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Países Bálticos (II)

PAÍSES BÁLTICOS (II)

Podría decirse que la independencia de los países bálticos en 1991 de la antigua URSS fue una singing revolution/revolución cantada, por las manifestaciones pacíficas de la gente, llenando avenidas y cantando sus canciones tradicionales folklóricas. Los tres países, Estonia, Letonia y Lituania, tienen una tradición de coros y danzas milenarias, que les han valido la consideración de patrimonio mundial inmaterial por la UNESCO. Durante los meses de verano, cuando el hielo y la nieve desaparecen, celebran sus festivales en los que cantan y danzan miles y miles de personas. Es un signo de identidad de estos países del Báltico. En la enseñanza secundaria la asignatura de canto coral es obligatoria durante un curso y podría decirse que todos los estonios, letones y lituanos cantan los cánticos tradicionales con maestría.

El castillo de Tallin que los alemanes feudales erigieron con ladrillos rojizos de arcilla está en la zona alta de la ciudad, junto a la catedral ortodoxa de Alexander Nevski, con sus cúpulas encebolladas. En los miradores de esta parte de la ciudad puede verse la ciudad medieval  y, al fondo, el puerto y el mar. Antes los pescadores poblaban la bahía con sus barcas, hoy es la zona de los ricos rusos, que aquí, como en los tres países bálticos, son los dueños de los mejores edificios.

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Cerca de Sigula, ciudad que significa el bosque de los jabalíes, hay un enorme parque con esculturas que representan las canciones letonas. Por esta zona occidental de Letonia, vivieron hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial los livones, pueblo que ha desaparecido por las represalias de nazis y soviéticos y fue absorbido por las comunidades invasoras. Muy cerca del parque hay unas ruínas de un castillo de la orden teutónica de los livones. El palacio cercano, antigua residencia del gobernador ruso, se convirtió en un cardiosanatorio para los astronautas rusos que volvían del espacio, como el primer cosmonauta, Gagarin.

En Riga destaca su barrio modernista, en una ciudad donde hay más de 700 edificios de este estilo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los mismos pertenecía a los ricos comerciantes judíos. Los nazis exterminaron en el campo de concentración de Riga a unos 70.000 judíos, por lo que los propietarios de estas elegantes viviendas son, ¡cómo no!, los ricos rusos, que se permiten no pagar impuestos y lucir sus cochazos por las distinguidas avenidas de la capital de Letonia. En la ciudad reside la mitad de la población de Letonia, con un 50% de rusos. Como anécdota, se puede apuntar que el millonario George Soros, judío húngaro, compró uno de estos edificios y lo transformó en Universidad privada, donde estudian los hijos de millonarios rusos e hijos del cuerpo diplomático. Pueden verse en los alrededores elegantes coches con matricula CD, cuerpo diplomático. Una afrenta para los trabajadores letones, con un sueldo medio de 450 euros y con unos impuestos del 35%. En el campo, donde la gente está empobrecida, apenas hay gentes de otras procedencias. Por eso, es imprescindible, si se quiere conocer la realidad de este país y de los otros dos, detenerse en alguna de las comunidades rurales, donde el nivel de vida está a años luz del occidental medio y donde te recibirán con una bienvenida no fingida, auténtica, con el cariño que solo se da en los pueblos.

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Una de las curiosidades de la capital letona son sus naves del mercado, antiguos hangares para la construcción de zepellines. Aquí el viajero jubilado encontrará los productos frescos de los campos letones, observará de primera mano el vestir, el hablar, el conversar de los campesinos que traen las hortalizas, carne y pescado, fresco y en salazón, para ofrecerlo a sus asiduos clientes. La catedral luterana de Santa María, levantada  en 1212 por los caballeros cruzados que cristianizaron a los paganos de estas tierras en el siglo XIII, fue reconstruida por el zar Pedro el Grande en 1718. Es de destacar el órgano con casi 7000 tubos.

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El palacio de Rudale, cerca de la frontera con Lituania, parece ser una visita obligada para los grupos de turista que acuden aborregados a visitarlo, pero para el viajero jubilado que va por libre no es esencial, pues hay cientos, miles, como este monumento y que probablemente ya haya visitado. Es mejor aprovechar el tiempo en otras visitas, que en contemplar los lujos de aristócratas indolentes y gandules.

