Viajes de un jubilado

Detalles de viajes que realiza el autor a lo largo y ancho del mundo.

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

 

Las tres ciudades emblemáticas jienenses albergan conventos que no solo ofrecen paz y sosiego a sus moradores, también dulces típìcos que el visitante jubilado puede adquirir. Un ejemplo para abrir boca: en el convento de las Bernardas de Jaén hay delicias inimaginables, desde pestiños a torrijas o roscos de anís, que salen de los tornos del convento, ubicado al lado del parque de la Alameda. Su iglesia es una de las muestras del barroco más puro.

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El mejor aceite de oliva virgen extra del mundo se vende en la provincia. Al menos eso aseguran sus vendedores. Y no les falta razón. Hay catas del oro amarillo por estas ciudades, donde degustar los zumos de aceituna más exquisitos de estas tierras. Si el viajero tiene tiempo, puede visitar el Museo de la Cultura del Olivo, la Hacienda de la Laguna, muy cerca de Baeza. Aquí se explica de modo detallado la historia, la elaboración y las utilidades del zumo de la aceituna. La bodega cuenta con 10 bidones de piedra plomada con una capacidad total de un billón de kilolitros de aceite. Esta zona es también un paraje natural, zona de aves migratorias, a un paso de las orillas del Guadalquivir y de los pueblos de la Sierra de Mágina.

La provincia de Jaén, por su situación y condiciones físicas, principalmente las proximidades a Sierra Morena, ha sido extraordinaria para la cría de reses bravas. Muchos ganaderos se trasladan en invierno a estas tierra buscando un clima más benigno. Hay infraestructuras y recursos relacionados con la cultura del toro bravo. Las plaza de Baeza y Úbeda son un claro ejemplo. La cría del toro bravo permite que subsista la dehesa como espacio natural pues ayuda al mantenimiento de la biodiversidad y previene la desertización, conservando la fauna y la flora autóctonas.

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Ha sido un placer poder contar mis impresiones sobre esta tierra. Acabo con el himno de la provincia, el poema de Miguel Hernández:

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién,

quién levantó los olivos?

 

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor.

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos.

 

Levántate, olivo cano,

dijeron al pie del viento.

Y el olivo alzó una mano

poderosa de cimiento.

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién

amamantó los olivos?

 

Vuestra sangre, vuestra vida,

no la del explotador

que se enriqueció en la herida

generosa del sudor.

 

No la del terrateniente

que os sepultó en la pobreza,

que os pisoteó la frente,

que os redujo la cabeza.

 

Árboles que vuestro afán

consagró al centro del día

eran principio de un pan

que sólo el otro comía.

 

¡Cuántos siglos de aceituna,

los pies y las manos presos,

sol a sol y luna a luna,

pesan sobre vuestros huesos!

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

pregunta mi alma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?

 

Jaén, levántate brava

sobre tus piedras lunares,

no vayas a ser esclava

con todos tus olivares.

 

Dentro de la claridad

del aceite y sus aromas,

indican tu libertad

la libertad de tus lomas.

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (III)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (III)

 

Es inevitable referirse a estas tres ciudades sin mencionar el arte que presentan a sus hechizados visitantes. El siglo XVI, el Renacimiento, fue la época de máximo esplendor en la historia de estas localidades de los campos de olivos infinitos.

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En  Úbeda, la presencia de personajes ilustres como San Juan de la Cruz, Siloé, Vandelvira, Berruguete, dejarán sus huellas por toda la ciudad. Los edificios más notables datan del siglo referido. Esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, verdadero paraíso interior jiennense, guarda uno de los mayores legados históricos y artísticos del Humanismo renacentista y constituye un paisaje natural único. Lo primero que el visitante jubilado se encuentra es el imponente Hospital de Santiago. En la plaza de Vázquez de Molina, centro histórico ubetense, se concentran nueve de sus monumentos nacionales: la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, monumento funerario de Francisco de los Cobos, impulsor del arte de la ciudad. En la parte posterior, adosado a la capilla, el Palacio de las Cadenas y la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares. Adentrándonos por la ciudad, entre serpenteantes calles de trazado medieval y recuerdos mozárabes, pasearemos junto a palacios de fachadas elegantes, casonas con blasones. En las afueras, el paseo amurallado rodea la parte sudeste, desde donde puede divisarse la bruma del Guadalquivir que sume a la ciudad en una estampa profunda, intimista y nostálgica.

