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Soria, poesía, naturaleza y románico

SORIA: POESÍA, NATURALEZA, ROMÁNICO


 Páramos cruzados por Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid; lugar de históricas batallas; cuna del románico más puro; tierra cantada por insignes poetas; espacios naturales donde el viajero jubilado puede perderse y recuperar el sosiego. Esto es Soria y su provincia.
Asombra la heterogeneidad de la provincia soriana, donde se pasa del llano más desértico a los espesos pinares y altas cumbres,  como la sierra del Moncayo y los Picos de Urbión, donde nace el río Duero, otro de los iconos de Soria.
El pasado es parte del presente: Numancia, Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor, Tiermes, Uxama, Medinaceli, los pequeños pueblos que albergan una iglesia románica, nos recuerdan la importancia histórica de estos parajes, ahora sumidos en el olvido institucional.
De la diversidad del paisaje soriano hablan el Valle del Razón, hermoso, fresco, verde y fértil como el campo irlandés; los castillos árabes o cristianos que pueblan colinas y poblados; las Tierra Altas, comarca tatuada por las huellas de los dinosaurios; los castros celtibéricos, situados en lugares estratégicos de la serranía del Norte.
         

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Personajes ligados a Soria: 
Los poetas Antonio Machado, Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer. Personajes históricos: Publio Cornelio Escipión, que dirigió el asedio a Numancia; Almanzor, el líder musulmán que fue derrotado en Calatañazor.

El clima es típicamente de interior continental: inviernos fríos, con nevadas ocasionales, y veranos extremadamente calurosos. Por eso, se recomienda la visita en la primavera o el otoño.

 Necesitaríamos más de un mes para degustar bien los paisajes sorianos y sus pueblos, su riqueza artística y natural, pero el objetivo de esta guía es diseñar rutas para una semana de duración. Porque el viajero jubilado tiene que regresar relajado y no cansado a su lugar de residencia. Soria les devolverá el ánimo y el sosiego.

Ruta A: La capital. Numancia. Naturaleza:

Soria, una ciudad de poetas, de plazas, de iglesias románicas: Iglesia de San Juan de Rabaneda,  Iglesia de Santo Domingo, Arcos de San Juan de Duero. 
Paseo por la orilla del Duero hasta la ermita de San Saturio.
Huellas de Machado en Soria.
El acebal de Garagüeta, el mayor de Europa.

 La laguna Negra y Vinuesa.
Picos de Urbión y nacimiento del río Duero.
El Valle del Tera.
El Moncayo y Ágreda, pueblo de las tres culturas.
Almazán con su muralla árabe y su casco antiguo. 

Ruta B: El Burgo de Osma. Cañón del Río Lobos.
Catedral y su barrio en el Burgo de Osma.
Ruinas de Uxama.
Cañón del Río Lobos y su fauna y flora.
Castillo de Ucero.

 Calatañazor: pueblo medieval y su castillo-fortaleza.
Sabinar de Calatañazor.
La Fuentona en Muriel de la Fuente.
Almazán con su muralla árabe y su casco antiguo. 

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Alojamientos:
 Para la ruta A: Parador de Soria:
Enclavado en lo alto de un bosque, el Parador de Soria es un lugar privilegiado desde el que contemplar una extraordinaria panorámica de la ciudad monumental y el caudaloso Duero. Sus espléndidos ventanales ofrecen un paisaje único. Y pronto te darás cuenta de que la sombra de Antonio Machado, presente en toda la ciudad, también se aprecia en el Parador. El restaurante, de aspecto moderno, ofrece comida tradicional soriana, como las exquisitas alubias, las migas, el asado de cordero o las sopas de ajo; aunque también podrás disfrutar de preparaciones más vanguardista, como el cochinillo deshuesado y prensado o recetas innovadoras como el costillar de cordero lechal.

Para la ruta B: Hotel Virrey Palafox en El Burgo de Osma:
El Hotel Virrey se encuentra en pleno casco histórico de El Burgo de Osma. Un formidable hotel de cuatro estrellas concebido para disfrutar del patrimonio y cultura de la villa.

Gastronomía:

Torrezno de Soria, con denominación de origen.
Mantequilla de Soria. Migas pastoriles. Cordero asado.


