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Cracovia: una ciudad impresionante

El Vístula fluye a los piés del Castillo Wawel, la colina que alberga el palacio real y la catedral de la ciudad polaca de Cracovial. Lo hace ajeno a los movimientos de turistas que suben y bajan la colina en la que se asienta las maravillas del palacio y la iglesia catedralicia. Aquí ejerció de arzobispo y cardenal el futuro Papa Juan Pablo II, ídolo de los cracovianos y de todos los polacos. El poder polítco y el eclesiástico conviven en esta colina de lujo e historias conmovedoras. Las tumbas de reyes y arzobispos compiten por ser las más admiradas. Les gusta estar juntos hasta despuñes de muertos.

Las riquezas de la basílica de Santa María en la Plaza medieval del Mercado, en el centro de la ciudad vieja, asombran al viajero. Aquí, como en todas las iglesias de Cracovia, el lujo brilla en foma de retablos con ricas maderas, cúpulas doradas y estatuas de mármol. Los turistas se mezclan con los que rezan, algunos de aquellos en actitud desagradable. Grupos de adolescentes esperan sentados en los bancos cerca de los confesionarios para confesar sus pecados. Recuerdos de la juventud perdida en nuestros pueblos, cada vez más alejados de la práctica religiosa. 

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En la plaza del mercado el bullico se acrecenta con los trotes de los coches de caballos que llevan a los turistas por todos los ángulos de esta plaza medieval, la más grande de toda Europa. La torre del antiguo ayuntamiento vigila mientras grupos de músicos lanzan sus notas musicales y los viajeros se arremolinan en torno a ellos. Hay una pequeña exposición de fotografías del Papa polaco en un rincón de la plaza. Su imagen podrá verse en fotos, carteles y estatuas en cualquier calle de la ciudad, en especial en los lugares donde estudió y vivió de jóven, y en el palacio episcipal que le sirvió de morada en su época cadenalicia. 

La historia de Cracovia, capital de Polonia en épocas fructíferas en lo artístico y cultural, es rica en invasiones, ocupaciones, raptos y atracos. Todos los países vecinos quisieron apropiarse de esta rica ciudad: lituanos, ucranianos, rusos, austriacos, alemanes, húngaros. La última fue la más funesta: Septiembre de 1939. Los nazis ocupan toda Polonia y establecen en Cracovia su capital adminstrativa. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el  ejército rojo se adueña de ella. Los soviéticos implantan su sistema. Con la caida del Telón de Acero, la democracia vuelve entre el entusiasmo de la gente. Sin embargo, hay razones para pensar que los ciudadanos están hartos de esta democracia fantasmal.

El viajero queda sorprendido al contemplar la manifestación de cientos de cracovianos que protestan en la plaza medieval. Aluden en sus gritos a la defunción de la democracia. Suena marchas fúnebres por los altavoces de la torre del Ayuntamiento. En todo el planeta podrían hacerse manifestaciones parecidas, tal como está el panorama democrático. 

Se han dado prisa en Cracovia para adaptarse a las costumbres occidentales. El consumismo impera. Las marcas de franquicias textiles y de comida rápida abundan por doquier. Pero Cracovia conserva un ambiente que la distingue de cualquier otra ciudad, que la hace única. Nadie debería perderse sus encantos. Una visita al barrio judío y al ghetto, donde los nazis recruyeron a los judios antes de su deportación a los campos de extermionio, es obligada para conocer el lado horroroso de esta Cracovia. La descripición de estos lugares es tema para la sección de memoria  histórica.

Benidorm, ¿un paraíso para los jubilados?

Benidorm, ¿paraíso para los jubilados?

