Viajes de un jubilado

Detalles de viajes que realiza el autor a lo largo y ancho del mundo.

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

 

Baeza, ciudad de poetas, de edificios grandiosos, Patrimonio de la Humanidad. El paseo de las murallas, dedicado al poeta Antonio Machado, permite divisar los ríos Guadalquivir y Guadalimar y los campos de olivos infinitos. En los días claros, Jaén, la capital de la provincia, puede contemplarse en la lejanía, más allá de la Sierra Mágina. El poeta paseaba a diario por las murallas, quizás para inspirarse y recuperarse de la pena por la pérdida de su Leonor del alma. Hay una estatua del poeta sentado en un banco de la calle céntrica de San Pablo. Otro busto de Machado, obra de Pablo Serrano, está expuesto en los jardines del Palacio de Jabalquinto, sede de la Universidad Internacional de Andalucía, donde cientos de estudiantes de todas las procedencias acuden a realizar cursos y másters.

Hay un asunto oscuro entre la luminosidad y elegancia de esta ciudad: la orujera, como por aquí llaman a la fábrica que quema los desechos de la aceituna después de los trabajos de extracción del aceite. La orujera de Baeza lleva más de 20 años, durante las 24 horas de los 365 días del año, lanzando una continua humareda contaminante a los vientos limpios de los campos aceituneros. Los vecinos están hartos de que nadie ponga remedio. El humo puede verse por todo el valle que lleva al viajero jubilado desde Baeza a Úbeda y Jaén. Una situación que no merecen las gentes de una ciudad Patrimonio de toda la Humanidad.

En Baeza, como en Úbeda y Jaén, en los menús turísticos el viajero encontrará las migas. De ser un plato sencillo, tradicional, de los pastores, se ha transformado en un manjar para todos. Es el plato de las tierras de ganados de ovejas, de la trashumancia, que cocinaban los pastores, aprovenchando lo que tenían más a mano: pan, tocino, uvas pasas. Pueden encontrarse en Soria, donde se llaman migas pastoriles, en zonas de Aragón, en Extremadura, en Jaén. En tierras que no pueden desaprovechar ni una miga de pan.

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En Baeza celebran estos días la XII Semana Machadiana. Recuerdan la vida y obra del poeta que pasó parte de su vida en la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Se organiza un amplio programa en torno a la figura del poeta sevillano. La escritora María José Ramos presenta en la ciudad su libro Ya estamos solos mi corazón y el mar. La obra recoge once cuentos que relatan los tres últimos años de la vida de Machado. De la mano de los personajes que lo conocieron desde que en Noviembre de 1936 marcha de Madrid bombardeado hasta que llega a Colliure en Febrero de 1939, los lectores podemos sentir el viaje emocional y vital del poeta. En otro acto, el cantaor granadino Juan Pinilla pone en escena Yo voy soñando caminos de la tarde, un espectáculo con voz, guitarras, violín, percusión y coros. Como curiosidad, hay que añadir que en los pasos de peatones de la ciudad aparecerán los versos del poeta.

Desde que el tren me trajo desde Madrid a la Estación Linares-Baeza, solo he disfrutado  momentos positivos. El mismo viaje fue una experiencia única: paisajes únicos, molinos de viento, iglesias destacando en los pueblos, desgraciadas estaciones abandonadas, viajeros chillones que suben y bajan en Alcázar de San Juan, Manzanares, Valdepeñas, Vilches. Y la majestuosidad del paso de Despeñaperros en Sierra Morena. El mar de olivos ya es una realidad ante los ojos del viajero jubilado.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

A los piés de Baeza y Úbeda se divisan los campos de olivos más extensos de todo el planeta. La cosecha de la aceituna está en su auge durante estos días fríos de Febrero. Las almazaras están esperando para exprimir las aceitunas y transformarlas en el aceite más maravilloso que ningún otro lugar puede producir.