Transportes: La mejor opción para llegar a Soria es el coche propio o bien el autobús. A Soria arriban buses desde Madrid, Pamplona, Valladolid, Salamanca, Logroño, Barcelona. Para moverse por la provincia el coche propio les dará libertad para amoldar sus tiempos. Otra posibilidad es el alquiler de un coche para recorrer la provincia, una vez han llegado a la capital. Existen conexiones por bus entre los principales núcleos, pero con horarios espaciados.

Libros para leer antes, durante o después del viaje:
 “La Tierra de Alvargonzález” de Antonio Machado.

“Leyendas” de G.A. Bécquer.

Película para ambientarnos con el paisaje:
 “El cielo gira”: Mercedes Álvarez, directora de este documental, regresa a sus orígenes para contemplar la extinción de un pueblo al tiempo que intenta recuperar las imágenes del mismo lugar cuando aún rebosaba vida, cuando, a principios de siglo, el pueblo contaba con cuatrocientos habitantes. La intención de la narradora no es otra que mostrar la decadencia del pueblo, su desaparición, pero captarla mientras ocurre, no a posteriori, a fin de dejar los hechos anclados en la memoria. Una historia extrapolable a los muchos pueblos fantasma que hay ya en España que no sólo olvidan su historia, sino también su paisaje. Sólo quedan 14 habitantes en el pequeño pueblo de Aldealseñor, una localidad de los páramos altos de Soria. Pertenecen a la última generación tras mil años de historia ininterrumpida, y es muy probable que la vida del pueblo se extinga con ellos. 

Madeira

 MADEIRA

 Cuando los descubridores portugueses llegaron a la isla a principios del siglo XV, la llamaron la isla de madeira porque estaba cubierta en su totalidad por un gran bosque.
Al igual que las islas Canarias, es de origen volcánico. Presenta una orografía accidentada, con elevados picos que alcanzan los 1.900 metros, ríos que acaban en pacíficos estuarios donde surgen pueblos de pescadores y acantilados de ensueño.
Las aguas que rodean la isla invitan a un agradable baño durante todo el año. La bondad climática desarrolla una flora exuberante y paradisíaca. Las buganvillas trepan, los geranios, hortensias e hibiscos crecen en los balcones. Las orquídeas, las estrilizias o flores del paraíso dan un colorido espectacular a todos los pueblos de esta magnífica y pacífica isla.
Los colonizadores cambiaron la fisionomía de este lugar para crear zonas de cultivo. Así surgieron las terrazas y las levadas, sistema de riego que conduce el agua desde las montañas, a través de canales de piedra, bordeando las laderas, atravesando las sierras e innumerables túneles. Los visitantes se cruzarán con terrazas cultivadas con caña de azúcar, plátanos, viñas, aguacates y mangos.
Situado a 500 kms. de distancia de la costa africana (casi en la misma latitud que Casablanca) y a 1000 kms. del continente europeo, el archipiélago de Madeira está formado por dos islas principales: la isla de Madeira (740,7 km²) y la isla de Porto Santo (42,5 km²), y dos conjuntos de islas deshabitadas: las islas Desertas, tres pequeñas islas situadas a 25 km al sureste de la isla de Madeira y las islas Selvagens, dos islas y dieciséis islotes situadas a 250 km al sur de Madeira, sus reservas naturales.
Les animo a viajar a Madeira, no sólo por sus increíbles paisajes naturales, sino también por su historia y su cultura: una herencia que se remonta a la época de los Descubrimientos (Cristobal Colón y Vasco de Gama están muy relacionados con Madeira) y que se refleja en sus museos, iglesias, palacios, en las costumbres, el folclore y las manifestaciones artísticas y artesanales.

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Personajes que tienen relación con la isla:
Cristobal Colón vivió en la isla de Porto Santo antes del descubrimiento de América.
La emperatriz Sissi estuvo en Madeira para curar su tuberculosis.
Winston Churchill: Primer Ministro británico durante la II Guerra Mundial y Premio Nobel de Literatura, visitó la isla en los años cincuenta empleando parte de su tiempo a una de sus aficiones, la pintura. Desatacaba en este arte por sus escenas paisajísticas.


