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BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (III)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (III)

 

Es inevitable referirse a estas tres ciudades sin mencionar el arte que presentan a sus hechizados visitantes. El siglo XVI, el Renacimiento, fue la época de máximo esplendor en la historia de estas localidades de los campos de olivos infinitos.

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En  Úbeda, la presencia de personajes ilustres como San Juan de la Cruz, Siloé, Vandelvira, Berruguete, dejarán sus huellas por toda la ciudad. Los edificios más notables datan del siglo referido. Esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, verdadero paraíso interior jiennense, guarda uno de los mayores legados históricos y artísticos del Humanismo renacentista y constituye un paisaje natural único. Lo primero que el visitante jubilado se encuentra es el imponente Hospital de Santiago. En la plaza de Vázquez de Molina, centro histórico ubetense, se concentran nueve de sus monumentos nacionales: la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, monumento funerario de Francisco de los Cobos, impulsor del arte de la ciudad. En la parte posterior, adosado a la capilla, el Palacio de las Cadenas y la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares. Adentrándonos por la ciudad, entre serpenteantes calles de trazado medieval y recuerdos mozárabes, pasearemos junto a palacios de fachadas elegantes, casonas con blasones. En las afueras, el paseo amurallado rodea la parte sudeste, desde donde puede divisarse la bruma del Guadalquivir que sume a la ciudad en una estampa profunda, intimista y nostálgica.

En Baeza, lo mismo que en su vecina Úbeda, un extraordinario patrimonio renacentista puebla sus calles y plazas. La ciudad acogió una de las primeras universidades castellanas, después de la conquista por Fernando III en el siglo XIII. La parte primitiva de su catedral, consagrada por el rey conquistador, fue erigida sobre la mezquita que ocupaba lo que hoy es el claustro y parte del trascoro. No hay que perderse la custodia procesional del Corpus Christi, la capilla dorada y la reja del coro. El palacio de Jabalquinto es una de las contadas muestras del gótico flamígero en Andalucía. Su patio interior y la escalera barroca son dignos de mención. En la plaza del Pópulo, entrada a la ciudad medieval, está la fuente de los Leones, el edificio de las Antiguas Carnicerías y el de las Escribanías Públicas, hoy oficina de turismo. La puerta de Jaén y el arco de Villalar, cercanos a la plaza, fueron erigidos sobre los lienzos de la muralla árabe.

Jaén significa en árabe encrucijada de caminos. La capital era conocida por mercaderes como parada y fonda entre las tierras de la Meseta y las de las ciudades de Andalucía interior. Un inmenso bosque de olivos rodea la ciudad. No hay que perderse: la catedral, el castillo de Santa Catalina, el Palacio de Villardompardo con los baños árabes o el museo de los Íberos.

El castillo era la fortaleza más inexpugnable de toda la península hace mil años. Erigido en tiempos del califatos, fue entregado por el rey Alhamar al monarca conquistador Fernando III.  La catedral se alza sobre los pilares de la vieja mezquita aljama. Es el más sublime ejemplo de la arquitectura renacentista en Andalucía. Su coro es una obra de corte barroco, con sillería tallada en maderas nobles.

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Si hay algún lugar que define a Jaén ese pudieran ser los baños árabes. Emplazados en el palacio de Villardompardo, cuya edificación en 1592 sepultó los amplios baños del moro Alí, que durante un tiempo sirvieron de bodega del palacio. Los baños pasan por ser los baños milenarios mejor conservados de Europa. Construidos en el siglo XI, tras la desaparición del Califato de Córdoba y la irrupción de los reinos de taifas, fueron restaurados un siglo después bajo el gobierno almohade. Su uso continuó después de la conquista de Jaén por Fernando III en 1246 y se mantuvo hasta el siglo XV cuando la población cristiana ubicó en ellos unas curtidurías. A finales del XVI, el conde de Villardompardo, virrey de Perú, edificó su palacio y los baños quedaron ocultos hasta principios del siglo pasado. Fueron declarados Monumento Nacional en 1931.

Son unos cuantos lugares que el viajero jubilado puede visitar y disfrutar. Pero hay más aspectos a considerar sobre estas tierras aceituneras.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

BAEZA, ÚBEDA, JAÉN (II)

 

Baeza, ciudad de poetas, de edificios grandiosos, Patrimonio de la Humanidad. El paseo de las murallas, dedicado al poeta Antonio Machado, permite divisar los ríos Guadalquivir y Guadalimar y los campos de olivos infinitos. En los días claros, Jaén, la capital de la provincia, puede contemplarse en la lejanía, más allá de la Sierra Mágina. El poeta paseaba a diario por las murallas, quizás para inspirarse y recuperarse de la pena por la pérdida de su Leonor del alma. Hay una estatua del poeta sentado en un banco de la calle céntrica de San Pablo. Otro busto de Machado, obra de Pablo Serrano, está expuesto en los jardines del Palacio de Jabalquinto, sede de la Universidad Internacional de Andalucía, donde cientos de estudiantes de todas las procedencias acuden a realizar cursos y másters.