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Si la cercana Linares tiene un museo dedicado a su artista más famoso, Raphael, en Úbeda le dedican un bar a Sabina, el bar Calle Melancolía, cercano a la plaza renacentista más importante de la ciudad,  en Baeza al poeta Antonio Machado le dedican placas, estatuas y un paseo, y en la capital de la provincia, Jaén, el poeta Miguel Hernández, que por aquí pasó unos días durante la guerra civil, tiene un espacio dedicado a su vida y obra en el  palacio que alberga los baños árabe. Hay mucho arte en estas ciudades jienenses, de gentes sencillas y acogedoras, que se acuerdan de los que por aquí nacieron o pasaron. Gentes acostumbradas al trabajo en el campo y a las peonadas intermitentes.

Los amantes de la fiesta taurina tienen por estos pagos unas de las plazas de toros más antiguas del mapa taurino. Compiten en solera y elegancia con la de Ronda. Los toreros más afamados han lidiado los toros de las ganaderías que también pululan por estas tierras del norte andaluz.

La torre de la catedral de Baeza y la iglesia de Santa María de Úbeda fueron construidas, como muchas otras catedrales e iglesias en la península, sobre antiguas mezquitas. Los árabes construyeron en estas ciudades murallas defensivas, hoy apenas visibles. En su entorno se han habilitado paseos excelentes, que constituyen miradores privilegiados de los campos de olivos y del valle del Guadalquivir. El paseo de las murallas de Baeza está dedicado al poeta Antonio Machado, que llegó a esta ciudad en Octubre de 1912, intentado olvidar a su esposa Leonor, fallecida en Soria. Aquí, como en la ciudad soriana, impartió la docencia de francés en un instituto, que hoy le dedica un aula, en el barrio renacentista, cerca de la plaza de la catedral, rodeado de edificios que le han premiado, junto a la vecina Úbeda, con el título de ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Un paseo por las callejuelas del barrio de la catedral de Baeza, con neblina flotando en el aire, sin tráfico, te transporta a la época renacentista, a pleno siglo XVI. Úbeda es una ciudad con el doble de población. Sus monumentos, palacios, casonas, iglesias, conviven entre el marasmo de calles comerciales. Esto les quita encanto. Solo hay una excepción: la plaza del ayuntamiento y la cercana iglesia de Santa María, pero una comisaría de policía, en este espacio cultural, en un remanso de paz, no tiene sentido.

De Baeza y Úbeda esperas lo que encuentras, pues su sello de ciudades Patrimonio de la Humanidad así lo exige. Jaén sorprende. No te imaginas lo que te espera al iniciar la visita. Lo que la hace diferente son las callejuelas que suben hacia el castillo de Santa Catalina. Hay que caminar por las callejuelas de la judería y la morería, barrios que convivieron en paz con sus vecinos cristianos, antes o después de visitar en el palacio de Villardompardo los baños árabes y la exposición sobre Miguel Hernández, autor del himno de la provincia que habla de aceituneros altivos. Jaén es la capital de la provincia del mar de olivos. No tiene un mar azul, tiene un mar verde aceituna todo el año. En la provincia de Jaén hay plantados más de 60 millones de olivos. Desde Despeñaperros, Sierra Morena, a Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, pasando por el valle del Guadalquivir, todos los paisajes están inmersos en el verdor oscuro de los olivares.

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Baeza, Úbeda, Jaén: me quedo con las tres. Transmiten la tranquilidad de otra época y respetan tradiciones, arte y el trabajo de sus antepasados, los andaluces altivos, aceituneros jienenses.

 

Continuará...

 

Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 

Los almendros florecen en las laderas de la sierras de Málaga, las que parecen surgir del Mediterráneo y elevarse hasta el firmamento, a poca distancia de las aguas revueltas y grises en estos días invernales de Enero. El autobús que parte de Nerja y lleva al viajero jubilado hasta Frigiliana, recorriendo los escasos siete kilómetros desde el pueblo turístico del Balcón de Europa, bullendo en sus calles los cientos de jubilados nórdicos que lo habitan estos meses fríos en sus países, permite divisar la riqueza de sus campos de frutales y echar un vistazo al cercano mar inmenso. El viajero se pregunta si el Paraíso existe debe estar aquí o muy cerca de aquí, o quizás sea Frigiliana y sus alrededores el mismo Edén.

