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PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

PAÍSES BÁLTICOS: ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA (I)

Países de lagos, llanuras infinitas y de bosques. Los países bálticos carecen de montañas, por eso, a la más mínima altitud le llaman montaña, aunque no pase de ser una colina mal trazada. Vilnius, la capital de Lituania, se extiende, como Roma, sobre siete colinas, enanas, pero colinas al fin y al cabo. Hace frío en invierno y el viento es helador. Las nubes amenazan desde un firmamento gris y triste. En verano el cambio es radical. Los días son eternos porque no llega a anochecer. Solo oscurece y el sol vuelve a salir sobre las tres y media de la madrugada. El viajero jubilado extraña esta situación. Espera el anochecer que nunca llega y un color rojizo inunda el horizonte.

A los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, nombrados de norte a sur, el ejército rojo los liberó de los nazis en 1944, pero estuvieron casi cincuenta años liberándolos para que supieran lo que es ser libres bajo el yugo estalinista. Este año 2018 celebran los tres países el centenario de su primera independencia, después de siglos de ocupación alemana o danesa o sueca o rusa, que todos estos pueblos invadieron las tierras bañadas por el mar Báltico. Durante la ocupación soviética y en el tiempo de los zares, cientos de miles de rusos emigraron a estas regiones por motivos económicos, de repoblación, auspiciada por el poder ruso, o económicos, para controlar todos los recursos. En Estonia y Letonia los rusos o sus descendientes suponen casi la mitad de la población, sobre todo en las ciudades. En Lituania no llega a este nivel, pero también hay numerosas comunidades rusas. Después de su independencia en 1991 los gobiernos de Estonia y Letonia denegaron la nacionalidad a los rusos o aquellos con abuelos o ascendientes familiares rusos. Solo pueden conseguir la nacionalidad después de un examen en el que tienen que demostrar su capacidad de hablar y entender el estón o letón. Los más mayores no pueden conseguirlo y permanecen en una situación paradójica, extranjeros en la tierra en que nacieron.

La religión es otro de los aspectos a tener en cuenta por el viajero. Los dos países más al norte, Estonia y Letonia, con más influencia alemana desde la llegada de los caballeros teutones, son luteranos, aunque más de la mitad de la población se declara no creyente. En Lituania, con influencia polaca fuerte porque con ellos compartieron nación durante muchos años, son mayoritariamente católicos practicantes. En Vilnius hay casi cincuenta iglesias, que durante los domingos se llenan de fieles para seguir la ceremonia religiosa. En los tres países hay importantes comunidades ortodoxas que acuden a sus catedrales e imponentes iglesias, convertidas durante la época soviética, al igual que las catedrales e iglesias católicas,  en museos del ateísmo, garajes, almacenes, caballerizas, cuarteles militares, hoteles...La práctica religiosa no estaba prohibida, pero era mal vista por las autoridades soviéticas, de tal forma que los que acudían a las iglesias o celebraban la Navidad a escondidas de sus vecinos, soplones probablemente del KGB, engrosaban las listas negras que les impedían acceder a los pisos oficiales, a las subvenciones estatales, al campamento de sus hijos en verano o la entrada en la universidad.

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En Tallin, capital de Estonia, el KGB tenía sus oficinas en los últimos pisos del imponente hotel Viru, edificio más alto construido por los soviéticos hasta el año 1972. Los estonios dicen que fue construido con microcemento, la mitad de cemento y la otra mitad con los micrófonos espías. Esta ciudad fue un enclave importante dentro de la liga hanseática medieval, que englobaba ciudades alemanas y del norte europeo con un objetivo de apoyo comercial y defensivo, antecedente de la actual Unión Europea.

Los barrios antiguos de las tres capitales bálticas, Tallin, Riga y Vilnius, forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, por su valor histórico y artístico y conservan su esencia. Aquí los viajeros jubilados encontrarán ejemplos del mejor gótico, barroco, neoclasicismo, de murallas medievales o de iglesias y catedrales que impresionan. En las oficinas de información les detallarán los itinerarios y les proveerán de mapas y planos útiles. Solo unos humildes consejos: para comer, eviten estos barrios porque los precios se duplican con respecto a otras zonas; si pueden, asistan a un concierto de música coral o de danzas tradicionales, ambos Patrimonio inmaterial de la Humanidad, como el fado en Portugal o el flamenco en España; tengan cuidado de los carteristas que pululan en la iglesia de St. Olav, en Tallin, el edificio más alto de Europa entre 1549 y 1625; si tienen intención de pasar un día en Helsinki, no hace falta apuntarse a una excursión: el puerto de Tallin está muy cerca del centro de la ciudad y hay muchas navieras que le acercaran a la capital de Finlandia y les traerán de vuelta por la noche. Así se ahorrarán unos cuantos euros.

