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Malos tiempos para los refugiados y migrantes

Malos tiempos para los refugiados y migrantes

Se pueden leer estos días noticias preocupantes para los refugiados y emigrantes que llegan a Europa. Por una parte, Dinamarca quiere recluir a los inmigrantes en una isla. Es la intención del gobierno danés, a pesar de la oposición de varias ONG que consideran que la medida es ilegal. Quieren habilitar una isla deshabitada como centro de reclusión de extranjeros. El plan, que ya tiene un presupuesto, es el acordado por el gobierno liberal danés y su socio, el partido xenófobo DF (Partido Popular).  Afectará a peticionarios de asilo que no pueden ser devueltos a sus países de origen por estar en busca y captura. Actualmente estos emigrantes se encuentran en un centro en la península de Jutlandia. En esta zona el número de delitos ha aumentado y las culpas van para los emigrantes. Por eso, sin ninguna garantía, han decidido trasladarlos a la isla desierta. Su intención es hacerles la vida imposible. La isla elegida, destinada desde hace un siglo a experimentos con enfermedades contagiosas para animales, es Lindholm, al sureste del país. Se han destinado más de 100 millones de euros para acondicionar la isla. Las labores durarán más de dos años. Las ONG esperan que durante este periodo de tiempo las autoridades recapaciten. Serán, dicen, presos sin haber sido condenados.

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Por otra parte,  tres refugiados que Grecia devolvió a Turquía murieron de frío. Los cuerpos de estos tres emigrantes afganos aparecieron en la orilla del río Evros, la frontera natural que comparten Grecia y Turquía. Esta frontera terrestre es muy utilizada para evitar las islas del mar Egeo que están muy vigiladas. Cruzar el Evros es una tarea arriesgada. Hay gente que lo consigue. Lo que ocurre es que, una vez que lo consiguen, nadie les ayuda. Solo la policía que los devuelve a tierra turca con sus barcos guardianes.

Los datos del año 2018 son significativos: 41.000 personas han entrado en Europa a través de Grecia. Desde España lo han hecho 53.000. Pero lo triste es que 2.100 han muerto cruzando el mar en dirección a Grecia, España, Italia, Malta y Chipre. Los que sobreviven se encuentran con grandísimas dificultades: poca ayuda o nula de los gobiernos, hacinamiento en campos de reclusión, hambre, frío.

¿Qué pensar de una sociedad que no tolera a los emigrantes, que gasta más en maquillaje y adornos superfluos de lo que puedan gastar los miles de hambrientos emigrantes en alimentos?