El tiempo de Madeira cambia rápidamente dependiendo de los vientos y la altitud, pero siempre garantiza sol y frescor, con la ventaja de no pasar de los 30º gracias a la brisa del Atlántico.

Ruta A: Senderismo:
-Vereda do Pico Ruivo: Para empezar la levada de Pico Ruivo, partiendo de Funchal hay que llegar hasta la ciudad de Santana, donde se encuentra una indicación a la izquierda. Tras pasar Pico das Pedras, se puede ver la barrera que cierra el acceso a la carretera de Achada do Teixeira, abierta de 7 de la mañana a 7 de la tarde. Y pocos kilómetros después, se llega al aparcamiento de Achada do Teixeira, situado a 1592 metros de altitud. La dificultad, a pesar de todo, es baja y el viajero jubilado podrá hacer este recorrido sin dudarlo.
-Curral das Freiras (“Valle de las monjas”) es de visita obligada . Está situado en un lugar privilegiado, en un valle profundo rodeado por altas montañas y alejado del mar. Se trata de un enorme cráter de un volcán extinguido. Y esa situación la convierte en uno de los lugares más atractivos de la zona, ya que el paisaje es de una gran belleza, y las ""vistas panorámicas desde los miradores, impresionantes.
-Levada do Furado: Esta levada es una de las más antiguas de Madeira y llevaba las aguas que irrigaban los campos agrícolas de Porto da Cruz. Se une después de su inicio con las levadas de Juncal y de Serra do Faial -que continúan más allá del final de la de Furado-. Por eso se dice que esta levada transporta tres aguas: las que se recoge en el valle de Ribeiro Frio y riega los campos de Porto da Cruz; y las que vienen de las sierras de Santana y son almacenadas en la Lagoa do Santo da Serra.

Ruta B: Cultura
-Funchal: la puerta de la Isla de Madeira es su capital, Funchal. El aeropuerto se encuentra a unos 10 kilómetros al este de Funchal. La ciudad es la principal de la isla con más de 110.000 habitantes, lo que la convierte en la décima ciudad por población de Portugal.
Funchal se extiende desde la costa hasta el interior de la isla, ascendiendo sus barrios desde el puerto por las laderas hasta las colinas que dan entrada al centro de la isla. El municipio ocupa casi 80 km2 por lo que el poblamiento es bastante disperso y abundan los barrios residenciales, sobre todo cuando ganamos altura. El centro histórico, el puerto y el barrio de los hoteles se encuentran en la parte baja de Funchal, junto al mar.
Las laderas de Funchal ascienden desde el mar, un paisaje que mezcla océano y montaña
-Machico: es una pequeña ciudad que se sitúa en la costa este de la isla de Madeira. Posee un rico patrimonio monumental dentro del cual se encuentran: la Iglesia Matriz del siglo XV, de estilo manuelino, reconstruida en 1815, la Casa da Capela o Solar da Ermida, la Fuente de São Roque y los Fuertes de Nossa Senhora do Amparo y de São João Baptista, del siglo XVII.
Además cuenta con el interesante Museo de la Ballena / Museo da Baleia y con una de la socas playas de arena de la isla.
-Porto Moniz: es una de las ciudades más antiguas de la Isla de Madeira, situada al norte entre el mar y las montañas. Atrae a muchos turistas durante todo el año, sobre todo, por su ""espectacular patrimonio natural: por las hermosas ""piscinas naturales que ofrece el mar, pero también por sus levadaspor el campo y por el Bosque de Laurisilva, Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO.

 Isla de Porto Santo: 
La isla de las playas de arena amarilla es el complemento ideal, el reposo perfecto para quienes han castigado sus piernas Levada tras Levada.
La llamada isla Dorada (Ilha Dourada) puede ser visitada en un viaje organizado, una experiencia que permite ver completamente la isla.

 La capital puede ser el punto de partida para el senderismo y la ruta cultural.

Alojamiento:

Sensimar Savoy Gardens: este alojamiento está a 10 minutos a pie de la playa. Este tranquilo hotel se encuentra en la zona de Lido, enclavado en la ladera de una colina frente al mar. Ofrece alojamiento sólo para adultos y cuenta con piscina climatizada al aire libre, sauna, bañera de hidromasaje y vistas panorámicas al mar y la montaña.

