consejos viajes

EL CAMINO DE SANTIAGO (III) Por Tierras de La Rioja

EL CAMINO DE SANTIAGO (III):

POR TIERRAS DE LA RIOJA

 

Los peregrinos llegan a La Rioja desde Navarra atravesando el puente sobre el Ebro, dejando el monte Cantabria a su izquierda. Desde su cima, que conserva un yacimiento romano y un restos de un núcleo visigodo, puede contemplarse el embalse de Salobre y la capital riojana, Logroño. Una sensación de serenidad invadirá al caminante al divisar estos parajes. En La Rioja se juntan los peregrinos que hacen la ruta del camino francés con los que hacen el itinerario del valle del Ebro, desde el Levante hasta Calahorra. Desde aquí hacen juntos el camino de Santiago.

Clavijo es la siguiente parada. Aquí tuvo lugar una batalla inolvidable para los cristianos a mediados del siglo IX. Otro punto riojano del Camino es la villa de Navarrete, lugar de leyendas como la del gigante Ferragut. Nájera, rica en iglesias y leyendas, acogerá al peregrino con la amabilidad de todos los riojanos.

Los monasterios de San Millán de la Cogolla, Suso, Yuso, Santa María del Salvador de Cañas y Valvanera, no quedan lejos de la ruta jacobea. Es una buena decisión acercarse a alguno de ellos y adquirir los licores que los monjes preparan a base de plantas aromáticas recogidas en las montañas vecinas.

Santo Domingo de la Calzada, la Compostela riojana, fundada por el santo después de talar un bosque denso y construir el camino que enlaza con otras poblaciones. La leyenda de la gallina que cantó después de asada perseguirá al caminante en su viaje. Pero lo que aquí nos interesa no son las leyendas sino el entorno natural que podamos encontrar. Los kilómetros que el Camino de Santiago que transcurren por tierras riojanas son los más singulares en el aspecto ecológico: cumbres nevadas, valles frondosos, llanuras sembradas de viñedos, tranquilidad de pueblos milenarios acogedores, torres de las iglesias inundadas de nidos de cigüeñas, paz y sosiego en el silencio de monasterios emblemáticos.

Si el caminante cruza estos parajes en la época de la vendimia, puede contemplar las tareas enológicas que no han evolucionado, que mantienen sus orígenes ancestrales...Y probar el excelente resultados de los vinos laureados en todo el planeta.

 

Continuará…(por tierras castellanas)

Bjkr2zrceaadz o

La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

 

Cuando azota el viento de levante en las playas cercanas a los acantilados de Barbate, en las arenas infinitas de Zahara de los Atunes, en las cercanas dunas de Bolonia, las gaviotas desaparecen del firmamento de la parte atlántica de la costa gaditana y se refugian en los recovecos de las paredes rocosas que se asoman al océano. Las rachas de viento limpian las playas de bañistas y solo algún atrevido surfea sobre las encrespadas olas que baten con fuerza las arenas doradas.

Los viajeros jubilados pueden disfrutar de unos paseos relajantes sobre las arenas que se pierden en el horizonte, donde parece divisarse la blancura de las casas de Vejer de la Frontera sobre una colina vigilante. El mes de Octubre es excelente para disfrutar de la costa gaditana que se extiende desde Cádiz hasta Barbate y llega a Atlanterra, lugar de nuevas urbanizaciones respetuosas con el entorno. En los días claros se puede ver el perfil montañoso de Marruecos al otro lado del estrecho. Si se quiere alargar la estancia, un buen destino es la cercana Tánger, a la que se puede acceder en menos de una hora desde el puerto de Tarifa.

Viajar en autobús desde Cádiz a Zahara de los Atunes permite oír las conversaciones de los extrovertidos gaditanos. Un señor de unos setenta años, moreno, afilado en toda la estructura de su cuerpo, parlanchín, comentaba con otro viajero que le metieron en la cárcel por robar una lechuga en sus años mozos. Relataba que ahora es distinto, que hay corruptos y ladrones que viven a sus anchas, libres, disfrutando de lo robado. Su conversación tocó el tema candente de Cataluña: no me explico cómo una región en la que viven tan bien haya montado tal pitoste. Ya les daba a estos lo que ocurrió con los míos, Una maleta y a ganarse la vida lejos de los tuyos. Emigrar, trabajar, sudar, luchar día a día por sobrevivir. Que por aquí las criaturas que se echan a la droga es porque no tienen más remedio, porque se levantan y no tienen otro clavo al que agarrarse. ¿Cuántos jóvenes catalanes, navarros, vascos, riojanos están metidos en la droga? Los que se quieren independizar son unos egoístas. Interesantes y aleccionadoras estas palabras de este gaditano parlanchín.

En la playa de Atlanterra sobresale, construido sobre las rocas de la orilla, un búnker de la guerra civil que vigila el estrecho y los lujosos chalets levantados en la colina. Contraste de colores blancos de las vivienda, del azul de las aguas y del verde de los pinares de la sierra de la Plata.

