de la judería y la morería, barrios que convivieron en paz con sus vecinos cristianos, antes o después de visitar en el palacio de Villardompardo los baños árabes y la exposición sobre Miguel Hernández, autor del himno de la provincia que habla de aceituneros altivos. Jaén es la capital de la provincia del mar de olivos. No tiene un mar azul, tiene un mar verde aceituna todo el año. En la provincia de Jaén hay plantados más de 60 millones de olivos. Desde Despeñaperros, Sierra Morena, a Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, pasando por el valle del Guadalquivir, todos los paisajes están inmersos en el verdor oscuro de los olivares.

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Baeza, Úbeda, Jaén: me quedo con las tres. Transmiten la tranquilidad de otra época y respetan tradiciones, arte y el trabajo de sus antepasados, los andaluces altivos, aceituneros jienenses.

 

Continuará...

 

Camino de Santiago (IV): por tierras castellanas

Camino de Santiago (IV): por tierras castellanas

Continuamos el camino, con los aspectos ecológicos como punto de referencia. Llegamos a tierras castellanas.  Redecilla del Camino es la primera población que el pregrino encontrará en Castilla, en la provincia de Burgos. Es un pueblo de tradición templaria, agazapado entre los ríos Reláchigo y Zamaca. En Belorado las cuevas naturales fueron utilizadas por los remitas durante la Alta Edad Media. Villafranca recuerda la ave esotérica de los viajeros compostelano. Se trata de la oca. Los peregrinos, cuentan las leyendas, cruzaban estas tierras, peligrosas por los bandidos que les asaltaban, protegidos por la fuerza de este animal vinculado a los tres elementos: agua, aire y tierra, porque las ocas nadan bien, vuelan mejor y andan ligeras. Los caminantes practicaban el juego de la oca, en agradecimiento; en las casillas del tablero de la oca estaban representados los peligros que se presentaban en la vida o en el camino. Junto a la ermita de la Virgen de la Oca surge un manantial de aguas salutíferas, donde beben los peregrinos. La leyenda sobre la muerte San Indalecio, evangelizador de la zona, está relacionada relacionada con el manantial. En San Juan de Ortega se atraviesa la vía verde del ferrocarril minero, cerca de Atapuerca.

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El río Arlanzón recibe a los caminantes al llegar a Burgos. Su catedral gótica, su Cartuja, su monasterio de las Huelgas, son símbolos del Camino de Santiago. Desde la fortaleza de Castrojeriz el peregrino podrá divisir la magnífica naturaleza burgalesa. Antes de abandonar tierra burgalesas, tras cruzar el río Pisuerga por el puente de piedra de Fitero, descubrirá la frescura del cauce, antes de entrar en tierra palentinas. 

El viajero entra en Tierra de Campos, una árida comarca que, durante los meses estivales, atrae los rayos solares y es un momento duro en el caminar. La escasez de vegetación es eterna. En los escasos pastos las ovejas se alimentan para ofrecer al viajero uno de los lujos gastronómicos de la zona, el queso de oveja palentino. Las esclusas del Canal de Castilla permiten el paso hacia el objetivo final. Carrión de los Condes, llena de monumentos icónicos del camino, es el final en tierras palentinas, el final de la áspera horizontalidad del paisaje, solo roto por los esqueletos de adobe de los palomares.

En Sahagún, en la Tierra de Campos leonesa, el panorama cambia: la fértil ribera del río Cea se presenta como un alivio después de jornadas a la intemperie soleada. En la capital, aconsejo que el peregrino aproveche la paz de los monumentos que puede visitar y en ellos relajarse o pasear: claustro de la catedral, palacio de los Guzmanes. En Trobajo del Camino se podrá contemplar una magnífica panoráminca de León, con el sinuoso curso del río Bernesga. Si hay fuerzas en la reserva, es una experiencia única desviarse hacia la Maragatería. En Foncebadón, en lo alto del monte Idago, se alza la Cruz de Ferro, un mástil de madera de roble de cinco metros de altura, coronado por la cruz de hierro. Pasar por este lugar, con los primeros rayos del sol cubriendo el horizonte, es un momento sobrecogedor. Mirando al sur, se contemplará la silueta de la montaña sagrada de la Maragatería, el Teleno. Las laderas de los montes sagrados del Bierzo, los Aquilanos, están horadadas de grutas naturales utilizadas por los peregrinos y por los primeros predicadores del cristianismo. Villafranca es la última etapa en tierras leonesas del Bierzo, antes de adentrarse en la agreste y sinuosa subida a O Cebreiro, en Lugo.

Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 

Los almendros florecen en las laderas de la sierras de Málaga, las que parecen surgir del Mediterráneo y elevarse hasta el firmamento, a poca distancia de las aguas revueltas y grises en estos días invernales de Enero. El autobús que parte de Nerja y lleva al viajero jubilado hasta Frigiliana, recorriendo los escasos siete kilómetros desde el pueblo turístico del Balcón de Europa, bullendo en sus calles los cientos de jubilados nórdicos que lo habitan estos meses fríos en sus países, permite divisar la riqueza de sus campos de frutales y echar un vistazo al cercano mar inmenso. El viajero se pregunta si el Paraíso existe debe estar aquí o muy cerca de aquí, o quizás sea Frigiliana y sus alrededores el mismo Edén.

La historia de Frigiliana está plamada en los mosaicos en forma de panel, situados en los rincones y callejuelas más emblemáticos del casco viejo. Nos hablan de las luchas de los moriscos por sobrevivir en su tierra. Nos cuentan historias personales de enfrentamientos contra la Inquisición, después de la Reconquista por las tropas cristianas. Un edificio antiguo llama la atención. Es la única fábrica de miel de caña de azucar que opera en el continente europeo. Este antiguo edificio fue construido a finales del siglo XVI como palacete-casa solariega por la familia Manrique de Lara, que fueron considerados los señores de Frigiliana desde 1.508.Su construcción es de estilo renacentista y ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados. Su usaron para su construcción materiales y partes que procedían del antiguo castillo árabe de Frigiliana, como son los sillares de entrada en su fachada,En la fachada, podemos ver unos preciosos balcones, rejas, un reloj de sol, así como un par de hornacinas que en su día estuvieron consagradas a San Raimundo y a la Virgen del Carmen. En la actualidad alberga, además de la única fábrica de miel de caña que existe en Europa,  una almazara que aún moltura las aceitunas con métodos artesanales.

Pasear por Frigiliana es hacer un viaje por el tiempo, ya que en el pueblo se conservan vestigios de 3 culturas, la islámica, la hebrea y la cristiana. Un ejemplo de la cultura islámica son los "adarves" o callejones que habían en las ciudades islámicas medievales, que en Frigiliana están intacto aún después del paso del tiempo.Estos callejones conducen a casas privadas y tienen una puerta de entrada y no tienen salida. Uno de ellos es el Callejón del Señor, en la entrada, hay una imagen de Cristo crucificado, con un farol con vela encendida, el techo de la entrada es como todos, de cañizo. La blancura de las fachadas, las flores y sobre todo la limpieza (de la que se encargan los vecinos) está prersente en cada rincón de Frigiliana.

Uno de los callejones más pintoresco y encantador del pueblo de Frigiliana, es el Callejón del Inquisidor, una pequeña y laberintica calle adornada de flores y con tramos de la misma techadas y cubierta aún por vigas de cañas. Olores de flores,el sonido del agua de la fuente,silencios, gatos dormitando y sobre todo la blancura de las fachadas solo rota por el colorido de las flores hacen que pasear por esta zona del pueblo envuelva al viajero jubilado en la sensación de estar en el Paraíso.

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Una nota histórica más del pueblo, que alecciona al viajero sobre los avatares sociales de tiempos no muy lejanos: En el año 1767,los Condes de Frigilliana decidieron construir un Pósito que contuviera todo el cereal que se producía en sus tierras,y que sirviera como deposito para todo el que sobrase en años buenos de cosecha para tener en los peores. El problema de esto es que ellos eran los que imponian el precio, y aunque la cosecha hubiese sido buena, algunos vecinos tenian que endedudarse con ellos para poder comer. De estos antiguos pósito solo se conserva parte de la fachada, ya que ahora están ocupados por viviendas particulares y tiendas de artesanía y vinos de la comarca.