La historia de Frigiliana está plamada en los mosaicos en forma de panel, situados en los rincones y callejuelas más emblemáticos del casco viejo. Nos hablan de las luchas de los moriscos por sobrevivir en su tierra. Nos cuentan historias personales de enfrentamientos contra la Inquisición, después de la Reconquista por las tropas cristianas. Un edificio antiguo llama la atención. Es la única fábrica de miel de caña de azucar que opera en el continente europeo. Este antiguo edificio fue construido a finales del siglo XVI como palacete-casa solariega por la familia Manrique de Lara, que fueron considerados los señores de Frigiliana desde 1.508.Su construcción es de estilo renacentista y ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados. Su usaron para su construcción materiales y partes que procedían del antiguo castillo árabe de Frigiliana, como son los sillares de entrada en su fachada,En la fachada, podemos ver unos preciosos balcones, rejas, un reloj de sol, así como un par de hornacinas que en su día estuvieron consagradas a San Raimundo y a la Virgen del Carmen. En la actualidad alberga, además de la única fábrica de miel de caña que existe en Europa,  una almazara que aún moltura las aceitunas con métodos artesanales.

Pasear por Frigiliana es hacer un viaje por el tiempo, ya que en el pueblo se conservan vestigios de 3 culturas, la islámica, la hebrea y la cristiana. Un ejemplo de la cultura islámica son los "adarves" o callejones que habían en las ciudades islámicas medievales, que en Frigiliana están intacto aún después del paso del tiempo.Estos callejones conducen a casas privadas y tienen una puerta de entrada y no tienen salida. Uno de ellos es el Callejón del Señor, en la entrada, hay una imagen de Cristo crucificado, con un farol con vela encendida, el techo de la entrada es como todos, de cañizo. La blancura de las fachadas, las flores y sobre todo la limpieza (de la que se encargan los vecinos) está prersente en cada rincón de Frigiliana.

Uno de los callejones más pintoresco y encantador del pueblo de Frigiliana, es el Callejón del Inquisidor, una pequeña y laberintica calle adornada de flores y con tramos de la misma techadas y cubierta aún por vigas de cañas. Olores de flores,el sonido del agua de la fuente,silencios, gatos dormitando y sobre todo la blancura de las fachadas solo rota por el colorido de las flores hacen que pasear por esta zona del pueblo envuelva al viajero jubilado en la sensación de estar en el Paraíso.

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Una nota histórica más del pueblo, que alecciona al viajero sobre los avatares sociales de tiempos no muy lejanos: En el año 1767,los Condes de Frigilliana decidieron construir un Pósito que contuviera todo el cereal que se producía en sus tierras,y que sirviera como deposito para todo el que sobrase en años buenos de cosecha para tener en los peores. El problema de esto es que ellos eran los que imponian el precio, y aunque la cosecha hubiese sido buena, algunos vecinos tenian que endedudarse con ellos para poder comer. De estos antiguos pósito solo se conserva parte de la fachada, ya que ahora están ocupados por viviendas particulares y tiendas de artesanía y vinos de la comarca.

De vuelta a Málaga, al entrar en Torrox, se puede leer: Torrox, el mejor clima de Europa. Y no les falta razón. Aunque se podría extender esta afirmación a toda la Costa del Sol, al Algarve portugués, a las costas alicantina y murciana, a Madeira, a las Canarias...Por eso, los jubilados del norte de Europa pasan los inviernos por estos lares. Aprovechan la calefacción natural del sol y se ahorran cuantiosas sumas de dinero en gas y electricidad para sus calefacciones en sus casas nórdicas.

La costa de Lisboa

LA COSTA DE LISBOA


 Los portugueses dicen: Quem não viu Lisboa, não viu cosa boa. La capital de Portugal es una ciudad con misterio desde los tiempos de los descubridores. Por su puerto descargaron las riquezas de Asia, África y América: tejidos de seda, abalorios de piedras preciosas, plantas y flores desconocidas, especias y perfumes de Oriente. La ciudad mira al Tajo perderse en el océano, con sus plazas soleadas, sus avenidas al estilo parisino, sus barrios en las laderas de las orilla del río. El terremoto de 1755 destruyó casi la totalidad de los edificios,  pero el esfuerzo de sus gentes la hicieron resurgir de las cenizas, más ancha y más moderna.
Solo por contemplar el arte manuelino, una exaltación de la imaginación y la exhuberancia, degustar sus pescados recién traídos del océano, comer el bacalao, cocinado con diferentes estilos, y beber sus vinos, merece la pena llegar a Lisboa y recorrer su costa.

