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Soria, poesía, naturaleza y románico

SORIA: POESÍA, NATURALEZA, ROMÁNICO


 Páramos cruzados por Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid; lugar de históricas batallas; cuna del románico más puro; tierra cantada por insignes poetas; espacios naturales donde el viajero jubilado puede perderse y recuperar el sosiego. Esto es Soria y su provincia.
Asombra la heterogeneidad de la provincia soriana, donde se pasa del llano más desértico a los espesos pinares y altas cumbres,  como la sierra del Moncayo y los Picos de Urbión, donde nace el río Duero, otro de los iconos de Soria.
El pasado es parte del presente: Numancia, Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor, Tiermes, Uxama, Medinaceli, los pequeños pueblos que albergan una iglesia románica, nos recuerdan la importancia histórica de estos parajes, ahora sumidos en el olvido institucional.
De la diversidad del paisaje soriano hablan el Valle del Razón, hermoso, fresco, verde y fértil como el campo irlandés; los castillos árabes o cristianos que pueblan colinas y poblados; las Tierra Altas, comarca tatuada por las huellas de los dinosaurios; los castros celtibéricos, situados en lugares estratégicos de la serranía del Norte.
         

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Personajes ligados a Soria: 
Los poetas Antonio Machado, Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer. Personajes históricos: Publio Cornelio Escipión, que dirigió el asedio a Numancia; Almanzor, el líder musulmán que fue derrotado en Calatañazor.

El clima es típicamente de interior continental: inviernos fríos, con nevadas ocasionales, y veranos extremadamente calurosos. Por eso, se recomienda la visita en la primavera o el otoño.

 Necesitaríamos más de un mes para degustar bien los paisajes sorianos y sus pueblos, su riqueza artística y natural, pero el objetivo de esta guía es diseñar rutas para una semana de duración. Porque el viajero jubilado tiene que regresar relajado y no cansado a su lugar de residencia. Soria les devolverá el ánimo y el sosiego.

Ruta A: La capital. Numancia. Naturaleza:

Soria, una ciudad de poetas, de plazas, de iglesias románicas: Iglesia de San Juan de Rabaneda,  Iglesia de Santo Domingo, Arcos de San Juan de Duero. 
Paseo por la orilla del Duero hasta la ermita de San Saturio.
Huellas de Machado en Soria.
El acebal de Garagüeta, el mayor de Europa.

 La laguna Negra y Vinuesa.
Picos de Urbión y nacimiento del río Duero.
El Valle del Tera.
El Moncayo y Ágreda, pueblo de las tres culturas.
Almazán con su muralla árabe y su casco antiguo. 

Ruta B: El Burgo de Osma. Cañón del Río Lobos.
Catedral y su barrio en el Burgo de Osma.
Ruinas de Uxama.
Cañón del Río Lobos y su fauna y flora.
Castillo de Ucero.

 Calatañazor: pueblo medieval y su castillo-fortaleza.
Sabinar de Calatañazor.
La Fuentona en Muriel de la Fuente.
Almazán con su muralla árabe y su casco antiguo. 

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Alojamientos:
 Para la ruta A: Parador de Soria:
Enclavado en lo alto de un bosque, el Parador de Soria es un lugar privilegiado desde el que contemplar una extraordinaria panorámica de la ciudad monumental y el caudaloso Duero. Sus espléndidos ventanales ofrecen un paisaje único. Y pronto te darás cuenta de que la sombra de Antonio Machado, presente en toda la ciudad, también se aprecia en el Parador. El restaurante, de aspecto moderno, ofrece comida tradicional soriana, como las exquisitas alubias, las migas, el asado de cordero o las sopas de ajo; aunque también podrás disfrutar de preparaciones más vanguardista, como el cochinillo deshuesado y prensado o recetas innovadoras como el costillar de cordero lechal.

Para la ruta B: Hotel Virrey Palafox en El Burgo de Osma:
El Hotel Virrey se encuentra en pleno casco histórico de El Burgo de Osma. Un formidable hotel de cuatro estrellas concebido para disfrutar del patrimonio y cultura de la villa.

Gastronomía:

Torrezno de Soria, con denominación de origen.
Mantequilla de Soria. Migas pastoriles. Cordero asado.


Transportes: La mejor opción para llegar a Soria es el coche propio o bien el autobús. A Soria arriban buses desde Madrid, Pamplona, Valladolid, Salamanca, Logroño, Barcelona. Para moverse por la provincia el coche propio les dará libertad para amoldar sus tiempos. Otra posibilidad es el alquiler de un coche para recorrer la provincia, una vez han llegado a la capital. Existen conexiones por bus entre los principales núcleos, pero con horarios espaciados.