 

 

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

Países de lagos, llanuras infinitas y de bosques. Los países bálticos carecen de montañas, por eso, a la más mínima altitud le llaman montaña, aunque no pase de ser una colina mal trazada. Vilnius, la capital de Lituania, se extiende, como Roma, sobre siete colinas, enanas, pero colinas al fin y al cabo. Hace frío en invierno y el viento es helador. Las nubes amenazan desde un firmamento gris y triste. En verano el cambio es radical. Los días son eternos porque no llega a anochecer. Solo oscurece y el sol vuelve a salir sobre las tres y media de la madrugada. El viajero jubilado extraña esta situación. Espera el anochecer que nunca llega y un color rojizo inunda el horizonte.

A los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, nombrados de norte a sur, el ejército rojo los liberó de los nazis en 1944, pero estuvieron casi cincuenta años liberándolos para que supieran lo que es ser libres bajo el yugo estalinista. Este año 2018 celebran los tres países el centenario de su primera independencia, después de siglos de ocupación alemana o danesa o sueca o rusa, que todos estos pueblos invadieron las tierras bañadas por el mar Báltico. Durante la ocupación soviética y en el tiempo de los zares, cientos de miles de rusos emigraron a estas regiones por motivos económicos, de repoblación, auspiciada por el poder ruso, o económicos, para controlar todos los recursos. En Estonia y Letonia los rusos o sus descendientes suponen casi la mitad de la población, sobre todo en las ciudades. En Lituania no llega a este nivel, pero también hay numerosas comunidades rusas. Después de su independencia en 1991 los gobiernos de Estonia y Letonia denegaron la nacionalidad a los rusos o aquellos con abuelos o ascendientes familiares rusos. Solo pueden conseguir la nacionalidad después de un examen en el que tienen que demostrar su capacidad de hablar y entender el estón o letón. Los más mayores no pueden conseguirlo y permanecen en una situación paradójica, extranjeros en la tierra en que nacieron.

La religión es otro de los aspectos a tener en cuenta por el viajero. Los dos países más al norte, Estonia y Letonia, con más influencia alemana desde la llegada de los caballeros teutones, son luteranos, aunque más de la mitad de la población se declara no creyente. En Lituania, con influencia polaca fuerte porque con ellos compartieron nación durante muchos años, son mayoritariamente católicos practicantes. En Vilnius hay casi cincuenta iglesias, que durante los domingos se llenan de fieles para seguir la ceremonia religiosa. En los tres países hay importantes comunidades ortodoxas que acuden a sus catedrales e imponentes iglesias, convertidas durante la época soviética, al igual que las catedrales e iglesias católicas,  en museos del ateísmo, garajes, almacenes, caballerizas, cuarteles militares, hoteles...La práctica religiosa no estaba prohibida, pero era mal vista por las autoridades soviéticas, de tal forma que los que acudían a las iglesias o celebraban la Navidad a escondidas de sus vecinos, soplones probablemente del KGB, engrosaban las listas negras que les impedían acceder a los pisos oficiales, a las subvenciones estatales, al campamento de sus hijos en verano o la entrada en la universidad.

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En Tallin, capital de Estonia, el KGB tenía sus oficinas en los últimos pisos del imponente hotel Viru, edificio más alto construido por los soviéticos hasta el año 1972. Los estonios dicen que fue construido con microcemento, la mitad de cemento y la otra mitad con los micrófonos espías. Esta ciudad fue un enclave importante dentro de la liga hanseática medieval, que englobaba ciudades alemanas y del norte europeo con un objetivo de apoyo comercial y defensivo, antecedente de la actual Unión Europea.

Los barrios antiguos de las tres capitales bálticas, Tallin, Riga y Vilnius, forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, por su valor histórico y artístico y conservan su esencia. Aquí los viajeros jubilados encontrarán ejemplos del mejor gótico, barroco, neoclasicismo, de murallas medievales o de iglesias y catedrales que impresionan. En las oficinas de información les detallarán los itinerarios y les proveerán de mapas y planos útiles. Solo unos humildes consejos: para comer, eviten estos barrios porque los precios se duplican con respecto a otras zonas; si pueden, asistan a un concierto de música coral o de danzas tradicionales, ambos Patrimonio inmaterial de la Humanidad, como el fado en Portugal o el flamenco en España; tengan cuidado de los carteristas que pululan en la iglesia de St. Olav, en Tallin, el edificio más alto de Europa entre 1549 y 1625; si tienen intención de pasar un día en Helsinki, no hace falta apuntarse a una excursión: el puerto de Tallin está muy cerca del centro de la ciudad y hay muchas navieras que le acercaran a la capital de Finlandia y les traerán de vuelta por la noche. Así se ahorrarán unos cuantos euros.