Las arenas doradas de la playa de la Barrosa, próxima a Chiclana de la Frontera, besan las embravecidas aguas del océano Atlántico. Esta playa es una de las más bellas y limpias del litoral gaditano. Rodeada por urbanizaciones de casas bajas que han cuidado el entorno adaptándose al paisaje ecológico de gran valor. Se extiende a lo largo de siete mil metros. Destacan en ella las dunas de arena blanca y los acantilados cercanos. No muy alejado está el cabo de Trafalgar. Frente al cabo las tropas españolas y francesas hallaron la derrota frente a la escuadra inglesa liderada por el almirante Nelson, en 1805. La luz continua del faro guía los barcos que surcan las aguas durante la noche. Al atardecer los turistas contemplan la puesta del sol, asombrados ante tanta belleza natural. Los surfistas tienen un paraíso en las playas de los Caños de Meca.

E5fbc6e3 city 50401 14f991b4632

Los acantilados de Barbate se erigen como enormes fantasmas de piedra caliza entre el  mar y los densos bosques de pinares. Las montañas azotadas por las olas descienden hasta Barbate, localidad marinera que ha hecho de la pesca del atún y del arte de la almadraba su razón de ser. Del puerto pesquero parte un espigado paseo marítimo que deja  a un lado los viejos barrios donde se asientan iglesias barrocas y plazas con palmeras. Las marismas son escenario del surcar de las barcas pesqueras. En la cercana Zahara de los Atunes, un baluarte defensivo sobresale entre las casas marineras. Se construyó para proteger el pueblo de los ataques piratas.

Visitar esta zona de la costa atlántica de Cádiz devuelve la serenidad al más ansioso de los viajeros.

Alhama de Aragón: los baños termales

Alhama de Aragón: los baños termales

 

José Luis Sampedro, novelista, economista, aspirante a un mundo solidario, eligió Alhama de Aragón para pasar temporadas de su vida y disfrutó de este pueblo bello aragonés, en las cercanías de Calatayud. Le han dedicado una exposición permanente en el edificio que sirve de oficina de turismo y centro social para la tercera edad, al lado de la iglesia de la Natividad, divisando la torre del homenaje del castillo árabe. El mejor lugar para que los ancianos disfruten de un vecino insigne, él que tanto disfrutó de la paz, de la naturaleza, de los baños termales y de la tranquilidad de este lugar mágico.

Descarga

 

Alhama está impregnada de ambiente árabe: desde su nombre -alhama proviene del árabe al-hamman, que significa los baños-, hasta su trazado, con calles estrechas, que proyectan la sombra necesaria en los días soleados del verano. El Cid Campeador la conquistó y su nombre aparece en el Cantar del Mío Cid.

 

Los más viejos del lugar se quejan de la soledad en la que se sumerge el pueblo una vez se acaban las fiestas patronales de mediados de Agosto. Sin embargo, el viajero jubilado puede observar el ir y venir continuo de los turistas que se hospedan en alguno de los balnearios que aprovechan los manantiales de aguas termales para ofrecer tratamientos excelentes a sus huéspedes. Un destino recomendado para todos, en especial a los que necesitan un plus de relax por las propiedades terapéuticas de sus aguas.

Alhama de aragon 2000 zaragoza

 

Los paseos por las callejuelas de Alhama de Aragón traerán a la memoria del viajero jubilado sus días de infancia, correteando por sendas, subiendo a los árboles, trepando por las paredes rocosas de los desfiladeros, paseando por las orillas del río Jalón.

 

Intuimos la razón de la amabilidad, buen carácter, sonrisa perenne de José Luis Sampedro: sus estancias en Alhama le reportaron una paz interior, un sentido de la vida, alejado de la tragedia de escritores de generaciones anteriores, que se refleja en sus obras.

 

El camino de Santiago: Naturaleza y emoción

EL CAMINO DE SANTIAGO: NATURALEZA Y EMOCIÓN (I)

POR TIERRA ARAGONESAS

 

Estos días que tantos peregrinos se acercan a Santiago de Compostela, en un periplo fervoroso y entusiasta, no estaría de más una reflexión sobre alguno de los puntos naturales más enigmáticos del camino. Conozco a muchos viajeros jubilados que van a Compostela, después de muchos años de preparación. Aquí voy a resaltar el valor ecológico de este viaje.

Desde todos los confines de Europa, desde Irlanda, Rusia, Islandia, Eslovaquia, Polonia.., cientos de rutas enraizadas en la cultura europea han guiado a millones de personas hacia el lugar de encuentro, hacia el finis terrae. Hay quien afirmó que Europa se construyó caminando hacia Santiago. En el Finisterre la tierra se abre al mar furioso. Los peregrinos contemplan un espectáculo mágico, inigualable, enigmático.

Dicen que desde Roncesvalles a la tumba del apóstol Santiago hay un millón de pasos. El amante de lo natural puede encontrar lo que anda buscando, aparte de su reconciliación espiritual. Las antiguas calzadas romanas fueron utilizadas por lo primeros peregrinos, en el siglo XI, para realizar su peregrinaje.