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La aguja de la torre de St. Olav, sobresale en el cielo grisáceo, por momentos azul. Es uno de tantos monumentos que visitar en Tallin. Lo que más impresiona al viajero jubilado no es las torres de las iglesias o las murallas medievales de Tallin y de las otras ciudades bálticas, lo que de verdad le llama la atención es el aire de tristeza en el rostro de los ciudadanos, que viven día a día la gris apariencia de estas tierras, que están saliendo de una época todavía más sombría, los cincuenta años de ocupación soviética, como si todavía conservaran en su ADN celular las atrocidades a las que fueron sometidos sus antepasados por soviéticos y nazis. La expresión es fría, distante, sin un ápice de alegría en sus rostros. Quizás el tiempo desapacible, el sol que apenas llega, la carestía de la vida, los bajos salarios, el contraste con los invasores turistas, que, como los grupos de japoneses, indeseados por los nativos, lo compran todo, desde ámbar al artículo más ridículo, y han hecho subir los precios. O como los grupos de finlandeses que llegan a Tallin a comprar alcohol barato, no sujeto a los altos impuestos de su gobierno, y pasan días borrachos hasta regresar a su rico país. Estas gentes del Báltico merecen un apoyo por parte de los países occidentales, de sus socios europeos. Para preservar su patrimonio, que también lo es del mundo.

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (IV)

 

Las tres ciudades emblemáticas jienenses albergan conventos que no solo ofrecen paz y sosiego a sus moradores, también dulces típìcos que el visitante jubilado puede adquirir. Un ejemplo para abrir boca: en el convento de las Bernardas de Jaén hay delicias inimaginables, desde pestiños a torrijas o roscos de anís, que salen de los tornos del convento, ubicado al lado del parque de la Alameda. Su iglesia es una de las muestras del barroco más puro.

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El mejor aceite de oliva virgen extra del mundo se vende en la provincia. Al menos eso aseguran sus vendedores. Y no les falta razón. Hay catas del oro amarillo por estas ciudades, donde degustar los zumos de aceituna más exquisitos de estas tierras. Si el viajero tiene tiempo, puede visitar el Museo de la Cultura del Olivo, la Hacienda de la Laguna, muy cerca de Baeza. Aquí se explica de modo detallado la historia, la elaboración y las utilidades del zumo de la aceituna. La bodega cuenta con 10 bidones de piedra plomada con una capacidad total de un billón de kilolitros de aceite. Esta zona es también un paraje natural, zona de aves migratorias, a un paso de las orillas del Guadalquivir y de los pueblos de la Sierra de Mágina.

La provincia de Jaén, por su situación y condiciones físicas, principalmente las proximidades a Sierra Morena, ha sido extraordinaria para la cría de reses bravas. Muchos ganaderos se trasladan en invierno a estas tierra buscando un clima más benigno. Hay infraestructuras y recursos relacionados con la cultura del toro bravo. Las plaza de Baeza y Úbeda son un claro ejemplo. La cría del toro bravo permite que subsista la dehesa como espacio natural pues ayuda al mantenimiento de la biodiversidad y previene la desertización, conservando la fauna y la flora autóctonas.

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Ha sido un placer poder contar mis impresiones sobre esta tierra. Acabo con el himno de la provincia, el poema de Miguel Hernández:

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién,

quién levantó los olivos?

 

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor.

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos.

 

Levántate, olivo cano,

dijeron al pie del viento.

Y el olivo alzó una mano

poderosa de cimiento.

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién

amamantó los olivos?

 

Vuestra sangre, vuestra vida,

no la del explotador

que se enriqueció en la herida

generosa del sudor.

 

No la del terrateniente

que os sepultó en la pobreza,

que os pisoteó la frente,

que os redujo la cabeza.

 

Árboles que vuestro afán

consagró al centro del día

eran principio de un pan

que sólo el otro comía.

 

¡Cuántos siglos de aceituna,

los pies y las manos presos,

sol a sol y luna a luna,

pesan sobre vuestros huesos!