En Baeza, lo mismo que en su vecina Úbeda, un extraordinario patrimonio renacentista puebla sus calles y plazas. La ciudad acogió una de las primeras universidades castellanas, después de la conquista por Fernando III en el siglo XIII. La parte primitiva de su catedral, consagrada por el rey conquistador, fue erigida sobre la mezquita que ocupaba lo que hoy es el claustro y parte del trascoro. No hay que perderse la custodia procesional del Corpus Christi, la capilla dorada y la reja del coro. El palacio de Jabalquinto es una de las contadas muestras del gótico flamígero en Andalucía. Su patio interior y la escalera barroca son dignos de mención. En la plaza del Pópulo, entrada a la ciudad medieval, está la fuente de los Leones, el edificio de las Antiguas Carnicerías y el de las Escribanías Públicas, hoy oficina de turismo. La puerta de Jaén y el arco de Villalar, cercanos a la plaza, fueron erigidos sobre los lienzos de la muralla árabe.

Jaén significa en árabe encrucijada de caminos. La capital era conocida por mercaderes como parada y fonda entre las tierras de la Meseta y las de las ciudades de Andalucía interior. Un inmenso bosque de olivos rodea la ciudad. No hay que perderse: la catedral, el castillo de Santa Catalina, el Palacio de Villardompardo con los baños árabes o el museo de los Íberos.

El castillo era la fortaleza más inexpugnable de toda la península hace mil años. Erigido en tiempos del califatos, fue entregado por el rey Alhamar al monarca conquistador Fernando III.  La catedral se alza sobre los pilares de la vieja mezquita aljama. Es el más sublime ejemplo de la arquitectura renacentista en Andalucía. Su coro es una obra de corte barroco, con sillería tallada en maderas nobles.

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Si hay algún lugar que define a Jaén ese pudieran ser los baños árabes. Emplazados en el palacio de Villardompardo, cuya edificación en 1592 sepultó los amplios baños del moro Alí, que durante un tiempo sirvieron de bodega del palacio. Los baños pasan por ser los baños milenarios mejor conservados de Europa. Construidos en el siglo XI, tras la desaparición del Califato de Córdoba y la irrupción de los reinos de taifas, fueron restaurados un siglo después bajo el gobierno almohade. Su uso continuó después de la conquista de Jaén por Fernando III en 1246 y se mantuvo hasta el siglo XV cuando la población cristiana ubicó en ellos unas curtidurías. A finales del XVI, el conde de Villardompardo, virrey de Perú, edificó su palacio y los baños quedaron ocultos hasta principios del siglo pasado. Fueron declarados Monumento Nacional en 1931.

Son unos cuantos lugares que el viajero jubilado puede visitar y disfrutar. Pero hay más aspectos a considerar sobre estas tierras aceituneras.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

 

Baeza, ciudad de poetas, de edificios grandiosos, Patrimonio de la Humanidad. El paseo de las murallas, dedicado al poeta Antonio Machado, permite divisar los ríos Guadalquivir y Guadalimar y los campos de olivos infinitos. En los días claros, Jaén, la capital de la provincia, puede contemplarse en la lejanía, más allá de la Sierra Mágina. El poeta paseaba a diario por las murallas, quizás para inspirarse y recuperarse de la pena por la pérdida de su Leonor del alma. Hay una estatua del poeta sentado en un banco de la calle céntrica de San Pablo. Otro busto de Machado, obra de Pablo Serrano, está expuesto en los jardines del Palacio de Jabalquinto, sede de la Universidad Internacional de Andalucía, donde cientos de estudiantes de todas las procedencias acuden a realizar cursos y másters.

Hay un asunto oscuro entre la luminosidad y elegancia de esta ciudad: la orujera, como por aquí llaman a la fábrica que quema los desechos de la aceituna después de los trabajos de extracción del aceite. La orujera de Baeza lleva más de 20 años, durante las 24 horas de los 365 días del año, lanzando una continua humareda contaminante a los vientos limpios de los campos aceituneros. Los vecinos están hartos de que nadie ponga remedio. El humo puede verse por todo el valle que lleva al viajero jubilado desde Baeza a Úbeda y Jaén. Una situación que no merecen las gentes de una ciudad Patrimonio de toda la Humanidad.

En Baeza, como en Úbeda y Jaén, en los menús turísticos el viajero encontrará las migas. De ser un plato sencillo, tradicional, de los pastores, se ha transformado en un manjar para todos. Es el plato de las tierras de ganados de ovejas, de la trashumancia, que cocinaban los pastores, aprovenchando lo que tenían más a mano: pan, tocino, uvas pasas. Pueden encontrarse en Soria, donde se llaman migas pastoriles, en zonas de Aragón, en Extremadura, en Jaén. En tierras que no pueden desaprovechar ni una miga de pan.

