La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

 

Cuando azota el viento de levante en las playas cercanas a los acantilados de Barbate, en las arenas infinitas de Zahara de los Atunes, en las cercanas dunas de Bolonia, las gaviotas desaparecen del firmamento de la parte atlántica de la costa gaditana y se refugian en los recovecos de las paredes rocosas que se asoman al océano. Las rachas de viento limpian las playas de bañistas y solo algún atrevido surfea sobre las encrespadas olas que baten con fuerza las arenas doradas.

Los viajeros jubilados pueden disfrutar de unos paseos relajantes sobre las arenas que se pierden en el horizonte, donde parece divisarse la blancura de las casas de Vejer de la Frontera sobre una colina vigilante. El mes de Octubre es excelente para disfrutar de la costa gaditana que se extiende desde Cádiz hasta Barbate y llega a Atlanterra, lugar de nuevas urbanizaciones respetuosas con el entorno. En los días claros se puede ver el perfil montañoso de Marruecos al otro lado del estrecho. Si se quiere alargar la estancia, un buen destino es la cercana Tánger, a la que se puede acceder en menos de una hora desde el puerto de Tarifa.

Viajar en autobús desde Cádiz a Zahara de los Atunes permite oír las conversaciones de los extrovertidos gaditanos. Un señor de unos setenta años, moreno, afilado en toda la estructura de su cuerpo, parlanchín, comentaba con otro viajero que le metieron en la cárcel por robar una lechuga en sus años mozos. Relataba que ahora es distinto, que hay corruptos y ladrones que viven a sus anchas, libres, disfrutando de lo robado. Su conversación tocó el tema candente de Cataluña: no me explico cómo una región en la que viven tan bien haya montado tal pitoste. Ya les daba a estos lo que ocurrió con los míos, Una maleta y a ganarse la vida lejos de los tuyos. Emigrar, trabajar, sudar, luchar día a día por sobrevivir. Que por aquí las criaturas que se echan a la droga es porque no tienen más remedio, porque se levantan y no tienen otro clavo al que agarrarse. ¿Cuántos jóvenes catalanes, navarros, vascos, riojanos están metidos en la droga? Los que se quieren independizar son unos egoístas. Interesantes y aleccionadoras estas palabras de este gaditano parlanchín.

En la playa de Atlanterra sobresale, construido sobre las rocas de la orilla, un búnker de la guerra civil que vigila el estrecho y los lujosos chalets levantados en la colina. Contraste de colores blancos de las vivienda, del azul de las aguas y del verde de los pinares de la sierra de la Plata.

Las arenas doradas de la playa de la Barrosa, próxima a Chiclana de la Frontera, besan las embravecidas aguas del océano Atlántico. Esta playa es una de las más bellas y limpias del litoral gaditano. Rodeada por urbanizaciones de casas bajas que han cuidado el entorno adaptándose al paisaje ecológico de gran valor. Se extiende a lo largo de siete mil metros. Destacan en ella las dunas de arena blanca y los acantilados cercanos. No muy alejado está el cabo de Trafalgar. Frente al cabo las tropas españolas y francesas hallaron la derrota frente a la escuadra inglesa liderada por el almirante Nelson, en 1805. La luz continua del faro guía los barcos que surcan las aguas durante la noche. Al atardecer los turistas contemplan la puesta del sol, asombrados ante tanta belleza natural. Los surfistas tienen un paraíso en las playas de los Caños de Meca.

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Los acantilados de Barbate se erigen como enormes fantasmas de piedra caliza entre el  mar y los densos bosques de pinares. Las montañas azotadas por las olas descienden hasta Barbate, localidad marinera que ha hecho de la pesca del atún y del arte de la almadraba su razón de ser. Del puerto pesquero parte un espigado paseo marítimo que deja  a un lado los viejos barrios donde se asientan iglesias barrocas y plazas con palmeras. Las marismas son escenario del surcar de las barcas pesqueras. En la cercana Zahara de los Atunes, un baluarte defensivo sobresale entre las casas marineras. Se construyó para proteger el pueblo de los ataques piratas.

Visitar esta zona de la costa atlántica de Cádiz devuelve la serenidad al más ansioso de los viajeros.

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