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

pregunta mi alma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?

 

Jaén, levántate brava

sobre tus piedras lunares,

no vayas a ser esclava

con todos tus olivares.

 

Dentro de la claridad

del aceite y sus aromas,

indican tu libertad

la libertad de tus lomas.

 

Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 Frigiliana: un pueblo en la serranía de Málaga

 

Los almendros florecen en las laderas de la sierras de Málaga, las que parecen surgir del Mediterráneo y elevarse hasta el firmamento, a poca distancia de las aguas revueltas y grises en estos días invernales de enero. El autobús que parte de Nerja y lleva al viajero jubilado hasta Frigiliana, recorriendo los escasos siete kilómetros desde el pueblo turístico del Balcón de Europa, bullendo en sus calles los cientos de jubilados nórdicos que lo habitan estos meses fríos en sus países, permite divisar la riqueza de sus campos de frutales y echar un vistazo al cercano mar inmenso. El viajero se pregunta si el Paraíso existe debe estar aquí o muy cerca de aquí, o quizás sea Frigiliana y sus alrededores el mismo Edén.

La historia de Frigiliana está plamada en los mosaicos en forma de panel, situados en los rincones y callejuelas más emblemáticos del casco viejo. Nos hablan de las luchas de los moriscos por sobrevivir en su tierra. Nos cuentan historias personales de enfrentamientos contra la Inquisición, después de la Reconquista por las tropas cristianas. Un edificio antiguo llama la atención. Es la única fábrica de miel de caña de azucar que opera en el continente europeo. Este antiguo edificio fue construido a finales del siglo XVI como palacete-casa solariega por la familia Manrique de Lara, que fueron considerados los señores de Frigiliana desde 1.508.Su construcción es de estilo renacentista y ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados. Se usaron para su construcción materiales y partes que procedían del antiguo castillo árabe de Frigiliana, como son los sillares de entrada. En la fachada, podemos ver unos preciosos balcones, rejas, un reloj de sol, así como un par de hornacinas que en su día estuvieron consagradas a San Raimundo y a la Virgen del Carmen. En la actualidad alberga, además de la única fábrica de miel de caña que existe en Europa,  una almazara que aún moltura las aceitunas con métodos artesanales.

Pasear por Frigiliana es hacer un viaje por el tiempo, ya que en el pueblo se conservan vestigios de 3 culturas, la islámica, la hebrea y la cristiana. Un ejemplo de la cultura islámica son los "adarves" o callejones que había en las ciudades islámicas medievales, que en Frigiliana están intactos aún después del paso de siglos. Estos callejones conducen a casas privadas y tienen una puerta de entrada y no tienen salida. Uno de ellos es el Callejón del Señor. En la entrada  hay una imagen de Cristo crucificado, con un farol con vela encendida. El techo de la entrada es como todos, de cañizo. La blancura de las fachadas, las flores y sobre todo la limpieza (de la que se encargan los vecinos) está presente en cada rincón de Frigiliana.

Uno de los callejones más pintoresco y encantador del pueblo de Frigiliana, es el Callejón del Inquisidor, una pequeña y laberintica calle adornada de flores y con tramos de la misma techadas y cubierta aún por vigas de cañas. Olores de flores,el sonido del agua de la fuente,silencios, gatos dormitando y sobre todo la blancura de las fachadas solo rota por el colorido de las flores hacen que pasear por esta zona del pueblo envuelva al viajero jubilado en la sensación de estar en el Paraíso.

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Una nota histórica más del pueblo, que alecciona al viajero sobre los avatares sociales de tiempos no muy lejanos: en el año 1767, los Condes de Frigilliana decidieron construir un Pósito que contuviera todo el cereal que se producía en sus tierras,y que sirviera como deposito para todo el que sobrase en años buenos de cosecha para tener en los peores. El problema de esto es que ellos eran los que imponian el precio, y aunque la cosecha hubiese sido buena, algunos vecinos tenian que endedudarse con ellos para poder comer. De estos antiguos pósito solo se conserva parte de la fachada, ya que ahora están ocupados por viviendas particulares y tiendas de artesanía y vinos de la comarca.

