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Costa del sol: refugio de jubilados en invierno

COSTA DEL SOL: REFUGIO DE JUBILADOS EN INVIERNO

Desde la playa de la Carihuela, antiguo barrio de pescadores, cerca del Puerto Marina, en el paseo marítimo que une Torremolinos con Benalmádena, puede divisarse en la lejanía, sobresaliendo entre el verdor grisáceo de las montañas malagueñas y el azul intenso del Mediterráneo, las cumbres blancas de Sierra Nevada. Es tiempo invernal en la península ibérica y en toda Europa, pero en esta zona es una bendición pasear disfrutando de la luminosidad y tomar el sol a la orilla del mar. Es lo que hacen miles de jubilados del norte europeo. Aquí tienen lo que les falta en sus países durante el invierno.

Durante mucho tiempo la Costa del Sol era toda la costa mediterránea andaluza, desde Tarifa hasta el Cabo de Gata, pero la estrategia del márketing turístico ha querido que solo la franja malagueña y la gaditana hasta Tarifa sea considerada como la auténtica Costa del Sol, dejando para Almería y Granada el de Costa Tropical. El corazón del área turística, desde Estepona a Málaga, se considera el mayor centro vacacional de Europa. El sol brilla 320 días al año y el turista lo aprovecha, convirtiendo los antiguos pueblos pesqueros tranquilos en bulliciosos bloques de hoteles y apartamentos, clubs noctunos, campos de golf y restaurantes de todo tipo. Si se requiere tanquilidad es necesario adentrarse por los senderos de las montañas del interior.

El pasado árabe de los pueblos costeros es un hecho, no solo en su denominación sino tambien en el legado cultural. En Estepona, a los pies de Sierra Bermeja, los restos de una fortaleza mora y una torre de vigilancia permanecen para disfrutar desde allí las actividades del puerto pesquero y del puerto deportivo. En la sierra, entre alcornoques y pinos, el viajero jubilado puede respirar la naturaleza en su amplitud. Si se prefiere el turismo rural, los pueblos de la serranía de Ronda o los más cercanos a la capital, como Mijas, Coín, Alhaurín el Grande, ofrecen iglesias góticas, restos romanos y burro taxis

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Málaga, una de las ciudades europeas con  mayor número de museos excepcionales, puede contemplarse a vista de pájaro desde lo alto de la Alcazaba. Los naranjos, higos, caña de azúcar, algodón, las pasas , el famoso vino Pedro Ximénez,  o el vino moscatel son la esencia malagueña. El paseo del parque, la plaza de la marina, la alameda principal, las atarazanas forman parte del distrito portuario, muy cerca de la ciudad vieja, con su imponente catedral renacentista como edificio más singular. Le llaman La Manquita porque una de las torres está a medio construir. No dejen de visitar la Capilla del Rosario que contiene un cuadro del pintor Alonso Cano y la Capilla de Nuestra Señora de los Reyes con las estatuas de los Reyes Católicos arrodillados. 

Torremolinos ya no es lo que fue en las décadas de los ochenta o noventa del siglo pasad. Ahora es lugar más tranquilo donde los turistas recorren el paseo marítimo con los rayos del sol quemando su piel. Antes de 1960 cuando los turistas lo invadieron, Torremolinos era un pueblo somnoliento, dedicado a la pesca, que se había desarrolado a partir de un par de molinos y la Torre de Pimentel, que da nombre al pueblo. Ganó fama mundial por la novela The Drifters (Los vagabundos) de James A. Michener, un libro de culto para la generación hippy. Los dos antiguos barrios pesqueros, la Carihuela y el Bajondillo, se adaptaron a las necesidades de los turistas.

Normandía

NORMANDÍA

En Normandía los gavilanes vuelan en la niebla, sobre las dunas, el frío, la espuma blanca de las olas, observados por altos acantilados y bella playas. La niebla expande su atmósfera mágica en esta parte de la Francia atlántica.

Los acantilados blancos de Dóver , en la orilla inglesa del Canal de la Mancha, se vislumbran desde la Costa de Alabastro normanda. Desde Le Havre hasta Chesbourg se suceden las playas del desembarco aliado en Julio de 1944: Juno, Gold, Omaha, Utah. La bahía del Mont-Saint-Michel domina la espectacular abadía fortificada, que, dependiendo de la marea, está unida a tierra o aislada en el océano.