Hay un asunto oscuro entre la luminosidad y elegancia de esta ciudad: la orujera, como por aquí llaman a la fábrica que quema los desechos de la aceituna después de los trabajos de extracción del aceite. La orujera de Baeza lleva más de 20 años, durante las 24 horas de los 365 días del año, lanzando una continua humareda contaminante a los vientos limpios de los campos aceituneros. Los vecinos están hartos de que nadie ponga remedio. El humo puede verse por todo el valle que lleva al viajero jubilado desde Baeza a Úbeda y Jaén. Una situación que no merecen las gentes de una ciudad Patrimonio de toda la Humanidad.

En Baeza, como en Úbeda y Jaén, en los menús turísticos el viajero encontrará las migas. De ser un plato sencillo, tradicional, de los pastores, se ha transformado en un manjar para todos. Es el plato de las tierras de ganados de ovejas, de la trashumancia, que cocinaban los pastores, aprovenchando lo que tenían más a mano: pan, tocino, uvas pasas. Pueden encontrarse en Soria, donde se llaman migas pastoriles, en zonas de Aragón, en Extremadura, en Jaén. En tierras que no pueden desaprovechar ni una miga de pan.

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En Baeza celebran estos días la XII Semana Machadiana. Recuerdan la vida y obra del poeta que pasó parte de su vida en la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Se organiza un amplio programa en torno a la figura del poeta sevillano. La escritora María José Ramos presenta en la ciudad su libro Ya estamos solos mi corazón y el mar. La obra recoge once cuentos que relatan los tres últimos años de la vida de Machado. De la mano de los personajes que lo conocieron desde que en Noviembre de 1936 marcha de Madrid bombardeado hasta que llega a Colliure en Febrero de 1939, los lectores podemos sentir el viaje emocional y vital del poeta. En otro acto, el cantaor granadino Juan Pinilla pone en escena Yo voy soñando caminos de la tarde, un espectáculo con voz, guitarras, violín, percusión y coros. Como curiosidad, hay que añadir que en los pasos de peatones de la ciudad aparecerán los versos del poeta.

Desde que el tren me trajo desde Madrid a la Estación Linares-Baeza, solo he disfrutado  momentos positivos. El mismo viaje fue una experiencia única: paisajes únicos, molinos de viento, iglesias destacando en los pueblos, desgraciadas estaciones abandonadas, viajeros chillones que suben y bajan en Alcázar de San Juan, Manzanares, Valdepeñas, Vilches. Y la majestuosidad del paso de Despeñaperros en Sierra Morena. El mar de olivos ya es una realidad ante los ojos del viajero jubilado.

 

Continuará...

 

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

BAEZA, ÚBEDA Y JAÉN (I)

A los piés de Baeza y Úbeda se divisan los campos de olivos más extensos de todo el planeta. La cosecha de la aceituna está en su auge durante estos días fríos de Febrero. Las almazaras están esperando para exprimir las aceitunas y transformarlas en el aceite más maravilloso que ningún otro lugar puede producir.

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Si la cercana Linares tiene un museo dedicado a su artista más famoso, Raphael, en Úbeda le dedican un bar a Sabina, el bar Calle Melancolía, cercano a la plaza renacentista más importante de la ciudad,  en Baeza al poeta Antonio Machado le dedican placas, estatuas y un paseo, y en la capital de la provincia, Jaén, el poeta Miguel Hernández, que por aquí pasó unos días durante la guerra civil, tiene un espacio dedicado a su vida y obra en el  palacio que alberga los baños árabe. Hay mucho arte en estas ciudades jienenses, de gentes sencillas y acogedoras, que se acuerdan de los que por aquí nacieron o pasaron. Gentes acostumbradas al trabajo en el campo y a las peonadas intermitentes.

Los amantes de la fiesta taurina tienen por estos pagos unas de las plazas de toros más antiguas del mapa taurino. Compiten en solera y elegancia con la de Ronda. Los toreros más afamados han lidiado los toros de las ganaderías que también pululan por estas tierras del norte andaluz.