Los comerciantes y los invasores, desde los fenicios a los españoles, han dejado sus huellas en esta región. Los árabes construyeron fuertes y castillos, que pueden verse a lo largo de la costa. A pesar del turismo que trajo una urbanización alocada, pueden todavía visitarse pequeños pueblos pesqueros.
Cuatro días serán suficientes para conocer los barrios de la ciudad y sus monumentos: Alfama, Chiado, Baixa y Avenida da Liberdade, Barrio Alto y Estrella, Belem. Los otros tres días el viajero jubilado tendrá la oportunidad de recorrer la costa lisboeta, Carcavelos, Estoril, Cascais, Ericeira, Cabo da Roca, y contemplar una ciudad de cuento de hadas: Sintra. Esta zona conoce un turismo tranquilo y selectivo, el silencio de la sierra y el romanticismo de los pequeños puertos pesqueros.
Por su clima, toda la región es ideal para pasar los veranos, pero también unas soleadas vacaciones en primavera, otoño e invierno.


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Personajes lisboetas:
Amália Rodrigues: símbolo del fado, la tradición musical portuguesa por excelencia, caracterizada por expresar mediante sus melodías la tristeza de la vida.
Fernando Pessoa, el poeta de Lisboa.

 Ruta A: Lisboa:
El puente 25 de Abril es uno de los iconos de la capital portuguesa. Une el barrio de Alcántara con la orilla derecha del Tajo, donde surge una estatua de Cristo Rey, réplica en pequeño de la de Río de Janeiro.
El recorrido por Lisboa debe incluir:
Rossio, Plaza de Los Restauradores, la Plaza del Comercio, en el barrio Bajo.
El Chiado, la iglesia do Carmo, el Museo de arte sacro, en el barrio Alto.
El Catillo de San Jorge y sus alrededores: Casa dos Bicos, catedral, mirador de Santa Lucía, Museo de Artes Decorativas.
El barrio de Alfama, con sus callejuelas estrechas y misteriosas, donde viven pescadores y surgen iglesias por doquier.
Zona de Belem: Torre de Belem, Monasterio de los Jerónimos.

Ruta B: costa lisboeta
Sintra, la ciudad de la fantasía, con sus palacios y castillos.
Cascais, con su puerto pesquero, su ciudadela, sus rincones con aroma antiguo.
Estoril, cuna de espías, con el casino más grande de Europa.
Setúbal y Sesimbra.


 En los alrededores:

Palacio de Mafra y monasterio. Barroco en su pureza máxima.
Ericeira: playas de ensueño.
Palacio Nacional de Queluz.

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Alojamientos recomendados:

 En Lisboa: El Radisson Blu Lisboa es un hotel de cuatro estrellas superior, con estilo, personalidad y buen gusto. Sus estrellas se sienten en los detalles, en la calidad del servicio y en la elegancia de los espacios. Las habitaciones, insonorizadas y particularmente espaciosas, fueron diseñadas y decoradas con vista a garantizar la máxima comodidad. El Restaurante Bordalo Pinheiro, premiado recientemente en el ‘7º Concurso de Gastronomía con Vino de Oporto’y en ‘Lisboa à Prova’, ofrece una gran variedad de platos de la cocina local e internacional. En el Bar Malhoa, podrá disfrutar buenos momentos, con música en vivo y ver grandes eventos deportivos en la pantalla gigante. 
Para la ruta B: Desde Cascais se puede llegar a la costa lisboeta en poco tiempo:
Hotel Farol, sobre el océano y al lado del puerto marina.

 Qué comer:

Bacalao à bras, la caldeirada (sopa de pescados), mariscos.
Sardinas, rodaballo, lenguado, bolinhos de bacalao.
Vino oporto y vinho verde.


  Cómo llegar a Lisboa:

A Lisboa se puede llegar de mil formas. Si el viajero jubilado es atrevido, puede conducir su coche. Desde Madrid se llega en poco más de cinco horas. 
En tren: el Lusitania Exprés hace el trayecto desde Madrid, en un viaje nocturno de diez horas de duración.
Desde toda la península llegan autobuses a Lisboa.
Todas las líneas aéreas, incluidas las de low cost, aterrizan en el aeropuerto lisboeta.
Para moverse por la costa: el tren de cercanías de la línea Cais do Sodré- Cascais.
En Lisboa existen líneas de metro que comunican todos los barrios de la ciudad.
Para los románticos de los viajes: el tranvía. 