El interior de Normandía es rico en verdor: pastos, cultivos en campos cerrados (bocage) por muros de piedra o hileras de árboles. La desembocadura en el Canal de los ríos Sena, Torques, Orne y Vire forman amplios estuarios. Cientos de jardines dan color a la región. El impresionismo de Claude Monet captó todos los matices.

El paisaje normando transmite paz. Es difícil imaginar que sus doradas arenas y sus acantilados de piedra caliza fueron testigos de invasiones y batallas memorables. Normandía es un libro abierto de arquitectura y de historia. Los monjes fundaron sus abadías románicas y las incipientes ciudades erigieron iglesias y catedrales con torres inconfundibles. La vegetación de Normandía ha sido un reclamo para los artistas, para los pintores que pintaron al aire libre la naturaleza, con formas y matices nuevos, para los escritores, como Flaubert o Proust que eligieron este ambiente para crear personajes inolvidables como Madame Bovary o Balbec.

  Personajes ligados a Normandía:

Guy de Maupassant, Claude Monet, Santa Teresa del Niño Jesús, el pianista y compositor Camile Saint-Saëns, Gustave Flaubert, Marcel Proust.

El oceáno Atlántico garantiza inviernos suaves y veranos calurosos. El paraguas debe formar parte del equipaje del viajero jubilado porque, aunque no en grandes cantidades, puede aparecer sin avisar.

La moneda oficial es el EURO como en la mayoría de países de la Unión Europea.

 He diseñado dos rutas para la semana en Normandía:

Ruta A:  Del Sena al mar- La Alta Normandía

Visitas imprescindibles:

Rouen

-su casco antigüo con la Catedral  y las iglesias de St-Maclou y St-Ouen, con sus magníficas vidrieras

-las huellas de Juana de Arco

-museo de Bellas Artes

Le Havre

-barrios del puerto y de St-François

 Las Abadías desde Rouen hasta el estuario del Sena:

-Saint-Martin-de-Boscherville

-Abadía de Jumièges

-Abadía de St-Wandrille

El ojo de la aguja acantilados etretat

Un pequeño pueblo con encanto, en la costa de Alabastro, a pocos kilómetros de Dieppe: Varengeville-sur-mer, donde está enterrado uno de los máximos exponentes del cubismo, Georges Braque.

-castillo de Martainville

-castillo de Mesnières-en-Bray

Ruta B: Caen , las playas del Día D y Mont-Saint-Michel- La Baja Normandía.

Caen

-castillo

-museo de Normandía

-las playas del desembarco aliado

Abadía del Mont-Saint-Michel: fue construida para ser una fortaleza inalcanzable, llena de pasadizos secretos. Santuario y meta de peregrinaje. A merced de las mareas, que la dejan como una isla en mitad del océano.

 Granville: ciudad alta y pointe du roc.

Islas Chausey, a las que se accede desde el puerto de Granville.

Abadía de Lucerne.

Cherbourg: centro histórico y la basílica de la Trinidad.

Alojamientos

 Para la ruta A:  Comfort Hotel Rouen Alba:

El Comfort Hotel Alba está cerca de los lugares de interés histórico de Ruan. El Gran Reloj (Gros Horloge) se encuentra a 7 minutos a pie, mientras que la torre de Juana de Arco se halla a 13 minutos a pie. Buena relación calidad-precio.

Para la ruta B:  Le Chant des Oiseaux, Courseulles-sur-Mer:

Situado entre la playa y el puerto, permite disfrutar de actividades náuticas y de la animación del pequeño pueblo de Courseulles.

Gastronomía:

Licor Bénédictine, inventado por los monjes en el siglo XVI. Se emplean 27 hierbas para su elaboración, desde vainilla procedente de Madagascar, té de Ceilán, clavo de Zanzíbar, hasta mirra de Oriente Medio.

Es obligatorio comer un crêpe en cualquiera de las brasseries que abundan en esta región. Las ostras y las almejas son una delicia, así como el queso Camembert. La tripa de los bovinos, preparada al estilo tradicional, es un plato típico en Caen.

Transporte:

 Desde España lo mejor es coger el avión hasta cualquiera de los aeropuertos de París y desde aquí hacer el trayecto a Normandía en tren. Desde la Gare de St-Lazare parten trenes hacia Caen, Le Havre y Cherbourg. Llegan en una hora a Rouen.