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La aguja de la torre de St. Olav, sobresale en el cielo grisáceo, por momentos azul. Es uno de tantos monumentos que visitar en Tallin. Lo que más impresiona al viajero jubilado no es las torres de las iglesias o las murallas medievales de Tallin y de las otras ciudades bálticas, lo que de verdad le llama la atención es el aire de tristeza en el rostro de los ciudadanos, que viven día a día la gris apariencia de estas tierras, que están saliendo de una época todavía más sombría, los cincuenta años de ocupación soviética, como si todavía conservaran en su ADN celular las atrocidades a las que fueron sometidos sus antepasados por soviéticos y nazis. La expresión es fría, distante, sin un ápice de alegría en sus rostros. Quizás el tiempo desapacible, el sol que apenas llega, la carestía de la vida, los bajos salarios, el contraste con los invasores turistas, que, como los grupos de japoneses, indeseados por los nativos, lo compran todo, desde ámbar al artículo más ridículo, y han hecho subir los precios. O como los grupos de finlandeses que llegan a Tallin a comprar alcohol barato, no sujeto a los altos impuestos de su gobierno, y pasan días borrachos hasta regresar a su rico país. Estas gentes del Báltico merecen un apoyo por parte de los países occidentales, de sus socios europeos. Para preservar su patrimonio, que también lo es del mundo.

Polop de la Marina

POLOP DE LA MARINA

 

Desde lo alto del castillo de Polop de la Marina se divisan las aguas azules del Mediterráneo.  En este lugar de antiguas murallas, fortaleza árabe durante las batallas de la reconquista cristiana, se estableció el cementerio,  donde Gabriel Miró se inspiró para describir personajes y lugares de su obra. El castillo fue construido por los árabes en los siglos XII-XIII cuando los cristianos comenzaban a internarse en territorio musulmán.

Cuando Jaime I conquistó Valencia en 1238 el declive del mundo musulmán y el avance de los cristianos es un hecho en territorio hispano. A partir de entonces, el castillo de Polop se convirtió en un castillo de frontera entre los reinos de Aragón y Castilla. La conquista cristiana trajo un nuevo orden social y económico.  Los territorios conquistados fueron pasando a manos de los distintos señores que los gobernaban, como ocurrió en Polop. Las rebeliones mudéjares ante el abuso de los cristianos generaron mucha inestabilidad. El castillo y su área de influencia permanecieron en manos árabes hasta el final del siglo XIII. La población era de mayoría musulmana. Después de la revuelta mozárabe de 1277, los colonos cristianos ocuparon el interior del castillo y los musulmanes se refugiaron en los arrabales.

El  castillo fue testigo de uno de los momentos más terribles en la historia de los mudéjares. El 18 de Agosto de 1521 tuvo lugar la matanza de los musulmanes que se habían refugiado en el castillo. Se cuenta que fueron masacrados más de ochocientos.

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Afortunadamente, hoy Polop es un oasis en la costa Blanca, comparado con la marabunta de los turistas de la cercana Benidorm. Aquí  el viajero jubilado encontrará el sosiego perdido en la última ciudad, cercada por los ruidos infernales de fiestas de despedida, de borrachera infinita, de locales estresantes. La brisa del mar y un microclima especial han permitido  que este pueblo, oloroso de azahares, en el centro de verdes al pie del monte Ponoig, sea el contrapunto del bullicio que se extiende por las calles y avenidas de Benidorm.

Es un pueblo agrícola que produce vino y pasas, nísperos, cítricos y almendros. Es un paraíso para los senderistas,  para los ornitólogos, pintores, fotógrafos y escritores.