 

Los árboles de jacaranda están florecidos en esta época del año. Sus flores moradas sobresalen en las avenidas y jardines de los hoteles de Benidorm. Son un contraste entre tanto bloque de hormigón. La Manhattan de la costa alicantina está orgullosa de sus altos edificios, pero desprecia los árboles. Si preguntas a los que habitualmente viven en la ciudad, pocos podrán decir el nombre de este árbol tan singular y de flores tan bellas. Lástima que solo duren unas semanas. Se quejarán de que las flores caen al suelo, ensucian las aceras y se pegan a las suelas de los turistas. Deberían quejarse, tal vez, de la imagen que producen los turistas borrachos, que llegan al aeropuerto, pasan el fin de semana bebiendo, orinando en las calles a la vista de todos, sin ningún pudor, comiendo  la basura que les ofrecen, bañándose en la playa de Levante, arrinconada por los bloques que la estrechan cada vez más.

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Si nos hubieran dicho hace cincuenta años que aquel pueblo de pescadores, de trabajadores de la tierra, se convertiría en lo que es ahora no lo hubiéramos creído. Pero empezaron a sembrar torres de cemento por todas partes, por aquí, por allá, cada una mirando a un punto diferente, que parece que estuvieran enfadadas, y el pequeño pueblo pesquero se convirtió en el centro turístico por excelencia. Así se expresan una pareja de jubilados octogenarios que viven en Benidorm desde hace unas cuantas décadas. Siguen con sus comentarios, que comparten muchos de los que habitan por allí: Que ya sabemos lo que ha pasado con los constructores y políticos por estos pagos. Lo sueltan como el que no quiere la cosa. Más claros que el agua del Mediterráneo. Es cierto que el plan de urbanización que se hizo no es el adecuado. Te encuentras con rotondas, isletas, inesperadas, que aparecen en calles y avenidas por doquier.

Si el turista jubilado busca paz, lo mejor es alojarse en la parte de la playa de Poniente o en la Cala de Finestrat, donde encontrará más espacio en la playa y más sosiego en las calles. Si quiere unas vistas preciosas de la bahía, se puede subir en el ascensor del hotel más alto de España. Pero hay que pagar una tarifa excesiva. Lo mejor, si el cuerpo aguanta, es subir hasta la torre Aguiló, desde donde se contemplan las mejores estampas de la ciudad y sus alrededores. Hay varias sendas que ascienden hasta lo alto, unas más escarpadas que otras. Preguntar a los locales es la solución para elegir la más adecuada. La torre es una de tantas edificadas en la línea costera para avisar de la llegada de corsarios. En la terraza se hacía fuego. El humo podía verse desde Villajoyosa hasta Benidorm.

 

Por Badajoz y provincia (II)

Por Badajoz y provincia (II)

 

Olivenza es un pueblo señorial. Una buena elección para comenzar un recorrido de una semana por la provincia de Badajoz. Olivenza está entre fronteras, entre países a veces enfrentados. Quedan vestigios de arte portugués en las fachadas, en las iglesias, en los mosaicos manuelinos. Hay que recordar que fue territorio portugués hasta 1801, cuando se delimitaron los reinos de España y Portugal de forma natural, utilizándose el cauce del Guadiana como frontera. Por los pueblos de la Raya cruzaron los que huían de la masacre de Badajoz en Agosto de 1936.

La Iglesia de la Magdalena, obra maestra del arte manuelino portugués, fue considerada el mejor rincón de España de 2012 por los internautas. Fue construida en 1510 a iniciativa del obispo de Ceuta, que está enterrado en su interior.

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La primitiva ciudadela medieval es de principios del siglo XIV y fue levantada sobre los restos de otra fortificación templaria. Contaba con 14 torres y cuatro puertas de entrada. Dentro de las murallas se halla el alcázar con la torre más alta de las que existen en la frontera, 37 metros de altura.

Otro monumentos a visitar por el viajero que busca el sosiego: los conventos de los Franciscanos y el de las Clarisas, los baluartes y, un poco más alejado, el puente de Ajuda, lugar de confrontaciones entre dos países hermanos.