 

Libros y películas:

 “Madame Bovary” de Gustave Flaubert

“En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust

 -“El día más largo” está basada en el libro de Cornelius Ryan, “Longest Day“, que narra el desembarco aliado en Normandía, el día 6 de Junio de 1944.

-“Juana de Arco“: Película de Victor Fleming, protagonizada por Ingrid Bergman. Sinópsis: la Doncella de Orleáns (1412-1431), una joven profundamente religiosa, vivió durante la Guerra de los Cien Años, en la que se enfrentaban Francia e Inglaterra. Completamente convencida de que Dios le había encomendado la misión de expulsar a los ingleses y de salvar a Francia, va a ver al Delfín, el futuro Carlos VII, y consigue que le proporcione tropas para levantar el sitio de Orleáns. 

Normandi a portada

 

  http://es.normandie-tourisme.fr/turismo-de-normandia-1-5.html

Web de información turística, alojamientos…

 

http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/recorrido-por-normandia-2_9664

Recorrido por los enclaves históricos de Normandía

 

 

 

 

Soria, poesía, naturaleza y románico

SORIA: POESÍA, NATURALEZA, ROMÁNICO


 Páramos cruzados por Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid; lugar de históricas batallas; cuna del románico más puro; tierra cantada por insignes poetas; espacios naturales donde el viajero jubilado puede perderse y recuperar el sosiego. Esto es Soria y su provincia.
Asombra la heterogeneidad de la provincia soriana, donde se pasa del llano más desértico a los espesos pinares y altas cumbres,  como la sierra del Moncayo y los Picos de Urbión, donde nace el río Duero, otro de los iconos de Soria.
El pasado es parte del presente: Numancia, Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor, Tiermes, Uxama, Medinaceli, los pequeños pueblos que albergan una iglesia románica, nos recuerdan la importancia histórica de estos parajes, ahora sumidos en el olvido institucional.
De la diversidad del paisaje soriano hablan el Valle del Razón, hermoso, fresco, verde y fértil como el campo irlandés; los castillos árabes o cristianos que pueblan colinas y poblados; las Tierra Altas, comarca tatuada por las huellas de los dinosaurios; los castros celtibéricos, situados en lugares estratégicos de la serranía del Norte.
         

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Personajes ligados a Soria: 
Los poetas Antonio Machado, Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer. Personajes históricos: Publio Cornelio Escipión, que dirigió el asedio a Numancia; Almanzor, el líder musulmán que fue derrotado en Calatañazor.

El clima es típicamente de interior continental: inviernos fríos, con nevadas ocasionales, y veranos extremadamente calurosos. Por eso, se recomienda la visita en la primavera o el otoño.

 Necesitaríamos más de un mes para degustar bien los paisajes sorianos y sus pueblos, su riqueza artística y natural, pero el objetivo de esta guía es diseñar rutas para una semana de duración. Porque el viajero jubilado tiene que regresar relajado y no cansado a su lugar de residencia. Soria les devolverá el ánimo y el sosiego.

Ruta A: La capital. Numancia. Naturaleza:

Soria, una ciudad de poetas, de plazas, de iglesias románicas: Iglesia de San Juan de Rabaneda,  Iglesia de Santo Domingo, Arcos de San Juan de Duero. 
Paseo por la orilla del Duero hasta la ermita de San Saturio.
Huellas de Machado en Soria.
El acebal de Garagüeta, el mayor de Europa.

 La laguna Negra y Vinuesa.
Picos de Urbión y nacimiento del río Duero.
El Valle del Tera.
El Moncayo y Ágreda, pueblo de las tres culturas.
Almazán con su muralla árabe y su casco antiguo. 

Ruta B: El Burgo de Osma. Cañón del Río Lobos.
Catedral y su barrio en el Burgo de Osma.
Ruinas de Uxama.
Cañón del Río Lobos y su fauna y flora.
Castillo de Ucero.

 Calatañazor: pueblo medieval y su castillo-fortaleza.
Sabinar de Calatañazor.
La Fuentona en Muriel de la Fuente.
Almazán con su muralla árabe y su casco antiguo. 

