País vasco francés

PAÍS VASCO FRANCÉS

Desde Hondarribia-Fuenterrabía se observa la bahía de Chingudi en toda su extensión. En la otra orilla de la desembocadura del  río Bidasoa, Hendaya posa majestuosa, orgullosa, diciendo al visitante que aquí comienza una costa y una tierra espléndidas. Un pequeño barco lleva al jubilado desde el puerto de Hondarribia hasta la ciudad francesa. En diez minutos alcanza el puerto y se dispone a visitar los pueblos de la costa vasca francesa y la impresionante ciudad de Bayona. A Hendaya también se puede llegar  en tren desde San Sebastián-Donostia, pero una vez en Hondarribia el barco puede ser la mejor manera de cruzar la bahía. Lo recomendable es recorrer el paseo marítimo, caminar bordeando la bahía y descender hasta la estación de tren. Así el viajero jubilado se llevará la imagen imprescindible de Hendaya. Desde la estación de tren es fácil llegar a cualquier punto del país. Pero, ya que estamos en la estación, tenemos que saber que aquí hubo una reunión primordial el día 23 de Octubre de 1940. Después de la caída de Francia en manos de los nazis, Franco y Hitler decidieron reunirse en esta zona de la Francia ocupada. Hitler esperó impaciente la llegada con retraso del tren que traía al dictador español. Según los más prestigiosos historiadores, la reunión tenía como objetivo la entrada de España en la guerra apoyando a los alemanes. Quizás las pretensiones de Franco eran muy altas o quizás Hitler consideró que Franco no estaba a la altura, pues posteriormente aludió al militar español definiéndole como un simple bufón. Para más información, el viajero jubilado puede consultar DIARIOS DE LA REINA DEL OCÉANO, donde encontrará una visión original de la guerra y posguerra.

La estación ferroviaria de San Juan de Luz está cerca del centro histórico. La ciudad está enclavada entre el pequeño puerto y la bahía. Es un lugar pacífico, coqueto, con buenos restaurantes y atrayentes pastelerías. Los días, cuando la pesca de la ballena y del bacalao o cuando los piratas asaltaban la costa, se han acabado. El turismo es la principal fuente de riqueza. Es conveniente evitar la estancia durante los meses de julio y agosto, porque los franceses abarrotan sus playas y sus calles. No hay que dejar de ver la iglesia de San Juan Bautista, donde se casaron el rey Luis XIV con María Teresa; el puerto con sus barcos que pescan las apreciadas anchoas del Atlántico; la plaza de Luis XIV, donde se puede escuchar música folklórica. En uno de los descanso de la visita, el viajero jubilado puede sentarse a degustar alguno de los apreciados quesos de la montaña. Asistir a un partido de pelota a mano o cesta punta es una buena opción para conocer las tradiciones de los vascos.

Al día siguiente cogemos el tren hacia Bayona. En menos de media hora llegamos a la estación. En la capital del país vasco francés podemos admirar su impresionante Museo de la Cultura Vasca y conocer las tradiciones ligadas a estas tierras. Nos sorprenderá saber que Bayona es tierra de buen jamón y mejor chocolate. Las casas proyectan la típica estampa de los edificios vascos: ventanas de madera pintada en rojo. Un paseo por las orillas del pequeño río Nive, donde nos toparemos con el mercado (Les Halles) sería un buen comienzo. Al llegar a la confluencia del Nive con el más caudaloso,  el río Adour, contemplaremos las aguas formando un estruendo espectacular. En la oficina de turismo cercana nos proporcionan todo tipo de planos y sugerencias. Después de comer en un bistrot, visitamos la catedral, con sus grandiosos claustros del siglo XIII. Para dormir preferimos acercarnos en autobús a Biarritz, en un tranquilo recorrido para apreciar el paisaje lleno de verdor de esta acogedora tierra. 

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Foto: Biarritz, un atardecer de Abril

El pequeño puerto de pescadores de ballenas de Biarritz se convirtió en el siglo XIX en un lugar aristocrático, en la playa de los reyes. Los surfistas pueblan las aguas del mar Cantábrico, mientras los turistas más tranquilos obsevan desde el casino. El paseo que va desde el faro hasta el Museo Marítimo está siempre lleno de vida. Las calles peatonales de los alrededores bullen por el ruido de los mercadillos y de las terrazas. En un saliente hacia el mar, rodeada de rocas y el mar furioso, una estatua de la Virgen saluda a los paseantes. A lo lejos se divisa la Grande Plage y lo que permanece del puerto de pescadores. Desgraciadamente, para el poder adquisitivo del jubilado medio español, los precios son más elevados que en las cercanas provincias vascas del sur en España.

 

 

 

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Comentarios (1)

Carlos Yubero
  • 1. Carlos Yubero | 18/06/2019
Me encantan tus artículos sobre los viajes para jubilados. Merece la pena leerlos y visitar los lugares que describes.

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