Irlanda

IRLANDA

Al llegar al centro de Dublín, con el Spire marcando el camino hacia un firmamento que aparece más elevado que en ningún otro lugar del planeta, la sensación de libertad invade al viajero jubilado. El avión ha sobrevolado las marismas de la bahía de Dublín, los promontorios de Howth y Bray, en los dos extremos de la enorme ensenada dublinesa, antes de aterrizar entre el verdor perenne de la isla esmeralda. Una pareja de maduros turistas ha llegado con la única ilusión de pescar salmón en Ballina. Abundan los adolescentes que llegan a perfeccionar su inglés.

Las calles de Dublín presentan un aspecto jovial, llenas de gentes que disfrutan de las actuaciones callejeras, de la algarabía de jóvenes estudiantes y turistas impresionados por el dinamismo de la capital irlandesa. Los músicos de la Grafton Street pueden considerarse los mejores intérpretes de la música celta y del  rock alternativo de los U2, de los Cranberries, The Coors, Enya y muchos otros artistas irlandeses y universales. 

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¡Ay, la comida! ¡Y los cocineros! Grupos de españoles se quejan de la comida irlandesa, dicen que aquí se preocupan más del drinking, drinking que de los buenos alimentos. Solo salvan el fish and chips tradicional. Yo añado el stew cocinado en guiness, la cerveza negra más conocida. Los hoteles tampoco se escapan de las críticas negativas del turista. Necesitan una renovación urgente. Presentan un aspecto anticuado y son excesivamente caros. Todo se equilabra con el buen desayuno irlandés que ofrecen y con la amabilidad constante del personal. 

Pero siempre hay algún aspecto que sorprende al viajero jubilado. En las estaciones de tren hay un piano disponible para todo el que sepa producir una música aceptable. En la estación de Heuston, la estación de la que parten trenes a Cork, Galway,  Killarney o Tralee, un viajero divertido y habilidoso nos ofrece un repertorio de música clásica, combinado con intrepretaciones vibrantes de canciones de los Beatles, antes de la partida. Al final, todos los que esperan su tren le dedican un merecido aplauso. Lo sorprendente es que en ningún momento solicitó la volundad de los escuchantes. Lo hizo por la pasión que siente por la música. Por eso Irlanda gusta a todos. Lo que parece increíble, sucede. 

El tren parte de Heuston y llega a Tralee, en la península de Dingle, tras tres horas y media y un trasbordo en Mallow. Es un tren rápido y puntual. Si se reserva online se puede conseguir un billete a mitad de precio. En Tralee hay abundancia de alojamiento asequible. La coqueta ciudad es el punto de partida para recorrer el anillo de Kerry y viajar a Cork. Las oficinas de turismo de cualquier localidad, en especial la de Tralee, son de mucha ayuda. Te ofrecen información de los lugares y de alojamiento, así como mapas y planos útiles para el viajero independiente. En Tralee merece la pena llegar hasta Blennerville y observar la bahía y los montes que la rodean. Es un paseo agradable desde el centro de la ciudad. Una visita al museo de historia, en el que se muestran  los orígenes y también el papel de los voluntarios irlandeses en la lucha por la independencia. Memoria viva de Tralee y Kerry.  El recorrido por la península de Kerry es un regalo para los amantes de la fotografía: naturaleza en estado puro, lagos, océano, valles, ríos, montes, pueblos pesqueros. Youghal, un pueblo pesquero cercano a Cork, los inesperados paisejes marinos y un playa de arena limpia, sorprende al viajero. El faro vigila el mar desde los tiempos de las incursiones piratas. 

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La ciudad de Cork es multicultural, antigua y moderna. Es un reflejo del capitalismo salvaje de occidente. En todos los bajos de los edificios hay un comercio. Si a esto añadimos los innumerables grandes almecenes, la cantidad incontable de restaurantes de todo tipo, chinos, turcos, thais, peluquerías internacionales, pubs tradicionales, Cork ofrece la imagen de una ciudad más de Europa. Pero en Cork hay algo más: catedral gótica, barrios clásicos en las orillas del río Lee, museos de historia, alusiones a la revolución independentista de 1916. Uno de los líderes más importantes del alzamiento de 1916 contra los ingleses nació muy cerca de Cork: Michael Collins.

Durante el viaje, el turista se pregunta si de verdad le están ofreciendo lo que está pagando. Los autobuses son caros, los hoteles son caros, la comida es cara. No es de extrañar que miles de irlandeses se embarquen en el aeropueto de Cork, Kerry, Shannon o Dublín y vuelen a Málaga, Alicante y Barcelona. Aquí les espera buena comida, buenos hoteles, a un precio razonable.

 

 

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