De vuelta a Málaga, al entrar en Torrox, se puede leer: Torrox, el mejor clima de Europa. Y no les falta razón. Aunque se podría extender esta afirmación a toda la Costa del Sol, al Algarve portugués, a las costas alicantina y murciana, a Madeira, a las Canarias...Por eso, los jubilados del norte de Europa pasan los inviernos por estos lares. Aprovechan la calefacción natural del sol y se ahorran cuantiosas sumas de dinero en gas y electricidad para sus calefacciones en sus casas nórdicas.

La costa de Lisboa

LA COSTA DE LISBOA


 Los portugueses dicen: Quem não viu Lisboa, não viu cosa boa. La capital de Portugal es una ciudad con misterio desde los tiempos de los descubridores. Por su puerto descargaron las riquezas de Asia, África y América: tejidos de seda, abalorios de piedras preciosas, plantas y flores desconocidas, especias y perfumes de Oriente. La ciudad mira al Tajo perderse en el océano, con sus plazas soleadas, sus avenidas al estilo parisino, sus barrios en las laderas de las orilla del río. El terremoto de 1755 destruyó casi la totalidad de los edificios,  pero el esfuerzo de sus gentes la hicieron resurgir de las cenizas, más ancha y más moderna.
Solo por contemplar el arte manuelino, una exaltación de la imaginación y la exhuberancia, degustar sus pescados recién traídos del océano, comer el bacalao, cocinado con diferentes estilos, y beber sus vinos, merece la pena llegar a Lisboa y recorrer su costa.

Los comerciantes y los invasores, desde los fenicios a los españoles, han dejado sus huellas en esta región. Los árabes construyeron fuertes y castillos, que pueden verse a lo largo de la costa. A pesar del turismo que trajo una urbanización alocada, pueden todavía visitarse pequeños pueblos pesqueros.
Cuatro días serán suficientes para conocer los barrios de la ciudad y sus monumentos: Alfama, Chiado, Baixa y Avenida da Liberdade, Barrio Alto y Estrella, Belem. Los otros tres días el viajero jubilado tendrá la oportunidad de recorrer la costa lisboeta, Carcavelos, Estoril, Cascais, Ericeira, Cabo da Roca, y contemplar una ciudad de cuento de hadas: Sintra. Esta zona conoce un turismo tranquilo y selectivo, el silencio de la sierra y el romanticismo de los pequeños puertos pesqueros.
Por su clima, toda la región es ideal para pasar los veranos, pero también unas soleadas vacaciones en primavera, otoño e invierno.


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Personajes lisboetas:
Amália Rodrigues: símbolo del fado, la tradición musical portuguesa por excelencia, caracterizada por expresar mediante sus melodías la tristeza de la vida.
Fernando Pessoa, el poeta de Lisboa.

 Ruta A: Lisboa:
El puente 25 de Abril es uno de los iconos de la capital portuguesa. Une el barrio de Alcántara con la orilla derecha del Tajo, donde surge una estatua de Cristo Rey, réplica en pequeño de la de Río de Janeiro.
El recorrido por Lisboa debe incluir:
Rossio, Plaza de Los Restauradores, la Plaza del Comercio, en el barrio Bajo.
El Chiado, la iglesia do Carmo, el Museo de arte sacro, en el barrio Alto.
El Catillo de San Jorge y sus alrededores: Casa dos Bicos, catedral, mirador de Santa Lucía, Museo de Artes Decorativas.
El barrio de Alfama, con sus callejuelas estrechas y misteriosas, donde viven pescadores y surgen iglesias por doquier.
Zona de Belem: Torre de Belem, Monasterio de los Jerónimos.

Ruta B: costa lisboeta
Sintra, la ciudad de la fantasía, con sus palacios y castillos.
Cascais, con su puerto pesquero, su ciudadela, sus rincones con aroma antiguo.
Estoril, cuna de espías, con el casino más grande de Europa.
Setúbal y Sesimbra.


 En los alrededores:

Palacio de Mafra y monasterio. Barroco en su pureza máxima.
Ericeira: playas de ensueño.
Palacio Nacional de Queluz.

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Alojamientos recomendados:

 En Lisboa: El Radisson Blu Lisboa es un hotel de cuatro estrellas superior, con estilo, personalidad y buen gusto. Sus estrellas se sienten en los detalles, en la calidad del servicio y en la elegancia de los espacios. Las habitaciones, insonorizadas y particularmente espaciosas, fueron diseñadas y decoradas con vista a garantizar la máxima comodidad. El Restaurante Bordalo Pinheiro, premiado recientemente en el ‘7º Concurso de Gastronomía con Vino de Oporto’y en ‘Lisboa à Prova’, ofrece una gran variedad de platos de la cocina local e internacional. En el Bar Malhoa, podrá disfrutar buenos momentos, con música en vivo y ver grandes eventos deportivos en la pantalla gigante. 
Para la ruta B: Desde Cascais se puede llegar a la costa lisboeta en poco tiempo:
Hotel Farol, sobre el océano y al lado del puerto marina.