Comidas: 

 El plato rey es la famosa Sopa de Castanha de Curral das Freiras, en la que se utiliza, demás de castañas, carne de cerdo salada, patata dulce, repollo, aluvias…Hay también dulces que se hacen con castañas, como el Pudim de Castanha, el Bolo de Castanha o las Broas de Castanha.
El  plato de maíz a la madeirense es una guarnición que acompaña tanto a platos de carne, como la espetada, como a platos de pescado, como el pez espada o el atún encebollado. Se hace con harina de maíz, sal, perejil, ajo, col partida en pedacitos y grasa, ingredientes que deben cocerse durante una hora y removiendo hasta que espese. El segundo paso es dejarlo enfriar y luego cortarlo en cubos, que se comen así o se pueden freír.
El prestigio a la isla se lo brinda el vino de Madeira, vino producido a través de uvas procedentes de Creta y enriquecidos por los suelos volcánicos y el sol.

 El avión es la mejor manera de llegar a Madeira. La isla ofrece sus paisajes suntuosos, sus acantilados salvajes, su fauna y flora única, sus costas abruptas y playas de arena negra. Todo disponible todo el año lo que hace que en otoño y en invierno, las islas también sean un destino perfecto para descansar y también tener unas vacaciones diferentes. Diversas compañías aéreas ofrecen vuelos desde Portugal (Lisboa y Oporto) y desde las principales ciudades de España a Funchal. A hora y media de vuelo desde Lisboa, y unas 2 horas desde España. 

Una de las mejores opciones para recorrer la isla de Madeira es pues el coche. Suele haber promociones de alquiler de coches por unos días, que suponen un gasto muy bajo para el bolsillo del viajero jubilado. La circulación no es demasiado complicada ni la manera de conducir demasiado brusca. El único factor que tienen que tener en cuenta son las pendientes de muchas de las carreteras.

Películas sobre la isla:

 “Vivir en Madeira” de Jacques Chardonne: el polémico autor emprende aquí una búsqueda muy personal y contemplativa de la felicidad, y le aporta al lector una atmósfera muy especial de la isla. Para ser leído en retrospectiva, dada la mentalidad colaboracionista del autor en la Segunda Guerra Mundial. Aunque su obra literaria es aclamada unánimemente por la crítica.


 “Sissi, emperatriz” realizada por Ernst Marischka. Nominada en 1958 para la Palma de Oro del Festival de Cannes, esta película evoca el episodio en el que la empreatriz de Austria vuelve a interesarse en la vida gracias a su estancia terapéutica en Madeira.


 http://entremontanas.com/islas-atlanticas/madeira
Web sobre senderismo por Madeira.

http://www.viajaramadeira.com/
Web que ayuda a organizar el viaje a la isla.

Países Bálticos (II)

PAÍSES BÁLTICOS (II)

Podría decirse que la independencia de los países bálticos en 1991 de la antigua URSS fue una singing revolution/revolución cantada, por las manifestaciones pacíficas de la gente, llenando avenidas y cantando sus canciones tradicionales folklóricas. Los tres países, Estonia, Letonia y Lituania, tienen una tradición de coros y danzas milenarias, que les han valido la consideración de patrimonio mundial inmaterial por la UNESCO. Durante los meses de verano, cuando el hielo y la nieve desaparecen, celebran sus festivales en los que cantan y danzan miles y miles de personas. Es un signo de identidad de estos países del Báltico. En la enseñanza secundaria la asignatura de canto coral es obligatoria durante un curso y podría decirse que todos los estonios, letones y lituanos cantan los cánticos tradicionales con maestría.

El castillo de Tallin que los alemanes feudales erigieron con ladrillos rojizos de arcilla está en la zona alta de la ciudad, junto a la catedral ortodoxa de Alexander Nevski, con sus cúpulas encebolladas. En los miradores de esta parte de la ciudad puede verse la ciudad medieval  y, al fondo, el puerto y el mar. Antes los pescadores poblaban la bahía con sus barcas, hoy es la zona de los ricos rusos, que aquí, como en los tres países bálticos, son los dueños de los mejores edificios.