El tramo aragonés del camino, que se desarrolla entre el Pirineo de Huesca y la población navarra de Puente la Reina, se corresponde con el antiguo sendero europeo desde el bosque de Bohemia, en la República de Chequia, hasta Galicia. El itinerario aragonés consta de 190 kilómetros. Atraviesa la Jacetania, las comarcas del alto valle del Aragón. El recorrido se inicia en Somport, en la frontera con Francia, a 1633 metros de altitud. En Canfranc la nieve es perenne. El río Aragón serpentea entre antiguas fortalezas militares. Los valles, entre montañas elevadas hasta el firmamento, acompañarán al caminante hasta llegar a Puente la Reina.

                                                                                        Loarre

Canfranc es villa de frontera. Las grutas, utilizadas por refugiados y espías, albergan tumbas con epitafios emocionantes. Cerca de la ciudad de Jaca se puede contemplar el Serrablo (valle del diablo), zona de leyendas y mitos ancestrales en relación con el peregrinaje. En la sierra de Santa Orosia, la montaña sagrada del Serrablo, los saltos de agua conviven con las cuevas inquietantes.

En San Juan de la Peña el caminante quedará extasiado por la belleza de la balma rocosa de conglo que sirve de techo al recinto monástico. Un manantial brota cerca del claustro del monasterio, sobrevolado por aves rapaces.

El castillo de Loarre y, en sus inmediaciones, el conjunto rocoso de los mallos de Riglos son otras de las maravillas a descubrir por el peregrino. La mejor hora para admirar los mallos es el atardecer, cuando los rayos cubren de rojo las piedras.

 

Cracovia: una ciudad impresionante

El Vístula fluye a los piés del Castillo Wawel, la colina que alberga el palacio real y la catedral de la ciudad polaca de Cracovial. Lo hace ajeno a los movimientos de turistas que suben y bajan la colina en la que se asienta las maravillas del palacio y la iglesia catedralicia. Aquí ejerció de arzobispo y cardenal el futuro Papa Juan Pablo II, ídolo de los cracovianos y de todos los polacos. El poder polítco y el eclesiástico conviven en esta colina de lujo e historias conmovedoras. Las tumbas de reyes y arzobispos compiten por ser las más admiradas. Les gusta estar juntos hasta despuñes de muertos.

Las riquezas de la basílica de Santa María en la Plaza medieval del Mercado, en el centro de la ciudad vieja, asombran al viajero. Aquí, como en todas las iglesias de Cracovia, el lujo brilla en foma de retablos con ricas maderas, cúpulas doradas y estatuas de mármol. Los turistas se mezclan con los que rezan, algunos de aquellos en actitud desagradable. Grupos de adolescentes esperan sentados en los bancos cerca de los confesionarios para confesar sus pecados. Recuerdos de la juventud perdida en nuestros pueblos, cada vez más alejados de la práctica religiosa. 

Krako w sukiennice 01 

En la plaza del mercado el bullico se acrecenta con los trotes de los coches de caballos que llevan a los turistas por todos los ángulos de esta plaza medieval, la más grande de toda Europa. La torre del antiguo ayuntamiento vigila mientras grupos de músicos lanzan sus notas musicales y los viajeros se arremolinan en torno a ellos. Hay una pequeña exposición de fotografías del Papa polaco en un rincón de la plaza. Su imagen podrá verse en fotos, carteles y estatuas en cualquier calle de la ciudad, en especial en los lugares donde estudió y vivió de jóven, y en el palacio episcipal que le sirvió de morada en su época cadenalicia. 

La historia de Cracovia, capital de Polonia en épocas fructíferas en lo artístico y cultural, es rica en invasiones, ocupaciones, raptos y atracos. Todos los países vecinos quisieron apropiarse de esta rica ciudad: lituanos, ucranianos, rusos, austriacos, alemanes, húngaros. La última fue la más funesta: Septiembre de 1939. Los nazis ocupan toda Polonia y establecen en Cracovia su capital adminstrativa. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el  ejército rojo se adueña de ella. Los soviéticos implantan su sistema. Con la caida del Telón de Acero, la democracia vuelve entre el entusiasmo de la gente. Sin embargo, hay razones para pensar que los ciudadanos están hartos de esta democracia fantasmal.

El viajero queda sorprendido al contemplar la manifestación de cientos de cracovianos que protestan en la plaza medieval. Aluden en sus gritos a la defunción de la democracia. Suena marchas fúnebres por los altavoces de la torre del Ayuntamiento. En todo el planeta podrían hacerse manifestaciones parecidas, tal como está el panorama democrático. 

Se han dado prisa en Cracovia para adaptarse a las costumbres occidentales. El consumismo impera. Las marcas de franquicias textiles y de comida rápida abundan por doquier. Pero Cracovia conserva un ambiente que la distingue de cualquier otra ciudad, que la hace única. Nadie debería perderse sus encantos. Una visita al barrio judío y al ghetto, donde los nazis recruyeron a los judios antes de su deportación a los campos de extermionio, es obligada para conocer el lado horroroso de esta Cracovia. La descripición de estos lugares es tema para la sección de memoria  histórica.