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En Baeza celebran estos días la XII Semana Machadiana. Recuerdan la vida y obra del poeta que pasó parte de su vida en la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Se organiza un amplio programa en torno a la figura del poeta sevillano. La escritora María José Ramos presenta en la ciudad su libro Ya estamos solos mi corazón y el mar. La obra recoge once cuentos que relatan los tres últimos años de la vida de Machado. De la mano de los personajes que lo conocieron desde que en Noviembre de 1936 marcha de Madrid bombardeado hasta que llega a Colliure en Febrero de 1939, los lectores podemos sentir el viaje emocional y vital del poeta. En otro acto, el cantaor granadino Juan Pinilla pone en escena Yo voy soñando caminos de la tarde, un espectáculo con voz, guitarras, violín, percusión y coros. Como curiosidad, hay que añadir que en los pasos de peatones de la ciudad aparecerán los versos del poeta.

Desde que el tren me trajo desde Madrid a la Estación Linares-Baeza, solo he disfrutado  momentos positivos. El mismo viaje fue una experiencia única: paisajes únicos, molinos de viento, iglesias destacando en los pueblos, desgraciadas estaciones abandonadas, viajeros chillones que suben y bajan en Alcázar de San Juan, Manzanares, Valdepeñas, Vilches. Y la majestuosidad del paso de Despeñaperros en Sierra Morena. El mar de olivos ya es una realidad ante los ojos del viajero jubilado.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

A los piés de Baeza y Úbeda se divisan los campos de olivos más extensos de todo el planeta. La cosecha de la aceituna está en su auge durante estos días fríos de Febrero. Las almazaras están esperando para exprimir las aceitunas y transformarlas en el aceite más maravilloso que ningún otro lugar puede producir.

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Si la cercana Linares tiene un museo dedicado a su artista más famoso, Raphael, en Úbeda le dedican un bar a Sabina, el bar Calle Melancolía, cercano a la plaza renacentista más importante de la ciudad,  en Baeza al poeta Antonio Machado le dedican placas, estatuas y un paseo, y en la capital de la provincia, Jaén, el poeta Miguel Hernández, que por aquí pasó unos días durante la guerra civil, tiene un espacio dedicado a su vida y obra en el  palacio que alberga los baños árabe. Hay mucho arte en estas ciudades jienenses, de gentes sencillas y acogedoras, que se acuerdan de los que por aquí nacieron o pasaron. Gentes acostumbradas al trabajo en el campo y a las peonadas intermitentes.

Los amantes de la fiesta taurina tienen por estos pagos unas de las plazas de toros más antiguas del mapa taurino. Compiten en solera y elegancia con la de Ronda. Los toreros más afamados han lidiado los toros de las ganaderías que también pululan por estas tierras del norte andaluz.

La torre de la catedral de Baeza y la iglesia de Santa María de Úbeda fueron construidas, como muchas otras catedrales e iglesias en la península, sobre antiguas mezquitas. Los árabes construyeron en estas ciudades murallas defensivas, hoy apenas visibles. En su entorno se han habilitado paseos excelentes, que constituyen miradores privilegiados de los campos de olivos y del valle del Guadalquivir. El paseo de las murallas de Baeza está dedicado al poeta Antonio Machado, que llegó a esta ciudad en Octubre de 1912, intentado olvidar a su esposa Leonor, fallecida en Soria. Aquí, como en la ciudad soriana, impartió la docencia de francés en un instituto, que hoy le dedica un aula, en el barrio renacentista, cerca de la plaza de la catedral, rodeado de edificios que le han premiado, junto a la vecina Úbeda, con el título de ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Un paseo por las callejuelas del barrio de la catedral de Baeza, con neblina flotando en el aire, sin tráfico, te transporta a la época renacentista, a pleno siglo XVI. Úbeda es una ciudad con el doble de población. Sus monumentos, palacios, casonas, iglesias, conviven entre el marasmo de calles comerciales. Esto les quita encanto. Solo hay una excepción: la plaza del ayuntamiento y la cercana iglesia de Santa María, pero una comisaría de policía, en este espacio cultural, en un remanso de paz, no tiene sentido.

De Baeza y Úbeda esperas lo que encuentras, pues su sello de ciudades Patrimonio de la Humanidad así lo exige. Jaén sorprende. No te imaginas lo que te espera al iniciar la visita. Lo que la hace diferente son las callejuelas que suben hacia el castillo de Santa Catalina. Hay que caminar por las callejuelas de la judería y la morería, barrios que convivieron en paz con sus vecinos cristianos, antes o después de visitar en el palacio de Villardompardo los baños árabes y la exposición sobre Miguel Hernández, autor del himno de la provincia que habla de aceituneros altivos. Jaén es la capital de la provincia del mar de olivos. No tiene un mar azul, tiene un mar verde aceituna todo el año. En la provincia de Jaén hay plantados más de 60 millones de olivos. Desde Despeñaperros, Sierra Morena, a Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, pasando por el valle del Guadalquivir, todos los paisajes están inmersos en el verdor oscuro de los olivares.