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Cerca de Sigula, ciudad que significa el bosque de los jabalíes, hay un enorme parque con esculturas que representan las canciones letonas. Por esta zona occidental de Letonia, vivieron hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial los livones, pueblo que ha desaparecido por las represalias de nazis y soviéticos y fue absorbido por las comunidades invasoras. Muy cerca del parque hay unas ruínas de un castillo de la orden teutónica de los livones. El palacio cercano, antigua residencia del gobernador ruso, se convirtió en un cardiosanatorio para los astronautas rusos que volvían del espacio, como el primer cosmonauta, Gagarin.

En Riga destaca su barrio modernista, en una ciudad donde hay más de 700 edificios de este estilo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los mismos pertenecía a los ricos comerciantes judíos. Los nazis exterminaron en el campo de concentración de Riga a unos 70.000 judíos, por lo que los propietarios de estas elegantes viviendas son, ¡cómo no!, los ricos rusos, que se permiten no pagar impuestos y lucir sus cochazos por las distinguidas avenidas de la capital de Letonia. En la ciudad reside la mitad de la población de Letonia, con un 50% de rusos. Como anécdota, se puede apuntar que el millonario George Soros, judío húngaro, compró uno de estos edificios y lo transformó en Universidad privada, donde estudian los hijos de millonarios rusos e hijos del cuerpo diplomático. Pueden verse en los alrededores elegantes coches con matricula CD, cuerpo diplomático. Una afrenta para los trabajadores letones, con un sueldo medio de 450 euros y con unos impuestos del 35%. En el campo, donde la gente está empobrecida, apenas hay gentes de otras procedencias. Por eso, es imprescindible, si se quiere conocer la realidad de este país y de los otros dos, detenerse en alguna de las comunidades rurales, donde el nivel de vida está a años luz del occidental medio y donde te recibirán con una bienvenida no fingida, auténtica, con el cariño que solo se da en los pueblos.

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Una de las curiosidades de la capital letona son sus naves del mercado, antiguos hangares para la construcción de zepellines. Aquí el viajero jubilado encontrará los productos frescos de los campos letones, observará de primera mano el vestir, el hablar, el conversar de los campesinos que traen las hortalizas, carne y pescado, fresco y en salazón, para ofrecerlo a sus asiduos clientes. La catedral luterana de Santa María, levantada  en 1212 por los caballeros cruzados que cristianizaron a los paganos de estas tierras en el siglo XIII, fue reconstruida por el zar Pedro el Grande en 1718. Es de destacar el órgano con casi 7000 tubos.

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El palacio de Rudale, cerca de la frontera con Lituania, parece ser una visita obligada para los grupos de turista que acuden aborregados a visitarlo, pero para el viajero jubilado que va por libre no es esencial, pues hay cientos, miles, como este monumento y que probablemente ya haya visitado. Es mejor aprovechar el tiempo en otras visitas, que en contemplar los lujos de aristócratas indolentes y gandules.

 

 

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

Países de lagos, llanuras infinitas y de bosques. Los países bálticos carecen de montañas, por eso, a la más mínima altitud le llaman montaña, aunque no pase de ser una colina mal trazada. Vilnius, la capital de Lituania, se extiende, como Roma, sobre siete colinas, enanas, pero colinas al fin y al cabo. Hace frío en invierno y el viento es helador. Las nubes amenazan desde un firmamento gris y triste. En verano el cambio es radical. Los días son eternos porque no llega a anochecer. Solo oscurece y el sol vuelve a salir sobre las tres y media de la madrugada. El viajero jubilado extraña esta situación. Espera el anochecer que nunca llega y un color rojizo inunda el horizonte.