 Qué comer:

Bacalao à bras, la caldeirada (sopa de pescados), mariscos.
Sardinas, rodaballo, lenguado, bolinhos de bacalao.
Vino oporto y vinho verde.


  Cómo llegar a Lisboa:

A Lisboa se puede llegar de mil formas. Si el viajero jubilado es atrevido, puede conducir su coche. Desde Madrid se llega en poco más de cinco horas. 
En tren: el Lusitania Exprés hace el trayecto desde Madrid, en un viaje nocturno de diez horas de duración.
Desde toda la península llegan autobuses a Lisboa.
Todas las líneas aéreas, incluidas las de low cost, aterrizan en el aeropuerto lisboeta.
Para moverse por la costa: el tren de cercanías de la línea Cais do Sodré- Cascais.
En Lisboa existen líneas de metro que comunican todos los barrios de la ciudad.
Para los románticos de los viajes: el tranvía. 


Libros para leer antes del viaje:

Leer a José Saramago es una obligación antes de llegar a Lisboa. Recomiendo su libro “Viaje a Portugal”:
Conocer un país significa comprender, de la manera mas exacta posible, su paisaje, su cultura y el pueblo que lo habita, por eso José Saramago viaja a Portugal y ofrece al lector el autentico rostro de una tierra inagotable. Con un itinerario que, desde Tras-os-Montes hasta el Algarve y desde Lisboa al Alentejo, recorre todo el país, Viaje a Portugal es la reproducción escrita de las múltiples impresiones recogidas por la sensibilidad de un viajero siempre atento a lo que ven sus ojos. Saramago intenta comprender con su obra la realidad de Portugal y descifrar al mismo tiempo su pasado. Leer este libro será una revelación para quienes desean conocer el país vecino, y un autentico placer de la memoria para quienes ya lo conocen y sin duda retornaran a el.


Libro interesante sobre una pescadora de Cascais y su relación con un refugiado extremeño fugitivo del ejército franquista:
“Diarios de la reina del océano” de Pablo Pascual:
Al cumplir los dieciocho años, la protagonista Amália Machado empieza a escribir su diario, en el que narra todas sus vivencias. Estamos a finales de Agosto de 1936. Miles de refugiados españoles cruzan la frontera con Portugal para escapar de la represión de las tropas rebeldes. Uno de estos refugiados en Cascais es Antonio Padilla, extremeño de Badajoz, que ha sufrido la barbarie de los soldados franquistas al conquistar la ciudad. En la ciudad portuguesa se conocen los dos protagonistas y se inicia una relación que durará lo que dura los dos diarios de Amália. Esta varina, vendedora del pescado que su padre y hermano traen del mar, quiere navegar en la barca, ser pescadora. Es su ilusión. Luchará contra todos para conseguirlo.
Con el trasfondo de la guerra civil y la posguerra españolas, la protagonista tiene que hacer frente a todos los avatares de la situación personal, familiar, social y política. La dictadura de Oliveira Salazar, junto al desarrollo de la guerra mundial, la llegada de los reyes destronados en los países ocupados por los nazis, el trasiego de los espías, son otros de los elementos presentes en el libro.

Películas de interés para el viajero jubilado a Lisboa:

 “Sostiene Pereira”:
Lisboa, 1938. Dictadura de Salazar. Adaptación de la novela homónima del escritor italiano Antonio Tabucchi. En 1938 (anexión de Austria por Alemania), cuando los totalitarismos triunfan en Europa, un periodista que ha trabajado siempre en la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de su periódico. Su sentido fúnebre de la cultura chocará con el espíritu vitalista de un joven colaborador. La estrecha relación que mantiene con él desencadena una crisis personal que altera radicalmente la vida del maduro periodista

"Fados" de Carlos Saura: tras más de dos años de investigación sobre el fado, Saura da un salto importante en su aproximación al musical. Si en los musicales anteriores, "Iberia", "Flamenco", "Tango" se apoyaba en la danza, en “Fados” refleja el nacimiento de la música arrabalera, portuaria, que es en sí misma una síntesis de todas las músicas nacidas a fines del XIX.