En Jerez de los Caballeros hay ermitas en las cuatro esquinas del casco viejo. Las torres de las iglesias se divisan a kilómetros antes de llegar al pueblo. Los templarios dejaron su huella como en Olivenza. La alcazaba fue testigo de la eliminación de los últimos rebeldes.La  torre asesina lo atestigua. En el camino hacia Jerez se traspasan pueblos de nombre inquietante, como Villa de Matamoros; se pueden observar a los cerdos ibéricos pastar en las dehesas. Cuando el autobús pasa por Barcarrota dan ganas de bajar y quedarse a mitad del viaje, tan bella estampa se aprecia.

La muralla, reforzada en los ángulos con sillares de granito, fue obra de los templarios. Se conservan dos puertas de entrada: la de la Villa y la de Burgos. La alcazaba es de origen musulmán. Desde aquí la panorámica de la ciudad es inmejorable.

Para saciar el hambre en el descanso del recorrido no hay nada que supere a una tostada con aceite, tomate y jamón ibérico.

El viajero se despide de estos lugares con la sensación de que los tiempos modernos no han logrado abolir los latifundios, los marquesados y ducados.

 

Continuará...

 

Por Badajoz y provincia (I)

Por Badajoz y provincia (I)

 

Tienen razón los pacenses cuando se quejan del aislamiento de Badajoz. Las comunicaciones en tren son escasas; el Lusitania Exprés, el tren que hacía el trayecto entre Madrid y Lisboa, hace tiempo dejó de parar por estas tierras: los autobuses se aprovechan de esta circunstancia y ofrecen billetes a un precio alto. Llegar a Badajoz y salir de allí es toda una odisea.

La capital de la provincia tiene el aroma de las ciudades con alcazaba, como Antequera, Almería, Málaga y tantas otras diseñadas por los árabes. Tiene el regusto de las ciudades con río grande, como Sevilla y Tortosa. Tiene conventos, iglesias, catedral para disfrutar del arte religioso. Pero no está en la ruta de las agencias turísticas. Una pena.

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Las murallas que rodean el casco antiguo, con sus baluartes conservados, son seña de identidad. Es el recinto amurallado más largo de España. En lo alto, su Fortaleza, su alcazaba árabe, sobresale. Es la mayor de Europa. El puente peatonal de Palmas, que desemboca en la puerta del mismo nombre, puede ser bien el inicio del recorrido por la parte vieja. Son datos para atraer turistas, que, al abandonar el lugar, se preguntan: ¿por qué no habré venido antes a esta encantadora ciudad?

El Guadiana que la cruza es ancho, alegre, es frontera de dos países idénticos, que la historia ha separado. Sus orillas son parques con palmeras, donde la gente pasea.Sus aguas son espejos que reflejan los barrios árabes, la aljama o judería, ahora barrio para familias gitanas. Hay bullicio en estas calles que suben a la Plaza Alta, cerca de la torre Espantaperros. Me dicen que los perros eran los moros. 

Sobre la plaza de toros vieja han construido un palacio de congresos, que conserva la forma circular. No hay ningún vestigio o ninguna nota sobre el pasado. Que no conviene recordar la masacre de Agosto del 36, las barbaridades allí cometidas. No estaría mal que se colocara una placa informativa, que no conmemorativa, porque no hay nada positivo que conmemorar.

Esta tierra de conquistadores conquista al viajero desde el primer instante.

 

Continuará...

 

Cuatro días en Donostia/San Sebastián

Cuatro días en Donostia/San Sebastián

 

Desde la azotea del edificio de la antigua Telefónica se tiene una visión diferente de la ciudad. Ahora alberga un centro para la cultura internacional. Hasta el 2002, cuando la empresa de tabacos estatal se privatizó, trabajaron allí tantas cigarreras que había más mujeres empleadas que hombres en la ciudad donostiarra. El espacio cultural abrió sus puertas en 2015 y representa una idea que todas las ciudades deberían copiar: lugar para las iniciativas artísticas, musicales, culturales de todo tipo; sitio para la promoción de artistas jóvenes; encuentro de ideas nuevas. Hay exhibiciones, galerías de arte, cine, biblioteca, una ciudad con sus calles y plazas donde los ciudadanos y visitantes pueden pasear, encontrarse con amigos, mantener reuniones de trabajo…

Llueve en mi último día de estancia en esta ciudad resplandeciente. Recuerdo hace años, pasando un fin de semana con unos amigos en el camping del Igeldo, cuando alguien nos comentó que en San Sebastián nunca llovía. Al regreso al camping encontramos la tienda de campaña inundada. No, en Donostia, como en cualquier otro sitio, no llueve, por lo menos...a gusto de todos.