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Alojamientos:
 Para la ruta A: Parador de Soria:
Enclavado en lo alto de un bosque, el Parador de Soria es un lugar privilegiado desde el que contemplar una extraordinaria panorámica de la ciudad monumental y el caudaloso Duero. Sus espléndidos ventanales ofrecen un paisaje único. Y pronto te darás cuenta de que la sombra de Antonio Machado, presente en toda la ciudad, también se aprecia en el Parador. El restaurante, de aspecto moderno, ofrece comida tradicional soriana, como las exquisitas alubias, las migas, el asado de cordero o las sopas de ajo; aunque también podrás disfrutar de preparaciones más vanguardista, como el cochinillo deshuesado y prensado o recetas innovadoras como el costillar de cordero lechal.

Para la ruta B: Hotel Virrey Palafox en El Burgo de Osma:
El Hotel Virrey se encuentra en pleno casco histórico de El Burgo de Osma. Un formidable hotel de cuatro estrellas concebido para disfrutar del patrimonio y cultura de la villa.

Gastronomía:

Torrezno de Soria, con denominación de origen.
Mantequilla de Soria. Migas pastoriles. Cordero asado.


Transportes: La mejor opción para llegar a Soria es el coche propio o bien el autobús. A Soria arriban buses desde Madrid, Pamplona, Valladolid, Salamanca, Logroño, Barcelona. Para moverse por la provincia el coche propio les dará libertad para amoldar sus tiempos. Otra posibilidad es el alquiler de un coche para recorrer la provincia, una vez han llegado a la capital. Existen conexiones por bus entre los principales núcleos, pero con horarios espaciados.

Libros para leer antes, durante o después del viaje:
 “La Tierra de Alvargonzález” de Antonio Machado.

“Leyendas” de G.A. Bécquer.

Película para ambientarnos con el paisaje:
 “El cielo gira”: Mercedes Álvarez, directora de este documental, regresa a sus orígenes para contemplar la extinción de un pueblo al tiempo que intenta recuperar las imágenes del mismo lugar cuando aún rebosaba vida, cuando, a principios de siglo, el pueblo contaba con cuatrocientos habitantes. La intención de la narradora no es otra que mostrar la decadencia del pueblo, su desaparición, pero captarla mientras ocurre, no a posteriori, a fin de dejar los hechos anclados en la memoria. Una historia extrapolable a los muchos pueblos fantasma que hay ya en España que no sólo olvidan su historia, sino también su paisaje. Sólo quedan 14 habitantes en el pequeño pueblo de Aldealseñor, una localidad de los páramos altos de Soria. Pertenecen a la última generación tras mil años de historia ininterrumpida, y es muy probable que la vida del pueblo se extinga con ellos. 

Países Bálticos (II)

PAÍSES BÁLTICOS (II)

Podría decirse que la independencia de los países bálticos en 1991 de la antigua URSS fue una singing revolution/revolución cantada, por las manifestaciones pacíficas de la gente, llenando avenidas y cantando sus canciones tradicionales folklóricas. Los tres países, Estonia, Letonia y Lituania, tienen una tradición de coros y danzas milenarias, que les han valido la consideración de patrimonio mundial inmaterial por la UNESCO. Durante los meses de verano, cuando el hielo y la nieve desaparecen, celebran sus festivales en los que cantan y danzan miles y miles de personas. Es un signo de identidad de estos países del Báltico. En la enseñanza secundaria la asignatura de canto coral es obligatoria durante un curso y podría decirse que todos los estonios, letones y lituanos cantan los cánticos tradicionales con maestría.

El castillo de Tallin que los alemanes feudales erigieron con ladrillos rojizos de arcilla está en la zona alta de la ciudad, junto a la catedral ortodoxa de Alexander Nevski, con sus cúpulas encebolladas. En los miradores de esta parte de la ciudad puede verse la ciudad medieval  y, al fondo, el puerto y el mar. Antes los pescadores poblaban la bahía con sus barcas, hoy es la zona de los ricos rusos, que aquí, como en los tres países bálticos, son los dueños de los mejores edificios.

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Cerca de Sigula, ciudad que significa el bosque de los jabalíes, hay un enorme parque con esculturas que representan las canciones letonas. Por esta zona occidental de Letonia, vivieron hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial los livones, pueblo que ha desaparecido por las represalias de nazis y soviéticos y fue absorbido por las comunidades invasoras. Muy cerca del parque hay unas ruínas de un castillo de la orden teutónica de los livones. El palacio cercano, antigua residencia del gobernador ruso, se convirtió en un cardiosanatorio para los astronautas rusos que volvían del espacio, como el primer cosmonauta, Gagarin.