La torre de la catedral de Baeza y la iglesia de Santa María de Úbeda fueron construidas, como muchas otras catedrales e iglesias en la península, sobre antiguas mezquitas. Los árabes construyeron en estas ciudades murallas defensivas, hoy apenas visibles. En su entorno se han habilitado paseos excelentes, que constituyen miradores privilegiados de los campos de olivos y del valle del Guadalquivir. El paseo de las murallas de Baeza está dedicado al poeta Antonio Machado, que llegó a esta ciudad en Octubre de 1912, intentado olvidar a su esposa Leonor, fallecida en Soria. Aquí, como en la ciudad soriana, impartió la docencia de francés en un instituto, que hoy le dedica un aula, en el barrio renacentista, cerca de la plaza de la catedral, rodeado de edificios que le han premiado, junto a la vecina Úbeda, con el título de ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Un paseo por las callejuelas del barrio de la catedral de Baeza, con neblina flotando en el aire, sin tráfico, te transporta a la época renacentista, a pleno siglo XVI. Úbeda es una ciudad con el doble de población. Sus monumentos, palacios, casonas, iglesias, conviven entre el marasmo de calles comerciales. Esto les quita encanto. Solo hay una excepción: la plaza del ayuntamiento y la cercana iglesia de Santa María, pero una comisaría de policía, en este espacio cultural, en un remanso de paz, no tiene sentido.

De Baeza y Úbeda esperas lo que encuentras, pues su sello de ciudades Patrimonio de la Humanidad así lo exige. Jaén sorprende. No te imaginas lo que te espera al iniciar la visita. Lo que la hace diferente son las callejuelas que suben hacia el castillo de Santa Catalina. Hay que caminar por las callejuelas de la judería y la morería, barrios que convivieron en paz con sus vecinos cristianos, antes o después de visitar en el palacio de Villardompardo los baños árabes y la exposición sobre Miguel Hernández, autor del himno de la provincia que habla de aceituneros altivos. Jaén es la capital de la provincia del mar de olivos. No tiene un mar azul, tiene un mar verde aceituna todo el año. En la provincia de Jaén hay plantados más de 60 millones de olivos. Desde Despeñaperros, Sierra Morena, a Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, pasando por el valle del Guadalquivir, todos los paisajes están inmersos en el verdor oscuro de los olivares.

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Baeza, Úbeda, Jaén: me quedo con las tres. Transmiten la tranquilidad de otra época y respetan tradiciones, arte y el trabajo de sus antepasados, los andaluces altivos, aceituneros jienenses.

 

Continuará...

 

EL CAMINO DE SANTIAGO (III) Por Tierras de La Rioja

EL CAMINO DE SANTIAGO (III):

POR TIERRAS DE LA RIOJA

 

Los peregrinos llegan a La Rioja desde Navarra atravesando el puente sobre el Ebro, dejando el monte Cantabria a su izquierda. Desde su cima, que conserva un yacimiento romano y un restos de un núcleo visigodo, puede contemplarse el embalse de Salobre y la capital riojana, Logroño. Una sensación de serenidad invadirá al caminante al divisar estos parajes. En La Rioja se juntan los peregrinos que hacen la ruta del camino francés con los que hacen el itinerario del valle del Ebro, desde el Levante hasta Calahorra. Desde aquí hacen juntos el camino de Santiago.

Clavijo es la siguiente parada. Aquí tuvo lugar una batalla inolvidable para los cristianos a mediados del siglo IX. Otro punto riojano del Camino es la villa de Navarrete, lugar de leyendas como la del gigante Ferragut. Nájera, rica en iglesias y leyendas, acogerá al peregrino con la amabilidad de todos los riojanos.

Los monasterios de San Millán de la Cogolla, Suso, Yuso, Santa María del Salvador de Cañas y Valvanera, no quedan lejos de la ruta jacobea. Es una buena decisión acercarse a alguno de ellos y adquirir los licores que los monjes preparan a base de plantas aromáticas recogidas en las montañas vecinas.

Santo Domingo de la Calzada, la Compostela riojana, fundada por el santo después de talar un bosque denso y construir el camino que enlaza con otras poblaciones. La leyenda de la gallina que cantó después de asada perseguirá al caminante en su viaje. Pero lo que aquí nos interesa no son las leyendas sino el entorno natural que podamos encontrar. Los kilómetros que el Camino de Santiago que transcurren por tierras riojanas son los más singulares en el aspecto ecológico: cumbres nevadas, valles frondosos, llanuras sembradas de viñedos, tranquilidad de pueblos milenarios acogedores, torres de las iglesias inundadas de nidos de cigüeñas, paz y sosiego en el silencio de monasterios emblemáticos.