De vuelta a Málaga, al entrar en Torrox, se puede leer: Torrox, el mejor clima de Europa. Y no les falta razón. Aunque se podría extender esta afirmación a toda la Costa del Sol, al Algarve portugués, a las costas alicantina y murciana, a Madeira, a las Canarias...Por eso, los jubilados del norte de Europa pasan los inviernos por estos lares. Aprovechan la calefacción natural del sol y se ahorran cuantiosas sumas de dinero en gas y electricidad para sus calefacciones en sus casas nórdicas.

Badajoz: en la antesala de la guerra civil (1936)

 

Apéndice al libro DIARIOS DE LA REINA DEL OCÉANO

 

   Con el triunfo de la izquierda, llegaron las venganzas. Se asaltaron las cárceles y liberaron a los presos de las huelgas del 34, se quemaron iglesias y conventos. Los felices campesinos, ante la nueva situación, desfilaron por los pueblos ondeando sus pancartas y sus banderas rojas. La legislación agraria quedó restablecida. Los terratenientes abandonaron sus mansiones, como ocurrió en Puebla de Alcocer. El laboreo obligatorio de la tierra en barbecho volvió a imponerse. Los trabajadores fueron alojados en fincas, cuyos propietarios debían correr con los gastos. Los nuevos alcaldes prohibieron las procesiones religiosas.

  La madrugada del 25 de Marzo de 1936, la escalada de la violencia dio un salto significativo: más de 60.000 campesinos sin tierra de Badajoz ocuparon casi 2000 fincas. La FNTT había repartido las fincas entre las familias, con la intención de iniciar un cultivo colectivo. Para evitar problemas, el gobierno legalizó la ocupación. Cuando llegaron las columnas franquistas se cobraron la revancha contra estos campesinos.

 

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  Hubo sucesos que demuestran lo problemático de las situaciones vividas. En Mayo de 1936, el presidente de la Agrupación Socialista, Teófilo García, celebró una reunión para hablar del desempleo en Fuente de Cantos. En respuesta a la evidente indigencia de los presentes, los niños y las mujeres que formaban parte del auditorio, los animó a ocupar una finca de los mayores terratenientes de la zona, el conde de la Corte, destinada al pastoreo de cerdos y ovejas. Los hambrientos se abalanzaron sobre los animales y los mataron como pudieron. En Quintanar de la Serena, un grupo de jornaleros entraron en una finca y mataron ovejas para alimentar a sus familias.

  La derecha consideró la intervención militar una necesidad para volver a su status anterior. El odio entre campesinos y propietarios era lo cotidiano. Muchos de los grandes terratenientes, duques, marqueses, condes, vivían en Madrid, Biarritz, París y visitaban de vez en cuando sus tierras para ir de caza y recibir a sus amigos. Aprovechaban su estancia para despreciar a sus trabajadores y se aprovechaban de las mujeres, hermanas e hijas de los obreros. Con el triunfo del Frente Popular, los trabajadores de la tierra vieron la oportunidad para cambiar las tornas.

La costa de Lisboa

LA COSTA DE LISBOA


 Los portugueses dicen: Quem não viu Lisboa, não viu cosa boa. La capital de Portugal es una ciudad con misterio desde los tiempos de los descubridores. Por su puerto descargaron las riquezas de Asia, África y América: tejidos de seda, abalorios de piedras preciosas, plantas y flores desconocidas, especias y perfumes de Oriente. La ciudad mira al Tajo perderse en el océano, con sus plazas soleadas, sus avenidas al estilo parisino, sus barrios en las laderas de las orilla del río. El terremoto de 1755 destruyó casi la totalidad de los edificios,  pero el esfuerzo de sus gentes la hicieron resurgir de las cenizas, más ancha y más moderna.
Solo por contemplar el arte manuelino, una exaltación de la imaginación y la exhuberancia, degustar sus pescados recién traídos del océano, comer el bacalao, cocinado con diferentes estilos, y beber sus vinos, merece la pena llegar a Lisboa y recorrer su costa.