En Riga destaca su barrio modernista, en una ciudad donde hay más de 700 edificios de este estilo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los mismos pertenecía a los ricos comerciantes judíos. Los nazis exterminaron en el campo de concentración de Riga a unos 70.000 judíos, por lo que los propietarios de estas elegantes viviendas son, ¡cómo no!, los ricos rusos, que se permiten no pagar impuestos y lucir sus cochazos por las distinguidas avenidas de la capital de Letonia. En la ciudad reside la mitad de la población de Letonia, con un 50% de rusos. Como anécdota, se puede apuntar que el millonario George Soros, judío húngaro, compró uno de estos edificios y lo transformó en Universidad privada, donde estudian los hijos de millonarios rusos e hijos del cuerpo diplomático. Pueden verse en los alrededores elegantes coches con matricula CD, cuerpo diplomático. Una afrenta para los trabajadores letones, con un sueldo medio de 450 euros y con unos impuestos del 35%. En el campo, donde la gente está empobrecida, apenas hay gentes de otras procedencias. Por eso, es imprescindible, si se quiere conocer la realidad de este país y de los otros dos, detenerse en alguna de las comunidades rurales, donde el nivel de vida está a años luz del occidental medio y donde te recibirán con una bienvenida no fingida, auténtica, con el cariño que solo se da en los pueblos.

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Una de las curiosidades de la capital letona son sus naves del mercado, antiguos hangares para la construcción de zepellines. Aquí el viajero jubilado encontrará los productos frescos de los campos letones, observará de primera mano el vestir, el hablar, el conversar de los campesinos que traen las hortalizas, carne y pescado, fresco y en salazón, para ofrecerlo a sus asiduos clientes. La catedral luterana de Santa María, levantada  en 1212 por los caballeros cruzados que cristianizaron a los paganos de estas tierras en el siglo XIII, fue reconstruida por el zar Pedro el Grande en 1718. Es de destacar el órgano con casi 7000 tubos.

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El palacio de Rudale, cerca de la frontera con Lituania, parece ser una visita obligada para los grupos de turista que acuden aborregados a visitarlo, pero para el viajero jubilado que va por libre no es esencial, pues hay cientos, miles, como este monumento y que probablemente ya haya visitado. Es mejor aprovechar el tiempo en otras visitas, que en contemplar los lujos de aristócratas indolentes y gandules.

 

 

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

Países de lagos, llanuras infinitas y de bosques. Los países bálticos carecen de montañas, por eso, a la más mínima altitud le llaman montaña, aunque no pase de ser una colina mal trazada. Vilnius, la capital de Lituania, se extiende, como Roma, sobre siete colinas, enanas, pero colinas al fin y al cabo. Hace frío en invierno y el viento es helador. Las nubes amenazan desde un firmamento gris y triste. En verano el cambio es radical. Los días son eternos porque no llega a anochecer. Solo oscurece y el sol vuelve a salir sobre las tres y media de la madrugada. El viajero jubilado extraña esta situación. Espera el anochecer que nunca llega y un color rojizo inunda el horizonte.

A los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, nombrados de norte a sur, el ejército rojo los liberó de los nazis en 1944, pero estuvieron casi cincuenta años liberándolos para que supieran lo que es ser libres bajo el yugo estalinista. Este año 2018 celebran los tres países el centenario de su primera independencia, después de siglos de ocupación alemana o danesa o sueca o rusa, que todos estos pueblos invadieron las tierras bañadas por el mar Báltico. Durante la ocupación soviética y en el tiempo de los zares, cientos de miles de rusos emigraron a estas regiones por motivos económicos, de repoblación, auspiciada por el poder ruso, o económicos, para controlar todos los recursos. En Estonia y Letonia los rusos o sus descendientes suponen casi la mitad de la población, sobre todo en las ciudades. En Lituania no llega a este nivel, pero también hay numerosas comunidades rusas. Después de su independencia en 1991 los gobiernos de Estonia y Letonia denegaron la nacionalidad a los rusos o aquellos con abuelos o ascendientes familiares rusos. Solo pueden conseguir la nacionalidad después de un examen en el que tienen que demostrar su capacidad de hablar y entender el estón o letón. Los más mayores no pueden conseguirlo y permanecen en una situación paradójica, extranjeros en la tierra en que nacieron.