Libros para leer antes, durante o después del viaje:
 “La Tierra de Alvargonzález” de Antonio Machado.

“Leyendas” de G.A. Bécquer.

Película para ambientarnos con el paisaje:
 “El cielo gira”: Mercedes Álvarez, directora de este documental, regresa a sus orígenes para contemplar la extinción de un pueblo al tiempo que intenta recuperar las imágenes del mismo lugar cuando aún rebosaba vida, cuando, a principios de siglo, el pueblo contaba con cuatrocientos habitantes. La intención de la narradora no es otra que mostrar la decadencia del pueblo, su desaparición, pero captarla mientras ocurre, no a posteriori, a fin de dejar los hechos anclados en la memoria. Una historia extrapolable a los muchos pueblos fantasma que hay ya en España que no sólo olvidan su historia, sino también su paisaje. Sólo quedan 14 habitantes en el pequeño pueblo de Aldealseñor, una localidad de los páramos altos de Soria. Pertenecen a la última generación tras mil años de historia ininterrumpida, y es muy probable que la vida del pueblo se extinga con ellos. 

Países Bálticos (II)

PAÍSES BÁLTICOS (II)

Podría decirse que la independencia de los países bálticos en 1991 de la antigua URSS fue una singing revolution/revolución cantada, por las manifestaciones pacíficas de la gente, llenando avenidas y cantando sus canciones tradicionales folklóricas. Los tres países, Estonia, Letonia y Lituania, tienen una tradición de coros y danzas milenarias, que les han valido la consideración de patrimonio mundial inmaterial por la UNESCO. Durante los meses de verano, cuando el hielo y la nieve desaparecen, celebran sus festivales en los que cantan y danzan miles y miles de personas. Es un signo de identidad de estos países del Báltico. En la enseñanza secundaria la asignatura de canto coral es obligatoria durante un curso y podría decirse que todos los estonios, letones y lituanos cantan los cánticos tradicionales con maestría.

El castillo de Tallin que los alemanes feudales erigieron con ladrillos rojizos de arcilla está en la zona alta de la ciudad, junto a la catedral ortodoxa de Alexander Nevski, con sus cúpulas encebolladas. En los miradores de esta parte de la ciudad puede verse la ciudad medieval  y, al fondo, el puerto y el mar. Antes los pescadores poblaban la bahía con sus barcas, hoy es la zona de los ricos rusos, que aquí, como en los tres países bálticos, son los dueños de los mejores edificios.

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Cerca de Sigula, ciudad que significa el bosque de los jabalíes, hay un enorme parque con esculturas que representan las canciones letonas. Por esta zona occidental de Letonia, vivieron hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial los livones, pueblo que ha desaparecido por las represalias de nazis y soviéticos y fue absorbido por las comunidades invasoras. Muy cerca del parque hay unas ruínas de un castillo de la orden teutónica de los livones. El palacio cercano, antigua residencia del gobernador ruso, se convirtió en un cardiosanatorio para los astronautas rusos que volvían del espacio, como el primer cosmonauta, Gagarin.

En Riga destaca su barrio modernista, en una ciudad donde hay más de 700 edificios de este estilo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los mismos pertenecía a los ricos comerciantes judíos. Los nazis exterminaron en el campo de concentración de Riga a unos 70.000 judíos, por lo que los propietarios de estas elegantes viviendas son, ¡cómo no!, los ricos rusos, que se permiten no pagar impuestos y lucir sus cochazos por las distinguidas avenidas de la capital de Letonia. En la ciudad reside la mitad de la población de Letonia, con un 50% de rusos. Como anécdota, se puede apuntar que el millonario George Soros, judío húngaro, compró uno de estos edificios y lo transformó en Universidad privada, donde estudian los hijos de millonarios rusos e hijos del cuerpo diplomático. Pueden verse en los alrededores elegantes coches con matricula CD, cuerpo diplomático. Una afrenta para los trabajadores letones, con un sueldo medio de 450 euros y con unos impuestos del 35%. En el campo, donde la gente está empobrecida, apenas hay gentes de otras procedencias. Por eso, es imprescindible, si se quiere conocer la realidad de este país y de los otros dos, detenerse en alguna de las comunidades rurales, donde el nivel de vida está a años luz del occidental medio y donde te recibirán con una bienvenida no fingida, auténtica, con el cariño que solo se da en los pueblos.