A los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, nombrados de norte a sur, el ejército rojo los liberó de los nazis en 1944, pero estuvieron casi cincuenta años liberándolos para que supieran lo que es ser libres bajo el yugo estalinista. Este año 2018 celebran los tres países el centenario de su primera independencia, después de siglos de ocupación alemana o danesa o sueca o rusa, que todos estos pueblos invadieron las tierras bañadas por el mar Báltico. Durante la ocupación soviética y en el tiempo de los zares, cientos de miles de rusos emigraron a estas regiones por motivos económicos, de repoblación, auspiciada por el poder ruso, o económicos, para controlar todos los recursos. En Estonia y Letonia los rusos o sus descendientes suponen casi la mitad de la población, sobre todo en las ciudades. En Lituania no llega a este nivel, pero también hay numerosas comunidades rusas. Después de su independencia en 1991 los gobiernos de Estonia y Letonia denegaron la nacionalidad a los rusos o aquellos con abuelos o ascendientes familiares rusos. Solo pueden conseguir la nacionalidad después de un examen en el que tienen que demostrar su capacidad de hablar y entender el estón o letón. Los más mayores no pueden conseguirlo y permanecen en una situación paradójica, extranjeros en la tierra en que nacieron.

La religión es otro de los aspectos a tener en cuenta por el viajero. Los dos países más al norte, Estonia y Letonia, con más influencia alemana desde la llegada de los caballeros teutones, son luteranos, aunque más de la mitad de la población se declara no creyente. En Lituania, con influencia polaca fuerte porque con ellos compartieron nación durante muchos años, son mayoritariamente católicos practicantes. En Vilnius hay casi cincuenta iglesias, que durante los domingos se llenan de fieles para seguir la ceremonia religiosa. En los tres países hay importantes comunidades ortodoxas que acuden a sus catedrales e imponentes iglesias, convertidas durante la época soviética, al igual que las catedrales e iglesias católicas,  en museos del ateísmo, garajes, almacenes, caballerizas, cuarteles militares, hoteles...La práctica religiosa no estaba prohibida, pero era mal vista por las autoridades soviéticas, de tal forma que los que acudían a las iglesias o celebraban la Navidad a escondidas de sus vecinos, soplones probablemente del KGB, engrosaban las listas negras que les impedían acceder a los pisos oficiales, a las subvenciones estatales, al campamento de sus hijos en verano o la entrada en la universidad.

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En Tallin, capital de Estonia, el KGB tenía sus oficinas en los últimos pisos del imponente hotel Viru, edificio más alto construido por los soviéticos hasta el año 1972. Los estonios dicen que fue construido con microcemento, la mitad de cemento y la otra mitad con los micrófonos espías. Esta ciudad fue un enclave importante dentro de la liga hanseática medieval, que englobaba ciudades alemanas y del norte europeo con un objetivo de apoyo comercial y defensivo, antecedente de la actual Unión Europea.

Los barrios antiguos de las tres capitales bálticas, Tallin, Riga y Vilnius, forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, por su valor histórico y artístico y conservan su esencia. Aquí los viajeros jubilados encontrarán ejemplos del mejor gótico, barroco, neoclasicismo, de murallas medievales o de iglesias y catedrales que impresionan. En las oficinas de información les detallarán los itinerarios y les proveerán de mapas y planos útiles. Solo unos humildes consejos: para comer, eviten estos barrios porque los precios se duplican con respecto a otras zonas; si pueden, asistan a un concierto de música coral o de danzas tradicionales, ambos Patrimonio inmaterial de la Humanidad, como el fado en Portugal o el flamenco en España; tengan cuidado de los carteristas que pululan en la iglesia de St. Olav, en Tallin, el edificio más alto de Europa entre 1549 y 1625; si tienen intención de pasar un día en Helsinki, no hace falta apuntarse a una excursión: el puerto de Tallin está muy cerca del centro de la ciudad y hay muchas navieras que le acercaran a la capital de Finlandia y les traerán de vuelta por la noche. Así se ahorrarán unos cuantos euros.