La religión es otro de los aspectos a tener en cuenta por el viajero. Los dos países más al norte, Estonia y Letonia, con más influencia alemana desde la llegada de los caballeros teutones, son luteranos, aunque más de la mitad de la población se declara no creyente. En Lituania, con influencia polaca fuerte porque con ellos compartieron nación durante muchos años, son mayoritariamente católicos practicantes. En Vilnius hay casi cincuenta iglesias, que durante los domingos se llenan de fieles para seguir la ceremonia religiosa. En los tres países hay importantes comunidades ortodoxas que acuden a sus catedrales e imponentes iglesias, convertidas durante la época soviética, al igual que las catedrales e iglesias católicas,  en museos del ateísmo, garajes, almacenes, caballerizas, cuarteles militares, hoteles...La práctica religiosa no estaba prohibida, pero era mal vista por las autoridades soviéticas, de tal forma que los que acudían a las iglesias o celebraban la Navidad a escondidas de sus vecinos, soplones probablemente del KGB, engrosaban las listas negras que les impedían acceder a los pisos oficiales, a las subvenciones estatales, al campamento de sus hijos en verano o la entrada en la universidad.

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En Tallin, capital de Estonia, el KGB tenía sus oficinas en los últimos pisos del imponente hotel Viru, edificio más alto construido por los soviéticos hasta el año 1972. Los estonios dicen que fue construido con microcemento, la mitad de cemento y la otra mitad con los micrófonos espías. Esta ciudad fue un enclave importante dentro de la liga hanseática medieval, que englobaba ciudades alemanas y del norte europeo con un objetivo de apoyo comercial y defensivo, antecedente de la actual Unión Europea.

Los barrios antiguos de las tres capitales bálticas, Tallin, Riga y Vilnius, forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, por su valor histórico y artístico y conservan su esencia. Aquí los viajeros jubilados encontrarán ejemplos del mejor gótico, barroco, neoclasicismo, de murallas medievales o de iglesias y catedrales que impresionan. En las oficinas de información les detallarán los itinerarios y les proveerán de mapas y planos útiles. Solo unos humildes consejos: para comer, eviten estos barrios porque los precios se duplican con respecto a otras zonas; si pueden, asistan a un concierto de música coral o de danzas tradicionales, ambos Patrimonio inmaterial de la Humanidad, como el fado en Portugal o el flamenco en España; tengan cuidado de los carteristas que pululan en la iglesia de St. Olav, en Tallin, el edificio más alto de Europa entre 1549 y 1625; si tienen intención de pasar un día en Helsinki, no hace falta apuntarse a una excursión: el puerto de Tallin está muy cerca del centro de la ciudad y hay muchas navieras que le acercaran a la capital de Finlandia y les traerán de vuelta por la noche. Así se ahorrarán unos cuantos euros.

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La aguja de la torre de St. Olav, sobresale en el cielo grisáceo, por momentos azul. Es uno de tantos monumentos que visitar en Tallin. Lo que más impresiona al viajero jubilado no es las torres de las iglesias o las murallas medievales de Tallin y de las otras ciudades bálticas, lo que de verdad le llama la atención es el aire de tristeza en el rostro de los ciudadanos, que viven día a día la gris apariencia de estas tierras, que están saliendo de una época todavía más sombría, los cincuenta años de ocupación soviética, como si todavía conservaran en su ADN celular las atrocidades a las que fueron sometidos sus antepasados por soviéticos y nazis. La expresión es fría, distante, sin un ápice de alegría en sus rostros. Quizás el tiempo desapacible, el sol que apenas llega, la carestía de la vida, los bajos salarios, el contraste con los invasores turistas, que, como los grupos de japoneses, indeseados por los nativos, lo compran todo, desde ámbar al artículo más ridículo, y han hecho subir los precios. O como los grupos de finlandeses que llegan a Tallin a comprar alcohol barato, no sujeto a los altos impuestos de su gobierno, y pasan días borrachos hasta regresar a su rico país. Estas gentes del Báltico merecen un apoyo por parte de los países occidentales, de sus socios europeos. Para preservar su patrimonio, que también lo es del mundo.