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Una de las curiosidades de la capital letona son sus naves del mercado, antiguos hangares para la construcción de zepellines. Aquí el viajero jubilado encontrará los productos frescos de los campos letones, observará de primera mano el vestir, el hablar, el conversar de los campesinos que traen las hortalizas, carne y pescado, fresco y en salazón, para ofrecerlo a sus asiduos clientes. La catedral luterana de Santa María, levantada  en 1212 por los caballeros cruzados que cristianizaron a los paganos de estas tierras en el siglo XIII, fue reconstruida por el zar Pedro el Grande en 1718. Es de destacar el órgano con casi 7000 tubos.

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El palacio de Rudale, cerca de la frontera con Lituania, parece ser una visita obligada para los grupos de turista que acuden aborregados a visitarlo, pero para el viajero jubilado que va por libre no es esencial, pues hay cientos, miles, como este monumento y que probablemente ya haya visitado. Es mejor aprovechar el tiempo en otras visitas, que en contemplar los lujos de aristócratas indolentes y gandules.

 

 

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

Países de lagos, llanuras infinitas y de bosques. Los países bálticos carecen de montañas, por eso, a la más mínima altitud le llaman montaña, aunque no pase de ser una colina mal trazada. Vilnius, la capital de Lituania, se extiende, como Roma, sobre siete colinas, enanas, pero colinas al fin y al cabo. Hace frío en invierno y el viento es helador. Las nubes amenazan desde un firmamento gris y triste. En verano el cambio es radical. Los días son eternos porque no llega a anochecer. Solo oscurece y el sol vuelve a salir sobre las tres y media de la madrugada. El viajero jubilado extraña esta situación. Espera el anochecer que nunca llega y un color rojizo inunda el horizonte.

A los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, nombrados de norte a sur, el ejército rojo los liberó de los nazis en 1944, pero estuvieron casi cincuenta años liberándolos para que supieran lo que es ser libres bajo el yugo estalinista. Este año 2018 celebran los tres países el centenario de su primera independencia, después de siglos de ocupación alemana o danesa o sueca o rusa, que todos estos pueblos invadieron las tierras bañadas por el mar Báltico. Durante la ocupación soviética y en el tiempo de los zares, cientos de miles de rusos emigraron a estas regiones por motivos económicos, de repoblación, auspiciada por el poder ruso, o económicos, para controlar todos los recursos. En Estonia y Letonia los rusos o sus descendientes suponen casi la mitad de la población, sobre todo en las ciudades. En Lituania no llega a este nivel, pero también hay numerosas comunidades rusas. Después de su independencia en 1991 los gobiernos de Estonia y Letonia denegaron la nacionalidad a los rusos o aquellos con abuelos o ascendientes familiares rusos. Solo pueden conseguir la nacionalidad después de un examen en el que tienen que demostrar su capacidad de hablar y entender el estón o letón. Los más mayores no pueden conseguirlo y permanecen en una situación paradójica, extranjeros en la tierra en que nacieron.

La religión es otro de los aspectos a tener en cuenta por el viajero. Los dos países más al norte, Estonia y Letonia, con más influencia alemana desde la llegada de los caballeros teutones, son luteranos, aunque más de la mitad de la población se declara no creyente. En Lituania, con influencia polaca fuerte porque con ellos compartieron nación durante muchos años, son mayoritariamente católicos practicantes. En Vilnius hay casi cincuenta iglesias, que durante los domingos se llenan de fieles para seguir la ceremonia religiosa. En los tres países hay importantes comunidades ortodoxas que acuden a sus catedrales e imponentes iglesias, convertidas durante la época soviética, al igual que las catedrales e iglesias católicas,  en museos del ateísmo, garajes, almacenes, caballerizas, cuarteles militares, hoteles...La práctica religiosa no estaba prohibida, pero era mal vista por las autoridades soviéticas, de tal forma que los que acudían a las iglesias o celebraban la Navidad a escondidas de sus vecinos, soplones probablemente del KGB, engrosaban las listas negras que les impedían acceder a los pisos oficiales, a las subvenciones estatales, al campamento de sus hijos en verano o la entrada en la universidad.

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En Tallin, capital de Estonia, el KGB tenía sus oficinas en los últimos pisos del imponente hotel Viru, edificio más alto construido por los soviéticos hasta el año 1972. Los estonios dicen que fue construido con microcemento, la mitad de cemento y la otra mitad con los micrófonos espías. Esta ciudad fue un enclave importante dentro de la liga hanseática medieval, que englobaba ciudades alemanas y del norte europeo con un objetivo de apoyo comercial y defensivo, antecedente de la actual Unión Europea.