Libros para leer antes del viaje:

Leer a José Saramago es una obligación antes de llegar a Lisboa. Recomiendo su libro “Viaje a Portugal”:
Conocer un país significa comprender, de la manera mas exacta posible, su paisaje, su cultura y el pueblo que lo habita, por eso José Saramago viaja a Portugal y ofrece al lector el autentico rostro de una tierra inagotable. Con un itinerario que, desde Tras-os-Montes hasta el Algarve y desde Lisboa al Alentejo, recorre todo el país, Viaje a Portugal es la reproducción escrita de las múltiples impresiones recogidas por la sensibilidad de un viajero siempre atento a lo que ven sus ojos. Saramago intenta comprender con su obra la realidad de Portugal y descifrar al mismo tiempo su pasado. Leer este libro será una revelación para quienes desean conocer el país vecino, y un autentico placer de la memoria para quienes ya lo conocen y sin duda retornaran a el.


Libro interesante sobre una pescadora de Cascais y su relación con un refugiado extremeño fugitivo del ejército franquista:
“Diarios de la reina del océano” de Pablo Pascual:
Al cumplir los dieciocho años, la protagonista Amália Machado empieza a escribir su diario, en el que narra todas sus vivencias. Estamos a finales de Agosto de 1936. Miles de refugiados españoles cruzan la frontera con Portugal para escapar de la represión de las tropas rebeldes. Uno de estos refugiados en Cascais es Antonio Padilla, extremeño de Badajoz, que ha sufrido la barbarie de los soldados franquistas al conquistar la ciudad. En la ciudad portuguesa se conocen los dos protagonistas y se inicia una relación que durará lo que dura los dos diarios de Amália. Esta varina, vendedora del pescado que su padre y hermano traen del mar, quiere navegar en la barca, ser pescadora. Es su ilusión. Luchará contra todos para conseguirlo.
Con el trasfondo de la guerra civil y la posguerra españolas, la protagonista tiene que hacer frente a todos los avatares de la situación personal, familiar, social y política. La dictadura de Oliveira Salazar, junto al desarrollo de la guerra mundial, la llegada de los reyes destronados en los países ocupados por los nazis, el trasiego de los espías, son otros de los elementos presentes en el libro.

Películas de interés para el viajero jubilado a Lisboa:

 “Sostiene Pereira”:
Lisboa, 1938. Dictadura de Salazar. Adaptación de la novela homónima del escritor italiano Antonio Tabucchi. En 1938 (anexión de Austria por Alemania), cuando los totalitarismos triunfan en Europa, un periodista que ha trabajado siempre en la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de su periódico. Su sentido fúnebre de la cultura chocará con el espíritu vitalista de un joven colaborador. La estrecha relación que mantiene con él desencadena una crisis personal que altera radicalmente la vida del maduro periodista

"Fados" de Carlos Saura: tras más de dos años de investigación sobre el fado, Saura da un salto importante en su aproximación al musical. Si en los musicales anteriores, "Iberia", "Flamenco", "Tango" se apoyaba en la danza, en “Fados” refleja el nacimiento de la música arrabalera, portuaria, que es en sí misma una síntesis de todas las músicas nacidas a fines del XIX.

 Webs útiles:

http://lisbon-portugal-guide.com/lisboa-portugal-es.html
En esta guía encontrará una introducción a Lisboa que incluye las respuestas a las preguntas más comunes a la hora de irse de vacaciones, además de ofrecer enlaces a información adicional más detallada.

http://lisbonbeaches.com/playa-lisboa/cascais-estoril-lisboa-costa-playas-es.html
Web sobre la costa de Lisboa:
Hay muchas playas estupendas a lo largo de la línea costera de Estoril, que es la extensión de costa comprendida entre Lisboa al este y Cascais al oeste. Todas estas playas están conectadas mediante un servicio de tren frecuente y económico, lo cual convierte esta franja de costa en el destino ideal para una excursión de un día desde Lisboa.