El escritor alicantino Gabriel Miró puso a Polop de la Marina en el mapa al situar una de sus obras más importantes, la novela Años y Leguas, en este pueblo de la Marina Baja. Por eso, el pueblo le ha dedicado un museo, digno de una visita. Sus suelos de azulejos, techos pintados y barandillas talladas hacen del museo un excelente ejemplo de arquitectura modernista. Desde aquí podemos iniciar la visita al casco antiguo.

La plaza de los Chorros, con sus 221 caños de agua, está junto a la casa museo del escritor. Subiendo hacia el castillo nos encontramos con la la plaza de la Purísima, la casa del Pósito, antiguo almacén para las reservas de cereales, ahora Aula de Cultura.

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La familia Miró llegó a Polop en 1921. Una de las hijas del escritor, Clemencia, necesitaba un clima más apacible que el de Madrid. Eligieron el pueblo, aconsejados por el compositor

Oscar Esplá, y se instalaron en una casa de campo amplia en las afueras del pueblo, emplazada en el interior de una finca conocida como Les Fonts, por situarse cerca del cauce donde nacen las fuentes.

 

Fosas comunes de victimas de la Guerra Civil y el franquismo

FOSAS COMUNES DE VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO

 

Los familiares de los desaparecidos durante la Guerra Civil y las represalias del franquismo se están moviendo. Así ocurre con los enterrados en Cuelgamuros, en el Valle de los Caídos, donde se esperan continúen las exhumaciones de enterrados en la mayor fosa común de España. Un juzgado de El Escorial permitió entrar al lugar donde está enterrado Franco para sacar a los hermanos Manuel y Antonio Lapeña, asesinados por los golpistas en 1936. Era la primera sentencia de este calibre, cumplida dos años después no sin superar antes un sinfín de obstáculos. Patrimonio Nacional accedió a rescatar a los combatientes franquistas Pedro Gil Calonge y Juan González Moreno. De ahí, el 23 de abril de 2018 los peritos de la institución perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han entrado en Cuelgamuros.

Una sobrina nieta de José Antonio Marco, que fue secuestrado de su casa y asesinado en las tapias del cementerio de Calatayud (Zaragoza) asegura que el cuerpo fue sepultado en la fosa común del camposanto local el 2 de septiembre del 36, hasta que en abril del año 59 llegan unos camiones, proceden a exhumar la fosa y trasladan los restos al Valle de los Caídos.

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La nieta de José Cansado Lamata y  su hermano Antonio Cansado Lamata cree que están en el mismo columbario que otra decena de personas asesinadas y enterradas en una fosa de Morata de Jalón. Son los 12 de Ateca. Y cuentan que fueron obligados por los fascistas a cavar su propia tumba. La familia Cansado también participó en el escrito de denuncia ante la ONU el abogado Eduardo Ranz, que también ha impulsado la exhumación de los Lapeña.

Los restos óseos de los hermanos Cansado y el resto de víctimas de Ateca acabaron en el Valle de los Caídos en el año 59. Tienen la esperanza es que este proceso termine, y cuanto antes, mejor. Aunque para llegar hasta aquí hayan hecho falta seis años de vericuetos judiciales. Y añaden que se conseguirá porque no existe odio ni rencor, sólo ganas de tener a los suyos en sus sitios de origen.

Por otra parte, se han dado a conocer las actualizaciones con respecto a la provincia de Málaga. Actualmente, hay un total de 99 fosas comunes localizadas en las que se calcula que puede haber unas 5.000 víctimas enterradas. Ruiz Espejo, delegado del Gobierno, ha anunciado que se están realizando investigaciones en los municipios de Alfarnate y Colmenar donde se realizarán intervenciones de indagación, investigación, localización, delimitación, exhumación y estudio de víctimas en fosas comunes. También se continuarán con los trabajos que se están realizando en Villanueva de la Concepción. En el caso de Alfarnate, se espera que se encuentren alrededor de 16 cuerpos a los que se les añadirán los resultados de las futuras exhumaciones en los municipios de Alameda y Campillos, que se sumarán a las ya realizadas en Álora, Colmenar y Cártama.

La Junta de Andalucía ha abierto una Oficina Provincial de Memoria Democrática, con el objetivo de crear un punto de atención a las víctimas con el que se pretende recoger información y testimonios relevantes para poder avanzar con las investigaciones junto a la Dirección General de la Memoria Democrática. La oficina, que se encuentra en la misma Delegación del Gobierno, esta abierta para todas aquellas personas que quieran recaudar información o ayudar en la localización, dignificación y recuperación de nuevos cuerpos.