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Baeza, Úbeda, Jaén: me quedo con las tres. Transmiten la tranquilidad de otra época y respetan tradiciones, arte y el trabajo de sus antepasados, los andaluces altivos, aceituneros jienenses.

 

Continuará...

 

Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 

Los almendros florecen en las laderas de la sierras de Málaga, las que parecen surgir del Mediterráneo y elevarse hasta el firmamento, a poca distancia de las aguas revueltas y grises en estos días invernales de Enero. El autobús que parte de Nerja y lleva al viajero jubilado hasta Frigiliana, recorriendo los escasos siete kilómetros desde el pueblo turístico del Balcón de Europa, bullendo en sus calles los cientos de jubilados nórdicos que lo habitan estos meses fríos en sus países, permite divisar la riqueza de sus campos de frutales y echar un vistazo al cercano mar inmenso. El viajero se pregunta si el Paraíso existe debe estar aquí o muy cerca de aquí, o quizás sea Frigiliana y sus alrededores el mismo Edén.

La historia de Frigiliana está plamada en los mosaicos en forma de panel, situados en los rincones y callejuelas más emblemáticos del casco viejo. Nos hablan de las luchas de los moriscos por sobrevivir en su tierra. Nos cuentan historias personales de enfrentamientos contra la Inquisición, después de la Reconquista por las tropas cristianas. Un edificio antiguo llama la atención. Es la única fábrica de miel de caña de azucar que opera en el continente europeo. Este antiguo edificio fue construido a finales del siglo XVI como palacete-casa solariega por la familia Manrique de Lara, que fueron considerados los señores de Frigiliana desde 1.508.Su construcción es de estilo renacentista y ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados. Su usaron para su construcción materiales y partes que procedían del antiguo castillo árabe de Frigiliana, como son los sillares de entrada en su fachada,En la fachada, podemos ver unos preciosos balcones, rejas, un reloj de sol, así como un par de hornacinas que en su día estuvieron consagradas a San Raimundo y a la Virgen del Carmen. En la actualidad alberga, además de la única fábrica de miel de caña que existe en Europa,  una almazara que aún moltura las aceitunas con métodos artesanales.

Pasear por Frigiliana es hacer un viaje por el tiempo, ya que en el pueblo se conservan vestigios de 3 culturas, la islámica, la hebrea y la cristiana. Un ejemplo de la cultura islámica son los "adarves" o callejones que habían en las ciudades islámicas medievales, que en Frigiliana están intacto aún después del paso del tiempo.Estos callejones conducen a casas privadas y tienen una puerta de entrada y no tienen salida. Uno de ellos es el Callejón del Señor, en la entrada, hay una imagen de Cristo crucificado, con un farol con vela encendida, el techo de la entrada es como todos, de cañizo. La blancura de las fachadas, las flores y sobre todo la limpieza (de la que se encargan los vecinos) está prersente en cada rincón de Frigiliana.

Uno de los callejones más pintoresco y encantador del pueblo de Frigiliana, es el Callejón del Inquisidor, una pequeña y laberintica calle adornada de flores y con tramos de la misma techadas y cubierta aún por vigas de cañas. Olores de flores,el sonido del agua de la fuente,silencios, gatos dormitando y sobre todo la blancura de las fachadas solo rota por el colorido de las flores hacen que pasear por esta zona del pueblo envuelva al viajero jubilado en la sensación de estar en el Paraíso.

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Una nota histórica más del pueblo, que alecciona al viajero sobre los avatares sociales de tiempos no muy lejanos: En el año 1767,los Condes de Frigilliana decidieron construir un Pósito que contuviera todo el cereal que se producía en sus tierras,y que sirviera como deposito para todo el que sobrase en años buenos de cosecha para tener en los peores. El problema de esto es que ellos eran los que imponian el precio, y aunque la cosecha hubiese sido buena, algunos vecinos tenian que endedudarse con ellos para poder comer. De estos antiguos pósito solo se conserva parte de la fachada, ya que ahora están ocupados por viviendas particulares y tiendas de artesanía y vinos de la comarca.

De vuelta a Málaga, al entrar en Torrox, se puede leer: Torrox, el mejor clima de Europa. Y no les falta razón. Aunque se podría extender esta afirmación a toda la Costa del Sol, al Algarve portugués, a las costas alicantina y murciana, a Madeira, a las Canarias...Por eso, los jubilados del norte de Europa pasan los inviernos por estos lares. Aprovechan la calefacción natural del sol y se ahorran cuantiosas sumas de dinero en gas y electricidad para sus calefacciones en sus casas nórdicas.