 

 

La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

 

Cuando azota el viento de levante en las playas cercanas a los acantilados de Barbate, en las arenas infinitas de Zahara de los Atunes, en las cercanas dunas de Bolonia, las gaviotas desaparecen del firmamento de la parte atlántica de la costa gaditana y se refugian en los recovecos de las paredes rocosas que se asoman al océano. Las rachas de viento limpian las playas de bañistas y solo algún atrevido surfea sobre las encrespadas olas que baten con fuerza las arenas doradas.

Los viajeros jubilados pueden disfrutar de unos paseos relajantes sobre las arenas que se pierden en el horizonte, donde parece divisarse la blancura de las casas de Vejer de la Frontera sobre una colina vigilante. El mes de Octubre es excelente para disfrutar de la costa gaditana que se extiende desde Cádiz hasta Barbate y llega a Atlanterra, lugar de nuevas urbanizaciones respetuosas con el entorno. En los días claros se puede ver el perfil montañoso de Marruecos al otro lado del estrecho. Si se quiere alargar la estancia, un buen destino es la cercana Tánger, a la que se puede acceder en menos de una hora desde el puerto de Tarifa.

Viajar en autobús desde Cádiz a Zahara de los Atunes permite oír las conversaciones de los extrovertidos gaditanos. Un señor de unos setenta años, moreno, afilado en toda la estructura de su cuerpo, parlanchín, comentaba con otro viajero que le metieron en la cárcel por robar una lechuga en sus años mozos. Relataba que ahora es distinto, que hay corruptos y ladrones que viven a sus anchas, libres, disfrutando de lo robado. Su conversación tocó el tema candente de Cataluña: no me explico cómo una región en la que viven tan bien haya montado tal pitoste. Ya les daba a estos lo que ocurrió con los míos, Una maleta y a ganarse la vida lejos de los tuyos. Emigrar, trabajar, sudar, luchar día a día por sobrevivir. Que por aquí las criaturas que se echan a la droga es porque no tienen más remedio, porque se levantan y no tienen otro clavo al que agarrarse. ¿Cuántos jóvenes catalanes, navarros, vascos, riojanos están metidos en la droga? Los que se quieren independizar son unos egoístas. Interesantes y aleccionadoras estas palabras de este gaditano parlanchín.

En la playa de Atlanterra sobresale, construido sobre las rocas de la orilla, un búnker de la guerra civil que vigila el estrecho y los lujosos chalets levantados en la colina. Contraste de colores blancos de las vivienda, del azul de las aguas y del verde de los pinares de la sierra de la Plata.

Las arenas doradas de la playa de la Barrosa, próxima a Chiclana de la Frontera, besan las embravecidas aguas del océano Atlántico. Esta playa es una de las más bellas y limpias del litoral gaditano. Rodeada por urbanizaciones de casas bajas que han cuidado el entorno adaptándose al paisaje ecológico de gran valor. Se extiende a lo largo de siete mil metros. Destacan en ella las dunas de arena blanca y los acantilados cercanos. No muy alejado está el cabo de Trafalgar. Frente al cabo las tropas españolas y francesas hallaron la derrota frente a la escuadra inglesa liderada por el almirante Nelson, en 1805. La luz continua del faro guía los barcos que surcan las aguas durante la noche. Al atardecer los turistas contemplan la puesta del sol, asombrados ante tanta belleza natural. Los surfistas tienen un paraíso en las playas de los Caños de Meca.

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Los acantilados de Barbate se erigen como enormes fantasmas de piedra caliza entre el  mar y los densos bosques de pinares. Las montañas azotadas por las olas descienden hasta Barbate, localidad marinera que ha hecho de la pesca del atún y del arte de la almadraba su razón de ser. Del puerto pesquero parte un espigado paseo marítimo que deja  a un lado los viejos barrios donde se asientan iglesias barrocas y plazas con palmeras. Las marismas son escenario del surcar de las barcas pesqueras. En la cercana Zahara de los Atunes, un baluarte defensivo sobresale entre las casas marineras. Se construyó para proteger el pueblo de los ataques piratas.

Visitar esta zona de la costa atlántica de Cádiz devuelve la serenidad al más ansioso de los viajeros.