Los barrios antiguos de las tres capitales bálticas, Tallin, Riga y Vilnius, forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, por su valor histórico y artístico y conservan su esencia. Aquí los viajeros jubilados encontrarán ejemplos del mejor gótico, barroco, neoclasicismo, de murallas medievales o de iglesias y catedrales que impresionan. En las oficinas de información les detallarán los itinerarios y les proveerán de mapas y planos útiles. Solo unos humildes consejos: para comer, eviten estos barrios porque los precios se duplican con respecto a otras zonas; si pueden, asistan a un concierto de música coral o de danzas tradicionales, ambos Patrimonio inmaterial de la Humanidad, como el fado en Portugal o el flamenco en España; tengan cuidado de los carteristas que pululan en la iglesia de St. Olav, en Tallin, el edificio más alto de Europa entre 1549 y 1625; si tienen intención de pasar un día en Helsinki, no hace falta apuntarse a una excursión: el puerto de Tallin está muy cerca del centro de la ciudad y hay muchas navieras que le acercaran a la capital de Finlandia y les traerán de vuelta por la noche. Así se ahorrarán unos cuantos euros.

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La aguja de la torre de St. Olav, sobresale en el cielo grisáceo, por momentos azul. Es uno de tantos monumentos que visitar en Tallin. Lo que más impresiona al viajero jubilado no es las torres de las iglesias o las murallas medievales de Tallin y de las otras ciudades bálticas, lo que de verdad le llama la atención es el aire de tristeza en el rostro de los ciudadanos, que viven día a día la gris apariencia de estas tierras, que están saliendo de una época todavía más sombría, los cincuenta años de ocupación soviética, como si todavía conservaran en su ADN celular las atrocidades a las que fueron sometidos sus antepasados por soviéticos y nazis. La expresión es fría, distante, sin un ápice de alegría en sus rostros. Quizás el tiempo desapacible, el sol que apenas llega, la carestía de la vida, los bajos salarios, el contraste con los invasores turistas, que, como los grupos de japoneses, indeseados por los nativos, lo compran todo, desde ámbar al artículo más ridículo, y han hecho subir los precios. O como los grupos de finlandeses que llegan a Tallin a comprar alcohol barato, no sujeto a los altos impuestos de su gobierno, y pasan días borrachos hasta regresar a su rico país. Estas gentes del Báltico merecen un apoyo por parte de los países occidentales, de sus socios europeos. Para preservar su patrimonio, que también lo es del mundo.

Polop de la Marina

POLOP DE LA MARINA

 

Desde lo alto del castillo de Polop de la Marina se divisan las aguas azules del Mediterráneo.  En este lugar de antiguas murallas, fortaleza árabe durante las batallas de la reconquista cristiana, se estableció el cementerio,  donde Gabriel Miró se inspiró para describir personajes y lugares de su obra. El castillo fue construido por los árabes en los siglos XII-XIII cuando los cristianos comenzaban a internarse en territorio musulmán.

Cuando Jaime I conquistó Valencia en 1238 el declive del mundo musulmán y el avance de los cristianos es un hecho en territorio hispano. A partir de entonces, el castillo de Polop se convirtió en un castillo de frontera entre los reinos de Aragón y Castilla. La conquista cristiana trajo un nuevo orden social y económico.  Los territorios conquistados fueron pasando a manos de los distintos señores que los gobernaban, como ocurrió en Polop. Las rebeliones mudéjares ante el abuso de los cristianos generaron mucha inestabilidad. El castillo y su área de influencia permanecieron en manos árabes hasta el final del siglo XIII. La población era de mayoría musulmana. Después de la revuelta mozárabe de 1277, los colonos cristianos ocuparon el interior del castillo y los musulmanes se refugiaron en los arrabales.

El  castillo fue testigo de uno de los momentos más terribles en la historia de los mudéjares. El 18 de Agosto de 1521 tuvo lugar la matanza de los musulmanes que se habían refugiado en el castillo. Se cuenta que fueron masacrados más de ochocientos.

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Afortunadamente, hoy Polop es un oasis en la costa Blanca, comparado con la marabunta de los turistas de la cercana Benidorm. Aquí  el viajero jubilado encontrará el sosiego perdido en la última ciudad, cercada por los ruidos infernales de fiestas de despedida, de borrachera infinita, de locales estresantes. La brisa del mar y un microclima especial han permitido  que este pueblo, oloroso de azahares, en el centro de verdes al pie del monte Ponoig, sea el contrapunto del bullicio que se extiende por las calles y avenidas de Benidorm.