Los comerciantes y los invasores, desde los fenicios a los españoles, han dejado sus huellas en esta región. Los árabes construyeron fuertes y castillos, que pueden verse a lo largo de la costa. A pesar del turismo que trajo una urbanización alocada, pueden todavía visitarse pequeños pueblos pesqueros.
Cuatro días serán suficientes para conocer los barrios de la ciudad y sus monumentos: Alfama, Chiado, Baixa y Avenida da Liberdade, Barrio Alto y Estrella, Belem. Los otros tres días el viajero jubilado tendrá la oportunidad de recorrer la costa lisboeta, Carcavelos, Estoril, Cascais, Ericeira, Cabo da Roca, y contemplar una ciudad de cuento de hadas: Sintra. Esta zona conoce un turismo tranquilo y selectivo, el silencio de la sierra y el romanticismo de los pequeños puertos pesqueros.
Por su clima, toda la región es ideal para pasar los veranos, pero también unas soleadas vacaciones en primavera, otoño e invierno.


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Personajes lisboetas:
Amália Rodrigues: símbolo del fado, la tradición musical portuguesa por excelencia, caracterizada por expresar mediante sus melodías la tristeza de la vida.
Fernando Pessoa, el poeta de Lisboa.

 Ruta A: Lisboa:
El puente 25 de Abril es uno de los iconos de la capital portuguesa. Une el barrio de Alcántara con la orilla derecha del Tajo, donde surge una estatua de Cristo Rey, réplica en pequeño de la de Río de Janeiro.
El recorrido por Lisboa debe incluir:
Rossio, Plaza de Los Restauradores, la Plaza del Comercio, en el barrio Bajo.
El Chiado, la iglesia do Carmo, el Museo de arte sacro, en el barrio Alto.
El Catillo de San Jorge y sus alrededores: Casa dos Bicos, catedral, mirador de Santa Lucía, Museo de Artes Decorativas.
El barrio de Alfama, con sus callejuelas estrechas y misteriosas, donde viven pescadores y surgen iglesias por doquier.
Zona de Belem: Torre de Belem, Monasterio de los Jerónimos.

Ruta B: costa lisboeta
Sintra, la ciudad de la fantasía, con sus palacios y castillos.
Cascais, con su puerto pesquero, su ciudadela, sus rincones con aroma antiguo.
Estoril, cuna de espías, con el casino más grande de Europa.
Setúbal y Sesimbra.


 En los alrededores:

Palacio de Mafra y monasterio. Barroco en su pureza máxima.
Ericeira: playas de ensueño.
Palacio Nacional de Queluz.

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Alojamientos recomendados:

 En Lisboa: El Radisson Blu Lisboa es un hotel de cuatro estrellas superior, con estilo, personalidad y buen gusto. Sus estrellas se sienten en los detalles, en la calidad del servicio y en la elegancia de los espacios. Las habitaciones, insonorizadas y particularmente espaciosas, fueron diseñadas y decoradas con vista a garantizar la máxima comodidad. El Restaurante Bordalo Pinheiro, premiado recientemente en el ‘7º Concurso de Gastronomía con Vino de Oporto’y en ‘Lisboa à Prova’, ofrece una gran variedad de platos de la cocina local e internacional. En el Bar Malhoa, podrá disfrutar buenos momentos, con música en vivo y ver grandes eventos deportivos en la pantalla gigante. 
Para la ruta B: Desde Cascais se puede llegar a la costa lisboeta en poco tiempo:
Hotel Farol, sobre el océano y al lado del puerto marina.

 Qué comer:

Bacalao à bras, la caldeirada (sopa de pescados), mariscos.
Sardinas, rodaballo, lenguado, bolinhos de bacalao.
Vino oporto y vinho verde.


  Cómo llegar a Lisboa:

A Lisboa se puede llegar de mil formas. Si el viajero jubilado es atrevido, puede conducir su coche. Desde Madrid se llega en poco más de cinco horas. 
En tren: el Lusitania Exprés hace el trayecto desde Madrid, en un viaje nocturno de diez horas de duración.
Desde toda la península llegan autobuses a Lisboa.
Todas las líneas aéreas, incluidas las de low cost, aterrizan en el aeropuerto lisboeta.
Para moverse por la costa: el tren de cercanías de la línea Cais do Sodré- Cascais.
En Lisboa existen líneas de metro que comunican todos los barrios de la ciudad.
Para los románticos de los viajes: el tranvía. 