Si el caminante cruza estos parajes en la época de la vendimia, puede contemplar las tareas enológicas que no han evolucionado, que mantienen sus orígenes ancestrales...Y probar el excelente resultados de los vinos laureados en todo el planeta.

 

Continuará…(por tierras castellanas)

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La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

La costa atlántica de Cádiz: desde Chiclana a Zahara de los Atunes

 

Cuando azota el viento de levante en las playas cercanas a los acantilados de Barbate, en las arenas infinitas de Zahara de los Atunes, en las cercanas dunas de Bolonia, las gaviotas desaparecen del firmamento de la parte atlántica de la costa gaditana y se refugian en los recovecos de las paredes rocosas que se asoman al océano. Las rachas de viento limpian las playas de bañistas y solo algún atrevido surfea sobre las encrespadas olas que baten con fuerza las arenas doradas.

Los viajeros jubilados pueden disfrutar de unos paseos relajantes sobre las arenas que se pierden en el horizonte, donde parece divisarse la blancura de las casas de Vejer de la Frontera sobre una colina vigilante. El mes de Octubre es excelente para disfrutar de la costa gaditana que se extiende desde Cádiz hasta Barbate y llega a Atlanterra, lugar de nuevas urbanizaciones respetuosas con el entorno. En los días claros se puede ver el perfil montañoso de Marruecos al otro lado del estrecho. Si se quiere alargar la estancia, un buen destino es la cercana Tánger, a la que se puede acceder en menos de una hora desde el puerto de Tarifa.

Viajar en autobús desde Cádiz a Zahara de los Atunes permite oír las conversaciones de los extrovertidos gaditanos. Un señor de unos setenta años, moreno, afilado en toda la estructura de su cuerpo, parlanchín, comentaba con otro viajero que le metieron en la cárcel por robar una lechuga en sus años mozos. Relataba que ahora es distinto, que hay corruptos y ladrones que viven a sus anchas, libres, disfrutando de lo robado. Su conversación tocó el tema candente de Cataluña: no me explico cómo una región en la que viven tan bien haya montado tal pitoste. Ya les daba a estos lo que ocurrió con los míos, Una maleta y a ganarse la vida lejos de los tuyos. Emigrar, trabajar, sudar, luchar día a día por sobrevivir. Que por aquí las criaturas que se echan a la droga es porque no tienen más remedio, porque se levantan y no tienen otro clavo al que agarrarse. ¿Cuántos jóvenes catalanes, navarros, vascos, riojanos están metidos en la droga? Los que se quieren independizar son unos egoístas. Interesantes y aleccionadoras estas palabras de este gaditano parlanchín.

En la playa de Atlanterra sobresale, construido sobre las rocas de la orilla, un búnker de la guerra civil que vigila el estrecho y los lujosos chalets levantados en la colina. Contraste de colores blancos de las vivienda, del azul de las aguas y del verde de los pinares de la sierra de la Plata.

Las arenas doradas de la playa de la Barrosa, próxima a Chiclana de la Frontera, besan las embravecidas aguas del océano Atlántico. Esta playa es una de las más bellas y limpias del litoral gaditano. Rodeada por urbanizaciones de casas bajas que han cuidado el entorno adaptándose al paisaje ecológico de gran valor. Se extiende a lo largo de siete mil metros. Destacan en ella las dunas de arena blanca y los acantilados cercanos. No muy alejado está el cabo de Trafalgar. Frente al cabo las tropas españolas y francesas hallaron la derrota frente a la escuadra inglesa liderada por el almirante Nelson, en 1805. La luz continua del faro guía los barcos que surcan las aguas durante la noche. Al atardecer los turistas contemplan la puesta del sol, asombrados ante tanta belleza natural. Los surfistas tienen un paraíso en las playas de los Caños de Meca.

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Los acantilados de Barbate se erigen como enormes fantasmas de piedra caliza entre el  mar y los densos bosques de pinares. Las montañas azotadas por las olas descienden hasta Barbate, localidad marinera que ha hecho de la pesca del atún y del arte de la almadraba su razón de ser. Del puerto pesquero parte un espigado paseo marítimo que deja  a un lado los viejos barrios donde se asientan iglesias barrocas y plazas con palmeras. Las marismas son escenario del surcar de las barcas pesqueras. En la cercana Zahara de los Atunes, un baluarte defensivo sobresale entre las casas marineras. Se construyó para proteger el pueblo de los ataques piratas.

Visitar esta zona de la costa atlántica de Cádiz devuelve la serenidad al más ansioso de los viajeros.