Es un pueblo agrícola que produce vino y pasas, nísperos, cítricos y almendros. Es un paraíso para los senderistas,  para los ornitólogos, pintores, fotógrafos y escritores.

El escritor alicantino Gabriel Miró puso a Polop de la Marina en el mapa al situar una de sus obras más importantes, la novela Años y Leguas, en este pueblo de la Marina Baja. Por eso, el pueblo le ha dedicado un museo, digno de una visita. Sus suelos de azulejos, techos pintados y barandillas talladas hacen del museo un excelente ejemplo de arquitectura modernista. Desde aquí podemos iniciar la visita al casco antiguo.

La plaza de los Chorros, con sus 221 caños de agua, está junto a la casa museo del escritor. Subiendo hacia el castillo nos encontramos con la la plaza de la Purísima, la casa del Pósito, antiguo almacén para las reservas de cereales, ahora Aula de Cultura.

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La familia Miró llegó a Polop en 1921. Una de las hijas del escritor, Clemencia, necesitaba un clima más apacible que el de Madrid. Eligieron el pueblo, aconsejados por el compositor

Oscar Esplá, y se instalaron en una casa de campo amplia en las afueras del pueblo, emplazada en el interior de una finca conocida como Les Fonts, por situarse cerca del cauce donde nacen las fuentes.

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

 

Las tres ciudades emblemáticas jienenses albergan conventos que no solo ofrecen paz y sosiego a sus moradores, también dulces típìcos que el visitante jubilado puede adquirir. Un ejemplo para abrir boca: en el convento de las Bernardas de Jaén hay delicias inimaginables, desde pestiños a torrijas o roscos de anís, que salen de los tornos del convento, ubicado al lado del parque de la Alameda. Su iglesia es una de las muestras del barroco más puro.

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El mejor aceite de oliva virgen extra del mundo se vende en la provincia. Al menos eso aseguran sus vendedores. Y no les falta razón. Hay catas del oro amarillo por estas ciudades, donde degustar los zumos de aceituna más exquisitos de estas tierras. Si el viajero tiene tiempo, puede visitar el Museo de la Cultura del Olivo, la Hacienda de la Laguna, muy cerca de Baeza. Aquí se explica de modo detallado la historia, la elaboración y las utilidades del zumo de la aceituna. La bodega cuenta con 10 bidones de piedra plomada con una capacidad total de un billón de kilolitros de aceite. Esta zona es también un paraje natural, zona de aves migratorias, a un paso de las orillas del Guadalquivir y de los pueblos de la Sierra de Mágina.

La provincia de Jaén, por su situación y condiciones físicas, principalmente las proximidades a Sierra Morena, ha sido extraordinaria para la cría de reses bravas. Muchos ganaderos se trasladan en invierno a estas tierra buscando un clima más benigno. Hay infraestructuras y recursos relacionados con la cultura del toro bravo. Las plaza de Baeza y Úbeda son un claro ejemplo. La cría del toro bravo permite que subsista la dehesa como espacio natural pues ayuda al mantenimiento de la biodiversidad y previene la desertización, conservando la fauna y la flora autóctonas.

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Ha sido un placer poder contar mis impresiones sobre esta tierra. Acabo con el himno de la provincia, el poema de Miguel Hernández:

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién,

quién levantó los olivos?

 

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor.

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos.

 

Levántate, olivo cano,

dijeron al pie del viento.

Y el olivo alzó una mano

poderosa de cimiento.

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién

amamantó los olivos?

 

Vuestra sangre, vuestra vida,

no la del explotador

que se enriqueció en la herida

generosa del sudor.

 

No la del terrateniente

que os sepultó en la pobreza,

que os pisoteó la frente,

que os redujo la cabeza.

 

Árboles que vuestro afán

consagró al centro del día

eran principio de un pan

que sólo el otro comía.

 

¡Cuántos siglos de aceituna,

los pies y las manos presos,

sol a sol y luna a luna,

pesan sobre vuestros huesos!

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

pregunta mi alma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?

 

Jaén, levántate brava

sobre tus piedras lunares,

no vayas a ser esclava

con todos tus olivares.

 

Dentro de la claridad

del aceite y sus aromas,

indican tu libertad

la libertad de tus lomas.