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La aguja de la torre de St. Olav, sobresale en el cielo grisáceo, por momentos azul. Es uno de tantos monumentos que visitar en Tallin. Lo que más impresiona al viajero jubilado no es las torres de las iglesias o las murallas medievales de Tallin y de las otras ciudades bálticas, lo que de verdad le llama la atención es el aire de tristeza en el rostro de los ciudadanos, que viven día a día la gris apariencia de estas tierras, que están saliendo de una época todavía más sombría, los cincuenta años de ocupación soviética, como si todavía conservaran en su ADN celular las atrocidades a las que fueron sometidos sus antepasados por soviéticos y nazis. La expresión es fría, distante, sin un ápice de alegría en sus rostros. Quizás el tiempo desapacible, el sol que apenas llega, la carestía de la vida, los bajos salarios, el contraste con los invasores turistas, que, como los grupos de japoneses, indeseados por los nativos, lo compran todo, desde ámbar al artículo más ridículo, y han hecho subir los precios. O como los grupos de finlandeses que llegan a Tallin a comprar alcohol barato, no sujeto a los altos impuestos de su gobierno, y pasan días borrachos hasta regresar a su rico país. Estas gentes del Báltico merecen un apoyo por parte de los países occidentales, de sus socios europeos. Para preservar su patrimonio, que también lo es del mundo.

Polop de la Marina

POLOP DE LA MARINA

 

Desde lo alto del castillo de Polop de la Marina se divisan las aguas azules del Mediterráneo.  En este lugar de antiguas murallas, fortaleza árabe durante las batallas de la reconquista cristiana, se estableció el cementerio,  donde Gabriel Miró se inspiró para describir personajes y lugares de su obra. El castillo fue construido por los árabes en los siglos XII-XIII cuando los cristianos comenzaban a internarse en territorio musulmán.

Cuando Jaime I conquistó Valencia en 1238 el declive del mundo musulmán y el avance de los cristianos es un hecho en territorio hispano. A partir de entonces, el castillo de Polop se convirtió en un castillo de frontera entre los reinos de Aragón y Castilla. La conquista cristiana trajo un nuevo orden social y económico.  Los territorios conquistados fueron pasando a manos de los distintos señores que los gobernaban, como ocurrió en Polop. Las rebeliones mudéjares ante el abuso de los cristianos generaron mucha inestabilidad. El castillo y su área de influencia permanecieron en manos árabes hasta el final del siglo XIII. La población era de mayoría musulmana. Después de la revuelta mozárabe de 1277, los colonos cristianos ocuparon el interior del castillo y los musulmanes se refugiaron en los arrabales.

El  castillo fue testigo de uno de los momentos más terribles en la historia de los mudéjares. El 18 de Agosto de 1521 tuvo lugar la matanza de los musulmanes que se habían refugiado en el castillo. Se cuenta que fueron masacrados más de ochocientos.

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Afortunadamente, hoy Polop es un oasis en la costa Blanca, comparado con la marabunta de los turistas de la cercana Benidorm. Aquí  el viajero jubilado encontrará el sosiego perdido en la última ciudad, cercada por los ruidos infernales de fiestas de despedida, de borrachera infinita, de locales estresantes. La brisa del mar y un microclima especial han permitido  que este pueblo, oloroso de azahares, en el centro de verdes al pie del monte Ponoig, sea el contrapunto del bullicio que se extiende por las calles y avenidas de Benidorm.

Es un pueblo agrícola que produce vino y pasas, nísperos, cítricos y almendros. Es un paraíso para los senderistas,  para los ornitólogos, pintores, fotógrafos y escritores.

El escritor alicantino Gabriel Miró puso a Polop de la Marina en el mapa al situar una de sus obras más importantes, la novela Años y Leguas, en este pueblo de la Marina Baja. Por eso, el pueblo le ha dedicado un museo, digno de una visita. Sus suelos de azulejos, techos pintados y barandillas talladas hacen del museo un excelente ejemplo de arquitectura modernista. Desde aquí podemos iniciar la visita al casco antiguo.

La plaza de los Chorros, con sus 221 caños de agua, está junto a la casa museo del escritor. Subiendo hacia el castillo nos encontramos con la la plaza de la Purísima, la casa del Pósito, antiguo almacén para las reservas de cereales, ahora Aula de Cultura.

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La familia Miró llegó a Polop en 1921. Una de las hijas del escritor, Clemencia, necesitaba un clima más apacible que el de Madrid. Eligieron el pueblo, aconsejados por el compositor

Oscar Esplá, y se instalaron en una casa de campo amplia en las afueras del pueblo, emplazada en el interior de una finca conocida como Les Fonts, por situarse cerca del cauce donde nacen las fuentes.