Libros para leer antes del viaje:

Leer a José Saramago es una obligación antes de llegar a Lisboa. Recomiendo su libro “Viaje a Portugal”:
Conocer un país significa comprender, de la manera mas exacta posible, su paisaje, su cultura y el pueblo que lo habita, por eso José Saramago viaja a Portugal y ofrece al lector el autentico rostro de una tierra inagotable. Con un itinerario que, desde Tras-os-Montes hasta el Algarve y desde Lisboa al Alentejo, recorre todo el país, Viaje a Portugal es la reproducción escrita de las múltiples impresiones recogidas por la sensibilidad de un viajero siempre atento a lo que ven sus ojos. Saramago intenta comprender con su obra la realidad de Portugal y descifrar al mismo tiempo su pasado. Leer este libro será una revelación para quienes desean conocer el país vecino, y un autentico placer de la memoria para quienes ya lo conocen y sin duda retornaran a el.


Libro interesante sobre una pescadora de Cascais y su relación con un refugiado extremeño fugitivo del ejército franquista:
“Diarios de la reina del océano” de Pablo Pascual:
Al cumplir los dieciocho años, la protagonista Amália Machado empieza a escribir su diario, en el que narra todas sus vivencias. Estamos a finales de Agosto de 1936. Miles de refugiados españoles cruzan la frontera con Portugal para escapar de la represión de las tropas rebeldes. Uno de estos refugiados en Cascais es Antonio Padilla, extremeño de Badajoz, que ha sufrido la barbarie de los soldados franquistas al conquistar la ciudad. En la ciudad portuguesa se conocen los dos protagonistas y se inicia una relación que durará lo que dura los dos diarios de Amália. Esta varina, vendedora del pescado que su padre y hermano traen del mar, quiere navegar en la barca, ser pescadora. Es su ilusión. Luchará contra todos para conseguirlo.
Con el trasfondo de la guerra civil y la posguerra españolas, la protagonista tiene que hacer frente a todos los avatares de la situación personal, familiar, social y política. La dictadura de Oliveira Salazar, junto al desarrollo de la guerra mundial, la llegada de los reyes destronados en los países ocupados por los nazis, el trasiego de los espías, son otros de los elementos presentes en el libro.

Películas de interés para el viajero jubilado a Lisboa:

 “Sostiene Pereira”:
Lisboa, 1938. Dictadura de Salazar. Adaptación de la novela homónima del escritor italiano Antonio Tabucchi. En 1938 (anexión de Austria por Alemania), cuando los totalitarismos triunfan en Europa, un periodista que ha trabajado siempre en la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de su periódico. Su sentido fúnebre de la cultura chocará con el espíritu vitalista de un joven colaborador. La estrecha relación que mantiene con él desencadena una crisis personal que altera radicalmente la vida del maduro periodista

"Fados" de Carlos Saura: tras más de dos años de investigación sobre el fado, Saura da un salto importante en su aproximación al musical. Si en los musicales anteriores, "Iberia", "Flamenco", "Tango" se apoyaba en la danza, en “Fados” refleja el nacimiento de la música arrabalera, portuaria, que es en sí misma una síntesis de todas las músicas nacidas a fines del XIX.

 Webs útiles:

http://lisbon-portugal-guide.com/lisboa-portugal-es.html
En esta guía encontrará una introducción a Lisboa que incluye las respuestas a las preguntas más comunes a la hora de irse de vacaciones, además de ofrecer enlaces a información adicional más detallada.

http://lisbonbeaches.com/playa-lisboa/cascais-estoril-lisboa-costa-playas-es.html
Web sobre la costa de Lisboa:
Hay muchas playas estupendas a lo largo de la línea costera de Estoril, que es la extensión de costa comprendida entre Lisboa al este y Cascais al oeste. Todas estas playas están conectadas mediante un servicio de tren frecuente y económico, lo cual convierte esta franja de costa en el destino ideal para una excursión de un día desde Lisboa.