 Webs útiles:

http://lisbon-portugal-guide.com/lisboa-portugal-es.html
En esta guía encontrará una introducción a Lisboa que incluye las respuestas a las preguntas más comunes a la hora de irse de vacaciones, además de ofrecer enlaces a información adicional más detallada.

http://lisbonbeaches.com/playa-lisboa/cascais-estoril-lisboa-costa-playas-es.html
Web sobre la costa de Lisboa:
Hay muchas playas estupendas a lo largo de la línea costera de Estoril, que es la extensión de costa comprendida entre Lisboa al este y Cascais al oeste. Todas estas playas están conectadas mediante un servicio de tren frecuente y económico, lo cual convierte esta franja de costa en el destino ideal para una excursión de un día desde Lisboa.


 

 

Cracovia: una ciudad impresionante

El Vístula fluye a los piés del Castillo Wawel, la colina que alberga el palacio real y la catedral de la ciudad polaca de Cracovia. Lo hace ajeno a los movimientos de turistas que suben y bajan la colina en la que se asienta las maravillas del palacio y la iglesia catedralicia. Aquí ejerció de arzobispo y cardenal, el futuro Papa Juan Pablo II, ídolo de los cracovianos y de todos los polacos. El poder polítco y el eclesiástico conviven en esta colina de lujo e historias conmovedoras. Las tumbas de reyes y arzobispos compiten por ser las más admiradas. Les gusta estar juntos hasta despuñes de muertos.

Las riquezas de la basílica de Santa María en la Plaza medieval del Mercado, en el centro de la ciudad vieja, asombran al viajero. Aquí, como en todas las iglesias de Cracovia, el lujo brilla en foma de retablos con ricas maderas, cúpulas doradas y estatuas de mármol. Los turistas se mezclan con los que rezan, algunos de aquellos en actitud desagradable. Grupos de adolescentes esperan sentados en los bancos cerca de los confesionarios para confesar sus pecados. Recuerdos de la juventud perdida en nuestros pueblos, cada vez más alejados de la práctica religiosa. 

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En la plaza del mercado el bullico se acrecenta con los trotes de los coches de caballos que llevan a los turistas por todos los ángulos de esta plaza medieval, la más grande de toda Europa. La torre del antiguo ayuntamiento vigila mientras grupos de músicos lanzan sus notas musicales y los viajeros se arremolinan en torno a ellos. Hay una pequeña exposición de fotografías del Papa polaco en un rincón de la plaza. Su imagen podrá verse en fotos, carteles y estatuas en cualquier calle de la ciudad, en especial en los lugares donde estudió y vivió de jóven, y en el palacio episcipal que le sirvió de morada en su época cadenalicia. 

La historia de Cracovia, capital de Polonia en épocas fructíferas en lo artístico y cultural, es rica en invasiones, ocupaciones, raptos y atracos. Todos los países vecinos quisieron apropiarse de esta rica ciudad: lituanos, ucranianos, rusos, austriacos, alemanes, húngaros. La última fue la más funesta: Septiembre de 1939. Los nazis ocupan toda Polonia y establecen en Cracovia su capital adminstrativa. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el  ejército rojo se adueña de ella. Los soviéticos implantan su sistema. Con la caida del Telón de Acero, la democracia vuelve entre el entusiasmo de la gente. Sin embargo, hay razones para pensar que los ciudadanos están hartos de esta democracia fantasmal.

El viajero queda sorprendido al contemplar la manifestación de cientos de cracovianos que protestan en la plaza medieval. Aluden en sus gritos a la defunción de la democracia. Suena marchas fúnebres por los altavoces de la torre del Ayuntamiento. En todo el planeta podrían hacerse manifestaciones parecidas, tal como está el panorama democrático. 

Se han dado prisa en Cracovia para adaptarse a las costumbres occidentales. El consumismo impera. Las marcas de franquicias textiles y de comida rápida abundan por doquier. Pero Cracovia conserva un ambiente que la distingue de cualquier otra ciudad, que la hace única. Nadie debería perderse sus encantos. Una visita al barrio judío y al ghetto, donde los nazis recruyeron a los judios antes de su deportación a los campos de extermionio, es obligada para conocer el lado horroroso de esta Cracovia. La descripición de estos lugares es tema para la sección de memoria  histórica.