Se puede contemplar, casi tocar, desde lo alto de la Telefónica los edificios más conocidos de la ciudad: el Kursaal, el Teatro Victoria Eugenia, el hotel María Cristina, el palacio Miramar. Donostia es aristocrática, monárquica, que aunque quiera nunca podrá desprenderse del aroma que desprenden los lugares elegidos por los reyes. En el monumento dedicado a la reina María Cristina, en el paseo de Ondarreta, puede leerse: A la reina María Cristina de Austria… Fue reina de España, aunque su origen fuera austriaco nunca fue reina de Austria. El teatro lleva el nombre de su nuera, la reina Victoria Eugenia. A San Sebastián le ocurre como a tantas otras ciudades aristocráticas: Santander,  Aranjuez,  Cascais...siempre estarán ligadas a los reyes.

Las nubes se agarran a la cima de las verdes montañas arboladas que pueblan estas tierras. Allí están a gusto y se quedan, poblando de gris los cielos. Cuando el tren se acerca a Alsasu/Altsasu el paisaje se transforma. Es la naturaleza en su estado primitivo. Pero también hay momentos para el sol, para que los tamarindos y jazmines se luzcan, para que la gente invada las playas y los paseos de la ciudad.

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Donostia es una ciudad viva que honra a sus muertos, a los que perdieron sus vidas por causa de la barbarie. En la plaza del ayuntamiento hay un monumento en recuerdo a las víctimas del terrorismo. En la entrada al puerto se recuerda a los que cayeron luchando contra el ejército rebelde en Septiembre del 36. Antes de la entrada de los militares franquistas, la mitad de la población había huido para evitar las represalias.

La ciudad no es solo la bahía y una isla diminuta en medio, flanqueada por los montes Urgull e Igeldo. Hay que visitar el Museo de San Telmo, pasear por el Paseo de los Curas, llegar al Peine de los Vientos de Chillida desde el Paseo Nuevo, desde la escultura Construcción Vacía de Oteiza, o empaparse de cultura. Tuve la ocasión de ver la exposición Sarajevo- Guerra y Paz de Gervasio Sánchez, en la Sociedad Fotográfica de Gipúzkoa. Las fotografías de este enorme artista comparan la ciudad bosnia en el momento del cerco, allá por 1992 y la situación presente. Es un documento social de primera magnitud. Donostia fue capital cultural europea en 2016. Tengo la impresión que no se quiso promocionar lo suficiente. 

El tiempo soleado invita a subir al Igeldo en el funicular. Los sábados son el peor día para hacer el trayecto porque los compartimentos están llenos de niños que chillan, pisan a los ancianos, sin que los padres les digan nada. Una buena comida, con pescado fresco del Cantábrico, alivia cualquier enfado.

En esta ciudad cosmopolita  te puedes encontrar con gente impensable. El actor John Malkovich veía el partido de fútbol, el Clásico, en un bar de la zona vieja. Seguía con atención los pormenores del encuentro. No cabe duda que es seguidor del Barsa. Festejó el gol de Messi como el más acérrimo fan. Cambiando impresiones con un afable alemán, también me confesó que prefiere al equipo azulgrana. Empezaba el camino vasco hacia Santiago de Compostela. Es su tercer camino, después de hacer el camino  portugués y el francés. Son simples anécdotas de un viaje agradable, por el buen tiempo, por la vida que se disfruta paseando y observando al gentío en la arena de la Concha, jugando al voleybol, al fútbol, al frontenis, paseando antes de la llegada de la marea alta, tumbados para absorber la bondad de los rayos solares, que, sí, asoman en el Norte.