En la provincia de Málaga encontramos un total de nueve lugares nombrados como 'Lugares de Memoria Histórica'. El cementerio de San Rafael, la antigua cárcel de mujeres, la Antigua Prisión Provincial de Málaga, cementerio de Teba, cementerio de San Lorenzo, la fosa común de Istán, el cementerio de Villanueva de Cauche, la carretera Málaga-Almería y el lugar donde fue asesinado Manuel José García Caparrós; a los que se les añadirá próximamente el Palacio de la Aduana.

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La carretera que conecta Málaga con Almería se convirtió en la única salida para aquellos que estaban siendo perseguidos por los sublevados. Gentes de Cádiz, Córdoba, Sevilla, Huelva e incluso Extremadura se refugiaban en Málaga de la persecución sufrida por el bando sublevado. Cuando, estos llegaron a Málaga, la única vía era la carretera que unía a Málaga con Almería. Se calcula que casi 300.000 personas escaparon de Málaga por dicho lugar, donde fueron sorprendido por el ejército sublevado y los apoyos internacionales del mismo. Se consideran que esos ataques son de los peores que han ocurrido en una guerra durante el siglo XX y que actualmente se cree que se pueden encontrar entre 5.000 y 15.000 víctimas.

 

Madrid: Marzo-Abril, 1939

Madrid: Marzo-Abril, 1939

 

Fue a finales de Marzo del año 1939, el final de la cruel guerra civil en España, cuando los madrileños, los que apoyaban al ejército rebelde del general Franco, se atrevieron a colgar las banderas rojigualdas de sus balcones y ventanas. Los soldados franquistas no entraron como se supone a los que ocupan una ciudad vencida. Semanas antes, el coronel Casado había entregado la ciudad a las tropas de Franco, dando un golpe contra el gobierno de Negrín, un gobierno en desbandada, contra un presidente de la República ya en el exilio francés. No hubo entrada formal de las tropas en la ciudad antes de la rendición del comandante de las fuerzas republicanas, el teniente coronel Prada, ante el coronel Losas, jefe de las fuerzas franquistas, en la Ciudad Universitaria, a la una de la tarde del martes 28 de Marzo. No hubo desfile del ejército victorioso. Eso lo dejaron para otro día. Muchos soldados llegaron el centro de Madrid en metro.

La capital fue tomada por los franquistas desde dentro de la ciudad, por los quintacolumnistas, los grupos afines a los golpistas, que sabotearon, espiaron e hicieron listas con los elementos más radicales de las filas republicanas, entre otras actividades. Los días 26 y 27 de Marzo todos los presos derechistas estaban fuera de las prisiones. Los que pudieron escapar a las sacas de Noviembre del 36, cuando el terror rojo expandió sus redes y asesinó a centenares de prisioneros adictos a los rebeldes, después de sacarlos de las cárceles de Madrid, subirlos a autobuses y fusilarlos en Paracuellos del Jarama y localidades cercanas. Llegó la hora de la revancha en Marzo de 1939 y los de la Quinta Columna no esperaron para actuar. Con los soldados republicanos en desbandada y la deserción en masa, que habían abandonado las trincheras, hubo momentos de encuentro pacífico por parte de los soldados de ambos bandos. Para ellos la paz era un hecho. No para sus generales.

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El  día 28 las calles estaban repletas de gentes que daban vítores a Franco, especialmente en el barrio de Salamanca, un lugar que nunca fue bombardeado por los aviones franquistas. Pero muchos madrileños prefirieron no quedarse a contemplar la entrada de los franquistas en su ciudad. Unos quince mil huyeron a Alicante, esperanzados en encontrar un barco que los llevase al exilio. Un barco que nunca apareció. Entre los huidos estaban el antiguo alcalde y gobernador civil de Madrid. También cientos de mujeres y niños. Fueron conducidos, prisioneros, al triste campo de concentración de Albatera. Volverían a Madrid para ser juzgados y condenados, la mayoría, a penas severas, cadena perpetua o al pelotón de fusilamiento.

(Continuará…)

Si estás interesado en el tema, mi libro DIARIOS DE LA REINA DEL OCÉANO recoge episodios como el de la huída de republicanos al exilio o sus condenas en España.