Viajes de un jubilado

Detalles de viajes que realiza el autor a lo largo y ancho del mundo.

De Benalmádena a Tánger (2ª parte)

De Benalmádena a Tánger (2ª parte)

 

El caos reina en la estación marítima de Algeciras. Los barcos nunca salen a la hora programada. Nunca. Así lo comunican en el control de pasaportes. La policía echa la culpa a las compañías de los ferrys: esperan que los barcos se llenen para iniciar el trayecto. Las compañías señalan al estado de la mar o la ineficacia policial en el control de pasaportes. Nunca jamás saldrá un barco a su hora. No hay que darse prisa por llegar al puerto de Algeciras. La espera puede ser interminable en la sala de embarque. La autoridad portuaria debería tomar cartas en el asunto.

La travesía hasta Tánger Med dura hora y media. El viajero debe rellenar una hoja con sus datos y entregarla junto con el pasaporte en la oficina montada por la policía marroquí en el mismo barco. Nos libraremos de las filas por el control policial al llegar a puerto. No. En Marruecos los controles se repiten, la inspección de maletas se repite, la espera interminable se repite. Comparto con una pareja encantadora el trayecto de 50 kms. hasta Tánger.

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Lo primero que observo es la pulcritud del paseo marítimo. Han desaparecido los garitos de mala muerte que inundaban el paseo e impedían la visión de la bahía. Ahora todo está cambiado. Hay limpieza, farolas, palmeras, con la luz del Mediterráneo inundando cada rincón de la ciudad. Un nuevo puerto para embarcaciones de lujo se está construyendo en los aledaños de la antigua estación de tren. El ferrocarril de alta velocidad enlazará Tánger con Casablanca, Rabat y Kenitra en menos de dos años. Es positivo este cambio económico, que acarrean mejoras en las infraestructuras, pero debería venir acompañado con mejoras sociales. Marruecos presenta la tasa de analfabetismo mayor de los países árabes. Alcanza casi el 40% de los mayores de 15 años, según datos de 2015. La universalidad de la educación debería ser el primer objetivo de los gobiernos de la monarquía, antes que la construcción de vías de alta velocidad o puertos deportivos, que solo traen la riqueza para los de siempre.

Para los nostálgicos del Tánger de los 60 nos queda la medina y los barrios cercanos,  el café París, los zocos, el trajín de los tangerinos por las empinadas cuestas de la kasbah, el misterio que llevaron a la ciudad a Paul Bowles, Jean Genet, Henri Matisse, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Truman Capote, William Burroughs, Tennesse William

De Benalmádena a Tánger (1ª parte)

De Benalmádena a Tánger

 

¿Qué persiste del Tánger de los años sesenta y setenta, incluso de la ciudad enigmática de hace una década? Solo la medina, la ciudad vieja, su kasbah, la plaza de Francia, la del 4 de Abril, los zocos, los bulevares, la librería Des Colonnes, los cafés… y la imagen del rey presidiendo los halls de los hoteles, los restaurantes, las cafeterías, las agencias de viajes, el aeropuerto, las estaciones marítimas.

Si el viajero llega a la nueva estación portuaria de Tánger Med, a 50 kms. de la ciudad, una extrañeza le invadirá. Tánger, ¿quién te ha visto y quién te ve? Para los viajeros solitarios lo ideal es embarcarse en Tarifa en uno de los muchos ferrys que a diario parten para el puerto viejo, enfrente de la medina tangerina. Puede ocurrir, como en mi caso, que las condiciones del mar en el estrecho impidan navegar a los barcos y haya que regresar a Algeciras para hacer el trayecto al nuevo puerto de Tánger Med.

El viento sopla fuerte en el estrecho. La arena de la playa tangerina penetra en los ojos de los que caminan por el paseo marítimo. Un fuerte sol los deslumbra. Los jóvenes juegan al fútbol, con camisetas del Barsa la mayoría, en la orilla del Mediterráneo, entre el viejo puerto, el nuevo puerto marítimo, todavía en construcción, y la punta de Malabata. Kilómetros de arena para disfrutar de días primaverales.

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Tánger se ha ido extendiendo por las colinas que bordean la antigua ciudad con los que huyen de condiciones de infra supervivencia en otras partes del país. Los minaretes de las mezquitas se distinguen entre los bloques de casas apiñadas. Es la primera visión que tiene el viajero que transita por la carretera del aeropuerto al centro de la ciudad. El taxi del trayecto es de precio fijo: 150 dirhams. Pero el taxista te pondrá excusas para que le des propina: mujer enferma, muchos niños, enfermos, poco trabajo...El regateo de siempre, tradición que no varía en los países árabes.

El  viajero jubilado y solitario ha pasado unos días de sosiego en Benalmádena antes de la aventura tangerina. Hay que armarse de tranquilidad antes de disfrutar del bullicio tangerino. No hace falta apuntarse a ningún viaje organizado. Internet te soluciona todo: hoteles, billetes de barco, de avión, de bus, de tren. No hay que aguantar las interminables esperas de los viajes con guía, que te recogen en el hotel y te llevan donde más beneficio la agencia puede sacar. El viajero intrépido no necesita esa organización.

Para llegar a Algeciras hay que acercarse hasta Fuengirola. Aquí no hay estación de autobuses. Los autobuses recogen  a los viajeros en mitad de una avenida. No es comprensible que esto ocurra en una ciudad de casi ochenta mil habitantes, una ciudad que multiplica este número en temporada alta.

 

Continuará...